boletin-dh Caso Turi: se suspende por quinta vez la Reconstrucción de los Hechos

Asunto: [boletin-dh] Caso Turi: se suspende por quinta vez la Reconstrucción de los Hechos

Comunicación INREDH 16/05/2017
Caso Turi: se suspende por quinta vez la Reconstrucción de los Hechos

Hoy, 16 de mayo de 2017, la Fiscalía de Azuay, suspendió por quinta ocasión la reconstrucción de los hechos por el caso de tortura ocurrido durante un operativo policial el pasado 31 de mayo de 2016 en el Pabellón de Mediana Seguridad Sierra Centro Sur -Turi-.

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Estrena documental #LagrimasDeAceite

Amics i amigues,

el col.lectiu Alerta Amazònica té el gust de convidar-vos a l´estrena del seu nou documental Lágrimas de Aceite.

Divendres 21 d´abril, 19.30
Espai Jove La Fontana
C/ Gran de Gràcia 190
<M> L3- Fontana

Presentació amb en Sergi Rugrand (Col.lectiu Krasnyi) que va participar al Levantamiento Amazónico, Saramuro 2016

Exposició i pica- pica

Lágrimas de Aceite

Direcció: Marc Gavaldà
Producció: Alerta Amazònica
Música: Manu Estrada

Sinopsi

“Lágrimas de Aceite” explora les conseqüències de la caducitat de la infraestructura de la indústria petroliera al cor de l’Amazònia. Un recorregut que dóna veu a les comunitats indígenes afectades directes pels més de 10 vessaments de cru provocats per l’oleoducte Norperuano l’any 2016.
Un descens per les aigües contaminades del riu Marañón fins a desembocar al gran Amazones. Les veus dels pobles Awajún, Huampis i Kukamas trencant el silenci de la impunitat corporativa. Una reflexió de la motxila ecològica d´aquest model energètic fòssil caduc.

Veure Trailer:

https://vimeo.com/211316088

Més info:

https://www.servindi.org/actualidad-noticias/04/04/2017/lanzan-trailer-del-documental-lagrimas-de-aceite

http://lafontana.org/events/estrena-de-lagrimas-de-aceite/

Altres estrenes:

21-Abril Tarapoto-Perú

3 Maig Girona

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RV: e-book: ECUADOR 2107 DERECHOS HUMANOS BAJO ATAQUE”

El libro "DEMOCRACIA, DERECHOS HUMANOS E INSTITUCIONES EN ECUADOR, presentado tambin como
ECUADOR 2107 DERECHOS HUMANOS BAJO ATAQUE"ha sido publicado por la Plataforma por la Defensa de la
Democracia y los Derechos Humanos en el Ecuador. Es un texto de enorme valor por su amplitud, por su profundidad,
por su contenido y por la oportunidad en que se publica.

Contiene un inapelable anlisis de la situacin de los DDHH en el Ecuador, sobre:

Limitacion de los Derechos Humanos y control sobre la ciudadania
La independencia de la justicia en Ecuador: un interminable laberinto
Libertad de expresion, la decada perdida
El derecho a la asociacion, una garantia para la democracia?
La participacion ciudadana
Derechos de las mujeres

Asimismo, los Informes Sombra" para Examen Periodico Universal EPU al Ecuador para Naciones Unidas, 2017, producidos por
las siguientes organizaciones de la sociedad civil ecuatoriana:

Plataforma por la defensa de la Democracia y los Derechos Humanos en el Ecuador- PDDHE-.
Observatorio Ciudadano Electoral.
Corporacion Participacion Ciudadana.
Confederacion de Pueblos de a Nacionalidad Kichwa del Ecuador ECUARUNARI.
YASunidos.
Accion Ecologica.
Saramanta Warmikuna.
Coalicion Nacional de Mujeres del Ecuador CNME.
Frente Ecuatoriano de Defensa de los Derechos Sexuales y Reproductivos FEDSSR.
Taller Comunicacion Mujer.
Fundacion Mil Hojas.
Usuarios Digitales.
Internacional de Servicios Publicos ISP, Ecuador.
Union Nacional de Educadores UNE.
World Alliance for Citizen Participation CIVICUS.
Asociacion Ecuatoriana de Editores de Periodicos AEDEP.
Fundacion Andina para la Observacion y estudio de Medios FUNDAMEDIOS.
Fundacion Ciudadania y Desarrollo.
Plataforma Interamericana de Derechos Humanos, Democracia y Desarrollo PIDHDD.
Confederacion Unitaria de Comerciantes Minoristas y Trabajadores Autonomosdel Ecuador CUCOMITAE.
Fundacion DAYUMA.

Aqu, una nota explicativa del libro, en Word:

PERO SI QUIERES LEERLO EN LNEA, O DESCARGARLO, POR FAVOR HAZ CLIC EN ESTE LINK:

https://issuu.com/leyinconveniente/docs/democracia_derechos_humanos_e_insti

ATAQUE.pdf

La organizacion de este libro.docx

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KARA SOLAR, un sueño que se hace realidad, empezó su recorrido de 1.800 kilómetros hacia las comunidades Ashua r en el Pastaza

Se agradece la difusión y todo el apoyo posible

KARA SOLAR
Un sueño que se hace realidad

https://www.facebook.com/pg/KARASOLARECUADOR/photos/?tab=album&album_id=1465899716763051





17310959_1449647961721560_9031060082411087611_o.jpg?oh=f298c60f51d4c14847df0b6c535038e4&oe=59957A6D

¡El viaje ha iniciado! El 28 de marzo, una tripulación de 9 personas partió de San Pablo de Kantesiya, comunidad Secoya en la provincia de Sucumbíos, a bordo de Tapiatpia, el primer barco solar de la Amazonía. Así empieza la historia de un viaje que recorrerá 1800 km de ríos amazónicos desde San Pablo de Kantesiya, a Kapawi, territorio Achuar en Ecuador, a través de la Amazonía Peruana.

KARA SOLAR es un proyecto de la Asociación Latinoamericana para el Desarrollo Alternativo (ALDEA) en alianza con la Nacionalidad Achuar del Ecuador (NAE).

En respuesta a necesidades identificadas localmente, estamos construyendo un sistema de transporte solar comunitario para la Amazonía.

Armonizamos conocimientos ancestrales indígenas con tecnología moderna en busca de una solución real para nuestra casa común, el planeta tierra.

KARA SOLAR es un sistema de transporte comunitario que, inicialmente, beneficia a nueve comunidades Achuar situadas a lo largo de 67Km de los ríos Pasataza y Capahuari.

El barco prototipo tiene capacidad para 18 pasajeros y está a cargo de un equipo de tres personas de comunidades locales. Equipo que trabaja con el apoyo de coordinadoras locales en cada una de las comunidades para supervisar las idas y venidas del barco, registrar los datos y cobrar los pasajes.

Este sistema no sólo satisface las necesidades existentes y reemplaza combustibles contaminantes caros, sino que también crea nuevas posibilidades y oportunidades al mejorar la conexión con las escuelas, los centros de salud, los shamanes, simplifica la movilidad de los productos agrícolas locales y fortalece el tejido social al facilitar las visitas sociales a familiares o comunidades aledañas.

Es el primer paso hacia un nuevo modelo de infraestructura para la Amazonía, diseñado con las comunidades locales.

Para llegar a las comunidades de los ríos Pastaza y Capahuari, zarpó desde San Pablo de Kantesiya, en un recorrido de 1.800 kilómetros, por los ríos Auguarico, Napo, Amazonas y Pastaza.

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Rnv: TERREMOTO ECUADOR: Pérdidas, respuestas y dudas d e una tragedia, por John Cajas Guijarro y Alberto Acosta

Enviado desde mi smartphone Samsung Galaxy.

Articulo sobre terremoto (final).pdf

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El debate sobre el “ extractivismo” en ti empos de resaca, por Horacio Machado Ará oz

La naturaleza americana y el orden colonial del capital

El debate sobre el “extractivismo”

en tiempos de resaca

Horacio Machado Aráoz

Rebelion. El debate sobre el extractivismo en tiempos de resaca

A la Memoria de Berta Cáceres

“Desde su origen, el capital ha utilizado todos los recursos productivos del globo… tiene necesidad de disponer del mundo entero y de no encontrar límite ninguno en la elección de sus medios de producción”. (Rosa Luxemburgo, 1912).

Hace poco más de un lustro ya, inmersos todavía en el clima refrescante de las expectativas emancipatorias abiertas por el “giro a la izquierda” en América Latina, asistíamos a la irrupción de las discusiones en torno a la matriz socio-productiva y las estrategias económico-políticas seguidas en la región como curso para salir y, eventualmente, superar el trágico estadío del neoliberalismo. Por entonces, los debates sobre el “extractivismo” corrieron como reguero de pólvora en las siempre agitadas tierras ideológico-políticas de la región (Gudynas, 2009; Acosta, 2011; Svampa, 2013; Lander, 2013). Para ser precisos, los revuelos causados por la materia, repercutieron con mayor fuerza en el hemisferio ideológico de actores y referentes (políticos, intelectuales y movimientos) de la izquierda. Pues como bien precisó en su momento Eduardo Gudynas (2009), no estábamos ante una problemática que pueda decirse “nueva”; más bien todo lo contrario. Lo ‘novedoso’ o lo extraño del caso residía en que eran ahora gobiernos y fuerzas políticas auto-identificadas como de izquierda los que asumían la defensa y el impulso de políticas centradas en la profundización de la vieja matriz primario-exportadora, aquella misma con la que nuestras sociedades fueran violentamente incorporadas al mundo del capital y su estructura de división internacional del trabajo. Esa matriz primario-exportadora, que fraguara como indeleble marca colonial de las economías latinoamericanas, y cuyas implicaciones externas (en términos de dependencia y “desarrollo del subdesarrollo”) e internas (configuración de élites oligárquicas autoritarias y rentísticas, estratificación social dualista y altamente desigual, etc.) fueran objeto de crítica y de análisis de lo mejor de la teoría social latinoamericana, era ahora reivindicada como una vía popular-emancipatoria por políticas (dichas) de izquierda. Como ya es harto sabido, las críticas y las resistencias a estas políticas, fueron sistemáticamente rechazadas y reprimidas, generando una escalada de violencia que, en este punto, llegó a equiparar las respuestas que se daban desde “derechas” e “izquierdas” en el poder. El argumento central de la izquierda oficialista era que estas posturas “le hacían el juego a la derecha” (Borón, 2013). Se reivindicaba el uso estatal de la renta extractivista como motor de las políticas de “desarrollo con inclusión social” y se veía en las críticas sólo intentos solapados o abiertos de desestabilización. Lamentablemente, para los gobiernos progresistas de la región –para los intelectuales y fuerzas políticas adherentes- el concepto de “extractivismo” acabó oficialmente devenido en “arma ideológica” del ambientalismo de derecha. El vicepresidente de Bolivia oficializó esta postura, señalando que “detrás del criticismo extractivista de reciente factura contra los gobiernos revolucionarios y progresistas, se halla pues la sombra de la restauración conservadora” (García Linera, 2012: 110). Los presidentes que más públicamente se mostraron en los ámbitos internacionales como “defensores de la Madre Tierra” y/o de los Derechos de la Naturaleza, fueron paradójicamente quienes más lejos llegaron en sus acusaban a los movimientos sociales que se intentaban frenar el “extractivismo”. Tempranamente, Rafael Correa planteó que “no crean a los ambientalistas románticos, pues todo el que se opone al desarrollo del país es un terrorista” (Cit. por Isch, 2014). En el mismo sentido, Evo Morales sentenció que “el ambientalismo es el nuevo colonialismo del siglo XXI” (Cit. por Stefanoni, 2012). El abanico de las descalificaciones iba desde los motes de infantilismo, romanticismo, pachamamismo, hasta las acusaciones de “eco-terroristas” y/o “agentes encubiertos del imperialismo”.
Luego, reunidos en la XII Cumbre del Alba en Guayaquil, los gobiernos progresistas emitían una declaración en la que señalaban: “rechazamos la posición extremista de determinados grupos que, bajo la consigna del anti-extractivismo, se oponen sistemáticamente a la explotación de nuestros recursos naturales, exigiendo que esto se pueda hacer solamente sobre la base del consentimiento previo de las personas y comunidades que vivan cerca de esa fuente de riqueza. En la práctica, esto supondría la imposibilidad de aprovechar esta alternativa y, en última instancia, comprometería los éxitos alcanzados en materia social y económica” (XII Cumbre del ALBA, Declaración de Guayaquil, 30 de julio de 2013).
Así, alegando los intereses de las clases oprimidas y la bandera de la lucha contra el imperialismo, los gobiernos progresistas terminaron justificando la senda del “extractivismo” como una condición necesaria para sostener los empleos, los salarios, las políticas sociales. Lamentablemente, ese razonamiento pasó por alto que sostener el empleo, los salarios, el consumo, etc., es sostener el crecimiento, las inversiones, las tasas de ganancia… En fin, el sistema mismo. El énfasis “anti-neoliberal” llevó a ocluir el fondo del problema. La prioridad de las políticas de “reactivación” condujo a soslayar los desafíos del cambio revolucionario. Como señaló Ruy Mauro Marini para ciclos anteriores, “se confundió crecimiento con transformación estructural” (Marini, 2013). Por desgracia para el curso presente y futuro de los procesos sociopolíticos, los tan ponderados “éxitos alcanzados en materia social y económica” no fueron comprometidos por la eficacia de las resistencias “anti-extractivistas”, sino, elementalmente, por el agotamiento del ciclo de alza de las commodities.
Esto cambia drásticamente las condiciones del diálogo, pero no el fondo de la cuestión. Es que, cuando iniciamos estos debates, vivíamos inmersos aún en un clima signado por la borrachera del crecimiento. La oficialidad del poder hacía gala de mayorías aplastantes forjadas al ritmo de las cotizaciones de petróleos, soja, pasta de celulosa, aceites y proteínas básicas prensadas, hierro, cobre, molibdeno, y por supuesto, oro y plata… Hoy, el escenario ha cambiado rotundamente. Ahora en cambio, el cuerpo social latinoamericano está atravesando el tiempo de la resaca… Como tantas otras veces en la historia económica de la región, el momento cíclico de auge, duró poco; tras el mismo, los efectos y los síntomas de las expropiaciones y devastaciones, afloran a la superficie. El dolor de la expropiación se siente a flor de piel (Machado Aráoz, 2012); los efectos anestésicos del consumismo -del consumo ostentoso de las élites; del consumo imitativo de las clases medias y el consumo compensatorio de las bases de la pirámide (Machado Aráoz, 2013; Scribano y DE Senna, 2014) han perdido eficacia. Son tiempos de aturdimientos y confusiones; también de crisis y levantamientos oblicuos, de efervescencia de la conflictividad social y política; en suma, de agudización y explicitación de las violencias y los violentamientos expropiatorios (Antonelli, 2016). Quizás, lo único promisorio de este sombrío escenario presente, es que, tal vez, estemos ahora, en mejores condiciones para volver a plantear y a re-pensar, precisamente, el fondo de la cuestión.
El extractivismo como geo-metabolismo del capital
El capitalismo vive a expensas de economías coloniales; vive, más exactamente de su ruina. Y si para acumular tiene absoluta necesidad de ellas, es porque éstas le ofrecen la tierra nutritiva a expensas de la cual se cumple la acumulación”. (Rosa Luxemburgo, 1912).
El fondo de la cuestión, a nuestro modo de ver, sobre la problemática del –probablemente mal llamado- fenómeno del “extractivismo” es el de la naturaleza colonial del capitalismo y, más genéricamente, el de los resabios (por cierto contradictoriamente antimaterialistas) antropocéntricos, productivistas y evolucionistas que aún hoy afectan la radicalidad revolucionaria del pensamiento marxista1.
Sobre la primera cuestión fundamental, cabe señalar que la razón progresista ha incurrido (interesadamente o no) en una gravosa omisión teórico-política sobre las raíces, los alcances y las funciones del extractivismo en la ecología-mundo del capital. Pretendiendo limitarlo temporalmente a ciertos períodos y/o restringirlo espacialmente a las geografías donde se localizan las “actividades extractivas”, los voceros de los gobiernos progresistas han procurado desconectar / desconocer los insoslayables vínculos histórica y geográficamente existentes entre extractivismo, colonialismo y capitalismo. Por caso, García Linera ha planteado que el extractivismo es sólo una fase o etapa de los procesos productivos que se halla en cualquier formación social, independientemente de sus características y condiciones histórico-políticas específicas. Para él, “el extractivismo, el no-extractivismo o el industrialismo (…) son sistemas técnicos de procesamiento de la naturaleza mediante el trabajo y pueden estar presentes en sociedades precapitalistas, capitalistas o sociedades comunitaristas. (…) Los críticos del extractivismo confunden sistema técnico con modo de producción y a partir de esa confusión asocian extractivismo con capitalismo, olvidando que existen sociedades no-extractivistas, las industriales ¡plenamente capitalistas!” (García Linera, 2012: 107).
Sin embargo, esto se contradice con (y reniega de) los análisis elementales de Marx sobre los orígenes y la naturaleza del capitalismo. El capitalismo es un modo histórico de producción que, desde sus orígenes, surge y se constituye como tal en cuanto sistema-mundo, no apenas como “economía nacional”. Aún cuando Marx se concentró en el análisis del capitalismo británico, como la expresión más acabada de éste en el siglo XIX, nunca postuló que la economía británica podía ser comprendida en sí misma, al margen de las relaciones coloniales establecidas con el resto del mundo. Y más aún, el apogeo británico del siglo XIX, no es un hecho azaroso, sino el resultado del proceso histórico de despliegue de las relaciones coloniales que Europa protagoniza a partir de fines del siglo XV.
Para una mirada pretendidamente marxista no es posible pasar por alto que en “los albores de la era de la producción capitalista” hallamos como, hechos determinantes, “el descubrimiento de los yacimientos de oro y plata de América, la cruzada de exterminio, esclavización y sepultamiento en las minas de la población aborigen, el comienzo de la conquista y saqueo de las Indias Orientales, la conversión del continente africano en cazadero de esclavos negros…” (Marx, 1976: 638). Además, como han destacado los análisis de Rosa Luxemburgo (1912) y de David Harvey (2004), los hechos desencadenantes de la acumulación originaria no revisten apenas el valor de acontecimientos del pasado que signan los orígenes del capitalismo, sino que se trata de un modus operandi que revela la lógica intrínseca, constitutiva y constituyente del capitalismo. Lejos de ser una etapa en el desarrollo del capitalismo que se restringe a sus orígenes, esas formas de expoliación y de saqueo constituyen un aspecto inherente y continuo del capitalismo a lo largo de sus diversas fases históricas.
El análisis de Rosa Luxemburgo es sumamente esclarecedor de esta desigualdad geográfica permanente en el tiempo, propia del capitalismo como sistema mundial. Para ella, el proceso de producción de plusvalía que acontece en las metrópolis imperiales (“la acumulación como proceso puramente económico”) es inseparablemente subsidiario de “la política colonial” que “se desarrolla en la escena mundial”, donde la acumulación acontece ya, “sin disimulo” por medio de “la violencia, el engaño, la opresión y la rapiña” (Luxemburgo, 1912). En la economía-mundo del capital, las geografías industrializadas están “orgánicamente vinculadas” a las geografías coloniales (donde impera lisa y llanamente la acumulación por despojo); por tanto, “la evolución histórica del capitalismo sólo puede ser comprendida si las estudiamos conjuntamente” (Luxemburgo, 1912).
Así, es preciso descartar de plano una burda falacia argumental sobre el “extractivismo” : no se puede concebir extractivista a la economía brasileña por su alta tasa de exportación de bauxita y no-extractivista a la economía alemana, que es la de mayor índice de consumo de aluminio per cápita tiene a nivel mundial, cuando precisamente, el aluminio que consume la economía alemana está provisto por yacimientos ubicados en territorio brasileño. El “vínculo orgánico” que plantea Rosa entre las economías industrializadas y las zonas coloniales remite directamente al des-en-cubrimiento del extractivismo como dispositivo colonial del geo-metabolismo del capital.
De tal modo, efectivamente, el extractivismo no es un modo de producción, pero tampoco es una fase de los procesos productivos, ni es algo que defina apenas la economía de un país o región donde se realiza la extracción. Ni es un fenómeno reciente, ni es algo atemporal. El extractivismo es un fenómeno estructural, históricamente delimitado a la moderna era del Capital. Emerge como producto histórico geopolítico de la diferenciación y jerarquización originaria entre territorios coloniales y metrópolis imperiales; los unos concebidos como meros espacios de saqueo y expolio para el aprovisionamiento de los otros.
En este sentido, no es posible pasar por alto el fundacional y determinante papel performativo desempeñado por la conquista y colonización de América en el surgimiento, expansión, y consolidación del capitalismo como patrón de poder mundial y modelo civilizatorio hegemónico. El hallazgo de la naturaleza americana se erige así como el pilar fundacional de ese proceso y la condición de posibilidad misma del capitalismo como tal. Desde entonces hasta el presente, ininterrumpidamente, la “riqueza” de la naturaleza americana (y de las zonas coloniales, en general) se constituirá en la materia prima de la acumulación capitalista global; proveerá las bases materiales y simbólicas de la producción capitalista de la naturaleza y de la configuración de la naturaleza como objeto colonial del capital.
Esto es, la cosmovisión propiamente moderno-capitalista de la Naturaleza -basado en una concepción eminentemente antropocéntrica/utilitarista de la misma- y el patrón hegemónico de relacionamiento extractivista resultante, se con-formaron en el específico contexto socio-histórico del “descubrimiento” y la conquista de la naturaleza americana. Así, el modus operandi del conquistador fungió como habitus a partir del cual se construyeron las tecnologías materiales, institucionales y representacionales de apropiación, uso y manipulación de la Naturaleza, a la postre, instituidas como “únicas”, “universales”.
Ese habitus conquistador está en la quintaesencia del sujeto moderno, del prototipo del individuo racional; el que ya encarnado en sus roles de científico, de empresario, y/o de funcionario estatal (intercambiablemente) se arrogó el monopolio del tratamiento y disposición (ya “científica”, ya “eficiente”, ya “legal”) de la Naturaleza. Así, a partir de entonces y hasta la fecha, la Naturaleza-Vida, degradada ya a su condición de mero recurso, va a ser unilinealmente pensada, concebida y tratada como objeto de conquista, de explotación, al servicio de la acumulación.
La idea de colonialidad de la naturaleza remite a este dispositivo epistémico a través del cual el capital trazó una trayectoria de objetualización, cientifización y mercantilización de la Naturaleza, tanto de la naturaleza exterior (=territorios-recursos naturales), como de la naturaleza interior (=cuerpos-fuerza de trabajo). El historiador de la ciencia Peter Bowler destaca cómo la formación del “espíritu científico” moderno y la propia constitución de las ciencias naturales estuvieron motivacionalmente fundadas “no sólo por el deseo de explorar sino también de explotar una proporción siempre mayor de la superficie terrestre… Tal actitud exigía una visión más impersonal de la naturaleza; una imagen de los seres vivos como meros artefactos que estaban ahí para ser explotados” y no es una detalle menor el hecho de que esos descubrimientos fueran protagonizados “por hombres que no eran ilustrados, sino comerciantes que partían en busca de ganancias” (Bowler, 1998: 50-55). De tal modo, desde el siglo XVI en adelante, asistimos al ascenso de una concepción mecanicista de la naturaleza como verdad científica, que coadyuvó a “legitimar la despiadada actitud de una época donde el lucro era lo único que importaba” (Bowler, 1998: 50).
Ahora bien, vale remarcar entonces que ese sistema representacional no se creó en el aire; ni con anterioridad a la organización global de la economía política del saqueo. La colonialidad como la cara oculta de la Modernidad no es concebible al margen y/o independientemente de la dinámica material-energética, socio-geo-metabólica, de imposición de un patrón mundial estructural de explotación de los territorios y los cuerpos así con-vertidos en botines de guerra/objetos de conquista. Como precisa el geógrafo brasileño Carlos Walter Porto Goncalves, “sin el oro y la plata de América, sin la ocupación de sus tierras para las plantaciones de caña de azúcar, de café, de tabaco y de tantas otras especies, sin la explotación del trabajo indígena y esclavo, Europa no sería ni moderna, ni centro del mundo” (Porto Goncalves, 2003: 168).
Esto significa que no hay colonialidad sin colonialismo; y que no hay capitalismo sin extractivismo. El extractivismo, tal como lo hemos definido y caracterizado (Machado Aráoz, 2015), remite al patrón geográfico-colonial de apropiación y disposición de las energías vitales (las primarias energías naturales y las secundarias, socioterritoriales) por parte de una minoría social violenta que ha impuesto la economía de guerra, como cosmovisión y práctica de relacionamiento con el mundo; lo que, a largo plazo, produce condiciones (ecobiopolíticas) de superioridad en unos (pocos) seres humanos y grupos socioculturales, y efectos (ecobiopolíticos) de inferiorización en vastas mayorías de aquellos.
Por otro lado, al ser un sistema autoexpansivo, que toma como finalidad un objeto abstracto (la acumulación de valor) desentendiéndose de la materialidad concreta del mundo de la vida, el capitalismo crea una Naturaleza donde la producción de “riqueza” está dialéctica e inexorablemente ligada a la depredación de las fuentes y medios de vida. La capitalización de la Naturaleza -incluso en las formas del conservacionismo- es la muerte de la Naturaleza.
Ahora bien, esa muerte no se distribuye proporcional y simétricamente; anida de modo diferencial, en las economías coloniales, así marcadas como zonas de sacrificio. La economía imperial del capital, el modo de vida imperial (Brand y Wissen, 2013) de las élites que detentan el control oligopólico de los medios de violencia, sólo se hace “sostenible” a costa de la explotación extractivista de los cuerpos y los territorios; es decir, de la Vida en sus formas históricas elementales. Por eso el capital, es una necro-economía de frontera. “La apropiación de la tierra y el trabajo de frontera ha sido la condición indispensable para las grandes olas de acumulación de capital (…). Las apropiaciones de frontera envían vastas reservas de trabajo, alimento, energía y materias primas a las fauces de la acumulación global de capital” (Moore, 2013), sin las cuales ésta no sería materialmente posible.
¿Crecer para salir del neoliberalismo? Los espejismos del “crecimiento con inclusión social”
El capitalismo de crecimiento ha muerto. El socialismo de crecimiento, que se le parece como un hermano gemelo, nos refleja la imagen deformada de nuestro pasado, no la de nuestro futuro” (André Gorz, “Ecología y Libertad, 1977).
Ver y comprender hasta qué punto el capitalismo no puede funcionar sino a expensas de la explotación extractiva de economías coloniales, podría no ser políticamente tan importante si no fuera que estamos viviendo y hablando de y desde Nuestra América. Entender y sentir hasta qué punto la explotación de la Tierra es, en sí misma, la explotación de los cuerpos, es algo crucial para quienes estamos situados en una perspectiva epistémico-política del Sur (Souza Santos, 2009). Pues precisamente, ello nos hace tomar conciencia de que la “riqueza” que el capital acumula y que (en sus versiones progresistas) promete “redistribuir” es la riqueza del valor abstracto, esa cuya acumulación se amasa a costa de la fagocitosis de los expropiados; de” los condenados de la Tierra” (Fanon, 1961).
Como ya señalamos en otras oportunidades, los extravíos de la razón progresista nacen precisamente de aquella omisión. Al abrazar fervientemente la fe ciega en el progreso (esto es, el credo colonial-capitalista del evolucionismo, el cientificismo y la omnipotencia y la ‘neutralidad’ tecnológica), la razón progresista cree firmemente en el crecimiento infinito como horizonte universal y deseable de la historia y en la redistribución de ese crecimiento como “camino” de la redención social. Ese imaginario colonial ha “atacado” de nuevo los esfuerzos emancipatorios nuestroamericanos recientes. En las encrucijadas del capitalismo/colonialismo senil, los gobiernos progresistas de América Latina, surgidos e impulsados por resistencias populares contra el neoliberalismo, han recaído –una vez más- en la ceguera colonial de las fantasías desarrollistas. Han tentado romper las cadenas de la opresión histórica, profundizando sin embargo, las sendas estructurales que las forjaron. Omitiendo que el problema de fondo era y es el capitalismo/colonialismo, se optó por confrontar con el “neoliberalismo”. Confundiendo “crecimiento” con “revolución social”, apostó al crecimiento –sí, claro, con redistribución del ingreso- como “vía de salida” hacia el “post-neoliberalismo”. Pese a todas las advertencias en contrario, la obsesión por el crecimiento, por la expansión del consumo, el “ascenso de las clases medias” como vía de “superación de la pobreza”, terminó provocando una gravosa amnesia política sobre qué es lo que crece y sobre los efectos eco-biopolíticos de ese crecimiento.
Ineludiblemente, lo que crece con el crecimiento (del PBI, de las inversiones, de los empleos, y aún de los salarios y el consumo popular) es el capitalismo. El crecimiento no nos saca ni nos aleja de éste; sino que nos hunde cada vez más en sus fauces necro-económicas. Nuestro crecimiento, el de nuestras economías latinoamericanas, es el crecimiento específicamente del capitalismo periférico-colonial-dependiente. Por tanto, es la profundización de las condiciones histórico-estructurales de súper-explotación (Marini, 1973); de depredación de la Tierra y de los Cuerpos como materia prima para la realización de la acumulación global. Nuestro crecimiento no nos alejó del capitalismo, sino que fue funcional a su reactivación e intensificación. No sólo en términos macro-geopolíticos, ya que el boom de los commodities alimentó el crecimiento industrial chino, como locomotora del mundo; sino también en términos micro-bio-políticos, pues la expansión del consumo opera como una gran fábrica de producción capitalista de subjetividades, de sensibilidades y sociabilidades hechas cuerpos, donde las formas de percepción de la realidad, los modos de estructuración de las relaciones sociales y hasta los modos de pensar la propia vida, los sueños, los deseos y el sentido de la existencia, están completamente mediados y colonizados por la lógica fetichista de la mercancía.
La expansión de la fiebre consumista, lo sabemos, provoca estragos en las energías revolucionarias. Cuando la forma mercancía se convierte en portadora de la felicidad; cuando el acceso a éstas es tomado como indicador de “bienestar social”; cuando el universo de los ideales políticos, las máximas aspiraciones libertarias, igualitarias y de justicia, se reducen drásticamente a la aspiración minimalista de ‘participar’ en el consumo de mercado, es cuando ya hemos perdido completamente el rumbo y hasta el sentido de la vida.
Nuestras críticas a los gobiernos progresistas en modo alguno buscaron “hacerle el juego a la derecha”; todo lo contrario. Simplemente procuraron remarcar que hablar de “capitalismo salvaje” es una tautología y que predicar el “capitalismo humanizado” es un oxímoron. El capitalismo no admite adjetivaciones; es simplemente eso: un régimen de relaciones sociales que opera la fagocitosis de las energías vitales como medio para la acumulación pretendidamente infinita del valor abstracto. En ese proceso consume la vitalidad de la Tierra y la humanidad de lo humano.
Ahora, que se vienen de nuevo tiempos de “ajuste y recesión” bien vale la pena recordar lo que dijimos en tiempos de auge y expansión: el neoliberalismo no es apenas sinónimo de privatizaciones, ajustes, recortes de salarios y de las políticas sociales. El neoliberalismo es una fase del capital cuya característica central está dada por el predominio de procesos de acumulación por despojo (Harvey, 2004), vale decir, por la intensificación de las dinámicas de mercantilización mediadas por múltiples y crecientes recursos de violencia. El neoliberalismo es, ni más ni menos, que el capitalismo en su fase senil; la era de la acumulación en tiempos de agotamiento del mundo y de crisis terminal de las energías vitales, tanto las primarias (que brotan de la Tierra) como de las sociales (que surgen y se movilizan por el trabajo).
Precisamente porque la economía política de la devastación (Foster, 2007) ha llegado a sus límites, la fase del extractivismo neoliberal implica el inicio de una nueva era: la era de la explotación no convencional. Es que las formas convencionales de la explotación (tanto de la fuerza de trabajo-naturaleza interior, como de la Tierra-naturaleza exterior) han tocado fondo. Es el agotamiento de las formas neotayloristas de disposición de los cuerpos y extracción de las energías sociales; es el agotamiento de las formas convencionales de extracción de energías en sus formas primarias (petróleo, minerales, nutrientes, proteínas). Es, por consiguiente, el inicio de nuevos regímenes de trabajo/tecnologías de extracción de plusvalía y de nuevas tecnologías de extracción y súper-explotación de los “recursos no convencionales”: la era de la del fracking, del shale-oil y el presal; de la minería hidro-química a gran escala; de las mega-plantaciones también químicas y carburíferas; la era de la transgénesis y de la intervención mercantilizadora sobre las estructuras microscópicas de la vida (nanotecnología) así como de las geo-ingenierías y los mercados de carbono, oxígeno, fósforo, nitrógeno, etc. Bajo esta dinámica, el capital avanza creando nuevos regímenes de naturaleza (capital natural) y nuevos regímenes de subjetividad (capital humano), cuyos procesos de (re)producción se hallan cada vez más subsumidos bajo la ley del valor. Ese avance del capital supone una fenomenal fuerza de expropiación/apropiación de las condiciones materiales y simbólicas de la soberanía de los pueblos; de las condiciones de autodeterminación de la propia vida. Y todo ello se realiza a costa de la intensificación exponencial de la violencia como medio de producción clave de la acumulación.
Así, pues, vivimos tiempos de agudización y explicitación de las violencias y los violentamientos expropiatorios. No casualmente, días atrás, el relieve sociopolítico de Nuestra América se ha visto sacudido por el brutal asesinato de Berta Cáceres, acompañado también de agresiones y de intentos de incriminación a Gustavo Castro Soto, otro compañero, aunados en las luchas contra los mega-proyectos hidroélectricos, de minería a gran escala y monoculturas extractivistas varias que implican, en el fondo, los nuevos “enclosures” del Siglo XXI. Incontrastablemente, el motivo de semejante crimen fue que Berta se había tornado en un duro obstáculo para los proyectos del poder. Como lideresa firme y clara, tenía plena conciencia que su vida corría peligro. Ella misma, unos meses antes de su asesinato denunciaba que el terrorismo, la militarización y las persecuciones que estaban viviendo campesinos, pueblos originarios, el pueblo Garífuna en Honduras, eran parte de una estrategia cuyo fin era “decapitar el movimiento social que está resistiendo en los territorios el avance del capitalismo”. En una entrevista de noviembre de 2014, el periodista le pregunta: “Berta, frente a esta ola de asesinatos, ¿temes por tu vida?”; y Berta contesta: “Sí, sí. Bueno, tenemos temor… En Honduras no es fácil; es un país en el que se vive una violencia brutal; son constantes los asesinatos, las amenazas, los atentados a la vida… El encarcelamiento, las órdenes de prisión, bueno, esos son riesgos menores. (…) Lo más peligroso en Honduras, que yo misma lo siento, es el riesgo de perder la vida… (…) Pero sí, tememos por nuestra vida, pero yo también quiero decir categóricamente que no nos van a paralizar por el miedo. Eso sí, que lo sepan ellos. Además, aunque sucediera, yo estoy absolutamente convencida de que el pueblo lenca y la resistencia del pueblo hondureño no va a cesar, al contrario, va a crecer más aún”2.
Forma extrema de los violentamientos, el asesinato de Berta, como el de tantas y tantos otros sujetos/cuerpos-conscientes de su territorialidad en Nuestra América, emerge como inequívoco síntoma de la fase senil, ultra-predatoria en la que ha ingresado el metabolismo necro-económico del Capital, esa ecología-mundo que ha prosperado y ha usurpado el nombre de la humanidad, a costa de la depredación sacrificial de las economías de frontera; de su Tierra y su Trabajo. Berta tenía clara conciencia de que el modo de vida capitalista, colonial, patriarcal contra el que luchaba, precisaba, para progresar, fracturar las conexiones vitales-existenciales entre cuerpos-trabajo y Tierra-territorios de vida. Berta lucha junto a esos cuerpos primitivizados por la violencia modernizadora del capital. Por eso, para la “opinión pública”, en las crónicas periodísticas convencionales, Berta era presentada como “defensora de los Derechos Humanos”. Para quienes la conocimos, para muchas y muchos que hacen parte de esos cuerpos en re(ex)sistencia, Berta es una Defensora de la Madre Tierra. Tenemos la íntima convicción que ella misma prefería esta última presentación; porque su vida es, en sí, una pedagogía política que nos enseña que no hay derechos humanos por afuera ni por encima de la Madre Tierra; que no hay “dignificación del ser humano” ni “lucha contra la explotación de la/os trabajadora/es” que se logre a costa de la explotación y la depredación de la Tierra.
De la cuestión de fondo a lo fundamental. Pensar-nos Tierra como clave para re-orientar nuestras luchas emancipatorias.
La naturaleza es el cuerpo inorgánico del hombre; es decir, la naturaleza en cuanto no es el mismo cuerpo humano. Que el hombre vive de la naturaleza quiere decir que la naturaleza es su cuerpo, con el que debe mantenerse en un proceso constante, para no morir. La afirmación de que la vida física y espiritual del hombre se halla entroncada con la naturaleza no tiene más sentido que el que la naturaleza se halla entroncada consigo misma, y que el hombre es parte de la naturaleza” (Karl Marx, Manuscritos Económicos Filosóficos de 1844).
Salvo notables excepciones, el pensamiento tradicional de izquierda y el marxismo ortodoxo en general ha tendido a priorizar la opresión de clase por sobre la explotación de la Naturaleza, como si fueran dos problemáticas distintas e inconexas. Sin embargo, este tipo de razonamiento está en abierta contradicción con la ontología materialista de Marx, que al pensar los fundamentos de la realidad, en lugar de la conciencia, del Sujeto o del Objeto, parte del cuerpo. En efecto, para Marx, “(L)la primera premisa de toda la historia humana es la existencia de individuos humanos vivos. El primer hecho a constatar es, por tanto, la organización corpórea de esos individuos y la relación por eso existente con el resto de la naturaleza” (Marx y Engels, 1974: 19).Se trata de una premisa fundamental sobre la que se edifica todo el pensamiento filosófico, antropológico y político de Marx.
Pues, en primer lugar, partir de los individuos humanos vivientes, implica, ante todo, negar radicalmente toda separación entre Naturaleza y Sociedad y rechazar todo antropocentrismo. O, si se prefiere, supone partir de la afirmación básica de que el ser humano es naturaleza. La materialidad del cuerpo remite indefectiblemente al enraizamiento histórico-material que lo humano tiene respecto de la Naturaleza en general. Una perspectiva histórico-materialista –como la que propone Marx- nos lleva a reconocer que, históricamente, venimos de la Naturaleza: somos parte del proceso natural de irrupción, despliegue y complejización de la materia en el transcurso geológico de la vida en el planeta. Y que fisiológicamente, dependemos de la Naturaleza: los cuerpos humanos vivientes (naturaleza interior) tienen una relación de dependencia existencial con el conjunto de seres vivos y de factores y condiciones biosféricas de la Tierra (naturaleza exterior). La Tierra -como sistema viviente- nos excede, nos precede y nos contiene absolutamente. Nuestra vida es estructural y funcionalmente dependiente de una sistemática e ininterrumpida vinculación material con el resto de la Naturaleza en general. Por tanto, lo humano no puede ser escindido de la naturaleza; no puede ser pensado o concebido como algo exterior, ajeno o contrapuesto a la naturaleza.
En segundo término, al partir de los cuerpos, Marx coloca la cuestión de la vida -la problemática de los individuos humanos vivientes- en la base de su construcción teórica y en el centro de sus preocupaciones políticas. A diferencia del idealismo, del empirismo naturalista y del materialismo mecanicista (cada uno, en sus diferentes variantes), Marx no concibe el mundo ni como “idea” ni como “cosa”, sino como vida-práctica. En Marx, lo real es lo vivo en cuanto tal: el conjunto de procesos práctico-materiales a través de los cuales acontece la vida en general; y también, en particular, la vida humana, como una expresión histórico-específica de aquella.
Así, la centralidad del cuerpo, en cuanto permite despejar la ficción idealista de todo antropocentrismo, es fundamental para una epistemología política que se piensa en clave de emancipación y realización plena de la Vida. Pues, cuando lo que ocupa el centro de nuestras preocupaciones epistémicas y políticas es la vida plena de los seres humanos vivientes, no hay lugar ahí para sustentar la falacia del antagonismo de “el hombre” vs. “la naturaleza”. Por el contrario, se hace evidente que, en realidad, la contradicción Capital vs. Trabajo, no es anterior ni exterior, a la contradicción Capital vs. Naturaleza-Vida; que no se trata de dos contradicciones (O´Connor, 2001), sino pues solo de una única gran contradicción fundamental, en la que la dinámica necro-económica del capital supone (y requiere) sacrificar la vida (en la radicalidad de sus fuentes y en la diversidad de sus formas y manifestaciones) en el altar del valor abstracto. Se hace, en definitiva, manifiesto que el encarcelamiento de la Tierra –a través de la propiedad- es el primer eslabón de los grilletes que encadenan al Trabajo.
Así, la crucial cuestión de la liberación humana (de las ataduras del capital) requiere hoy, más que nunca, en los umbrales del Siglo XXI, re-pensar la Tierra. Re-pensar la Tierra como cuestión vital-fundamental, es re-pensarla y re-descubrirla como Madre. Y es también re-pensar-nos a los seres humanos, como ontológicamente hijos de la Tierra; seres terrestres, en el sentido existencial de que no sólo vivimos apenas sobre la Tierra y de la Tierra, sino que literalmente somos Tierra. Precisamos, de modo urgente, volver a saber-nos y, sobre todo, sentir-nos Tierra.
Pues, si la (in)civilización del capital ha llegado tan lejos en la devastación y denigración de la Vida, es precisamente porque no sólo ha crecido y se ha mundializado declarándole la guerra la Madre-Tierra, sino porque además, decisivamente, ha sido muy eficaz en la creación de sujetos-individuos que no se conciben como hijos-de-la-Tierra, sino que la sienten y conciben desde la exterioridad, la superioridad y la instrumentalidad. Individuos que creen y que sienten que viven del dinero y no de la Madre-Tierra; que conciben el progreso y el desarrollo de lo humano, en términos de dominio y explotación presuntamente infinita de los “recursos” de la Tierra.
Frente al escenario de barbarie mundializada y diversificada que nos ofrece el siglo XXI, tras más de cinco siglos de “desarrollo capitalista”, necesitamos, de modo urgente, re-pensar la Tierra para re-orientar el horizonte y el sentido de nuestras luchas emancipatorias.
Re-pensar la Tierra como Madre no es romanticismo pachamamista ni oscurantismo anti-científico. Si bien sí es una afirmación efectivamente pre-científica (en el sentido de que se trata de un saber humano cuya articulación como tal antecede históricamente a la propia constitución de la ciencia, como régimen hegemónico de producción de conocimientos), se trata, sin embargo, de una verdad fundamental, no sólo en el más profundo sentido filosófico, sino también en el más riguroso sentido científico. Re-conocerla como tal y adecuar a ella nuestros modos de vida, nuestras instituciones, nuestras subjetividades, es decir, nuestros cuerpos y nuestros sueños, nuestras formas de concebir, percibir, pensar, sentir y vivir nuestro lugar en el mundo, es quizás, el mayor desafío pedagógico-político que afrontamos como especie, en un momento donde el camino de la emancipación se ha tornado, ni más ni menos, que el camino por la sobrevivencia; la sobrevivencia, al menos, de la humanidad de lo humano. Si las fuerzas de izquierda no asumen como propio este desafío, ¿entonces quiénes?

Bibliografía
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1 Sobre este punto, remito a lo planteado en nuestro artículo “Marx, (los) marxismo(s) y la ecología. Notas para un alegato ecosocialista”. Revista GEOgraphia, Vol. 17, N° 34. Universidade Federal Fluminense. 2015. Pp. 09-38. http://www.uff.br/geographia/ojs/index.php/geographia/article/view/837
2 Entrevista realizada por Resumen Latinoamericano, Noviembre de 2014. Disponible en: https://www.youtube.com/watch?v=R7vrgwbS074

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¡El Buen Vivir es pa ra todos y todas, o no lo es!, entrevist a a Alberto Acosta

¡El Buen Vivir es para todos y todas, o no lo es!

Entrevista con Alberto Acosta, economista y político ecuatoriano.
Por Felipe Milanez.*
http://entitleblog.org/2016/03/18/el-buen-vivir-es-para-todos-y-todas-o-no-lo-es/

buena-vida-albertoacostaEl economista y político ecuatoriano, Alberto Acosta. Fuente: gredos-tietar.slowfood.es.

Alberto Acosta ha publicado en Brasil este año la traducción del libro “El Buen Vivir“. En esta entrevista, hecho por e-mail, el intelectual ecuatoriano desarrolla una reflexión sobre la actual crisis por la que pasan los gobiernos progresista en América del Sur. La relación entre la bajada de los precios de las materias primas y un nuevo tipo de caudillismo son lo que marca este momento. Mirando al pasado, se habla del legado mas que de sus posibilidades de futuro. El concepto de “buen vivir”, tal como él presenta, es una oportunidad y una posibilidad de una profunda transformación económica, cultural y social. La tarea es urgente.

Felipe Milanez: En el actual momento de crisis de los gobiernos progresistas en América del Sur, con una perspectiva de retroceso, cual son las alternativas posibles de imaginar?

Alberto Acosta: La actual crisis que atraviesa América Latina debe leerse ampliamente. Si bien hoy vivimos una crisis global multifacética, sistémica y con rasgos civilizatorios, sin embargo, la crisis de la región tiene características propias. Además esa crisis golpea, sin discriminar, a países con gobiernos neoliberales y progresistas. El impacto a estos últimos anticipa su fracaso, pues durante la larga bonanza de precios de materias primas “inflados” (al igual que los discursos soberanistas), poco o nada avanzaron los progresismos en transformar las condiciones técnicas de producción y sus relaciones sociales, las cuales siguen atadas a los vaivenes del mercado mundial y a las demandas de acumulación del capital transnacional.

En lo político, los países “progresistas”, con algunos matices, se caracterizan por haber consolidado estructuras gubernamentales caudillistas. No construyeron gobiernos participativos, donde la toma de decisiones emerja desde lo comunitario, impulsando una lógica horizontal de la discusión y el manejo del poder. Nada de eso ha sucedido. En particular Chávez, Evo y Correa devinieron en caudillos del siglo XXI.

chavezcorreamorales0701Los presidentes Hugo Chávez (Venezuela), Rafael Correa (Ecuador) y Evo Morales (Bolivia) en un acto en 2007. Fuente: internationalist.org.

El retorno del Estado, que aparecía como indispensable para superar el neoliberalismo, terminó configurando una lógica estatista a ultranza. Lo que antes se presentaba como una recuperación de lo “público” como resultado de la lucha de los movimientos sociales, ha terminado reeditando el Estado de Bienestar en lo económico (modernizador del capitalismo) mezclado en lo político con tintes autoritarios. El estatismo de corte leninista, vertical y autoritario, a más de tecnocrático en algún sentido, cerró la puerta a la conformación de otro Estado, controlado por la sociedad y desde abajo. En Bolivia y, sobre todo, en Ecuador no se plasmó el Estado plurinacional aprobado en sus respectivas constituciones. Al contrario se han profundizado rasgos del Estado colonial, oligárquico y patriarcal. En medio de esto, la transformación cultural quedó en nada. Tan es así que el consumismo exacerbó el individualismo en contra las lógicas comunitarias, que deben ser la base de las grandes transformaciones. Las propuestas del Buen Vivir (sumak kawsay o suma qamaña o ñande reko) se transformaron en simples instrumentos propagandísticos a favor del poder, con los cuales estos regímenes han tratado, además, de disciplinar a sus sociedades.

Como una “triste paradoja” que jamás tendremos que olvidar, vemos que hoy las prácticas represivas de estos gobiernos progresistas marcan su accionar. Algunos personajes que en su momento incluso lucharon contra dictaduras son hoy quienes desde su boca proclaman discursos “socialistas” y “libertarios”, pero con una mano restringen la libertad de expresión y con la otra reprimen a los movimientos sociales y criminalizan la protesta popular. Al forzar el extractivismo se profundizaron las violencias estructurales tanto sociales como ambientales, con las consiguientes reacciones políticas de pueblos que llegan a sentirse hasta traicionados. Si bien el “progresismo” inicialmente trajo avances sociales, con el paso del tiempo estos se perdieron en los clientelismos y poco a poco en lógicas inclusive privatizadoras, como sucede con la salud en Ecuador.

Al cabo de una década de progresismos (y algo más en algunos países), cuando estos parecen agotarse, sigue pendiente la tarea de una gran transformación democrática y cultural… No hay duda, el progresismo sudamericano, que todavía podrá estar presente por un tiempo en el escenario político, está enfrascado en una discusión sobre sus legados, es decir sobre su pasado. Ya no representa un futuro o alternativa de cambio para el presente, y menos aún una opción de futuro.

Felipe Milanez: Como es posible avanzar una transformación post-extractivista en un escenario donde con los precios mas bajos, el esfuerzo de los gobiernos es exportar todavía mas recursos naturales?

Alberto Acosta: Brasil es un caso tristemente paradigmático en este momento. El país con mayores capacidades para transformar su estructura productiva y sus relaciones sociales -a partir de construir una economía independiente de la acumulación primario exportadora- fracasó en toda la línea. En los años del gobierno del PT, hay un proceso de desindustrialización y reprimarización, tal como en otros países de la región. Esto explica la enorme fragilidad regional frente a los vaivenes de la economía internacional: Brasil, el Brasil de los trabajadores, tenía el potencial para liderar un proceso integrador con profundas bases transformadoras. No lo hizo. Por el contrario reedito viejas prácticas de su tradicional subimperialismo. Así las cosas, los progresismos en Brasil y en los otros países fracasaron. Tal situación sin duda implica un retroceso y una consolidación del subdesarrollo capitalista hoy vigente en nuestra región, más allá de cualquier propaganda gubernamental.

Es innegable que los problemas económicos en la región están vinculados a situaciones internacionales, como la caída de los precios de las materias primas y la misma revalorización del dólar, en un contexto mundial de pugnas geopolíticas inusitadas. Sin embargo, si los países con gobiernos progresistas se hubieran encaminado a un verdadero proceso de liberación de su dependencia externa, si habrían impulsado una integración autonómica real, hoy viviríamos otra situación. Con el extractivismo exacerbado se ahondaron las modalidades de acumulación primario exportadoras y, por ende, las relaciones de sumisión, reeditando lógicas y prácticas del viejo pasado colonial. Y esto resultó aún más grave porque en estos países los problemas económicos ya estaban presentes antes de la caída de los precios de las materias primas. Es decir, la crisis no se explica solo por factores externos, sino también internos: no hubo la transformación productiva y mucho menos se enfrentó la condición capitalista de nuestros países. Podemos pensar que el gran sistema capitalista mundial, al cual hoy somos más dependientes que antes, se encuentra en crisis, pero al mismo tiempo cada capitalismo doméstico ya vivía sus propias complicaciones.
Y bajo el argumento de una respuesta “pragmática” a la crisis, los progresismos están propiciando directa o indirectamente el retorno del neoliberalismo. El Gobierno neoliberal a ultranza de Macri en Argentina no habría sido posible sin los avances neoliberales y extractivistas del Gobierno de los Kirchner. Y ese futuro es el que le espera a toda la región si no hay un cambio urgente de tendencia…

El caso de mi país, Ecuador, es hasta dramático: con una mezcla de tragedia y comedia como diría Marx. No solo que el Gobierno de Correa enfrenta esta crisis introduciendo la clásica receta neoliberal de la flexibilización/precarización laboral, sino que está a punto de suscribir un Tratado de Libre Comercio (TLC) con la UE, es decir está presto a aceptar una suerte de constitución económica neoliberal, que de eso se trata un TLC. Ningún gobierno anterior “progresó” tanto en este sentido.

Correa impulsa la privatización abierta (gasolineras de Petroecuador, p.e.) y encubierta (salud y educación, p.e.), a más de la entrega de campos petroleros maduros a las transnacionales: ¡traición a la Patria!, decía el propio Correa en los años 2005 y 2006, antes de ser presidente; para consolidar este proceso se aprobó una ley de Alianzas público-privadas, eufemismo que encubre las privatizaciones. Pero sin duda el endeudamiento agresivo -sin transparencia- es la opción más socorrida del correísmo para enfrentar la crisis… deuda para pagar deuda, como en la larga noche neoliberal, e incluso la aberración de deuda para sostener la liquidez, pues recordemos que el Ecuador es un país dolarizado que no puede emitir moneda propia. Así, para colocar bonos en el mercado financiero retornó al redil del Fondo Monetario Internacional (FMI) desde 2014.

Casa adentro propicia la descapitalización de la seguridad social y la eliminación de fondos como el de los maestros: solo falta su privatización… El saldo del correismo es un creciente enriquecimiento de las grandes burguesías del país, como la banca, que ha ganado como nunca en la historia, y que hoy hasta está nuevamente autorizada a cobrar por sus servicios: Correa borra con el codo lo que hizo con la mano al inicio de su gestión. Los oligopolios permanecen intocados. En 2006 las 300 empresas más grandes tenían un ingreso equivalente al 45% del PIB, el año pasado, las mismas 300 empresas aumentaron ese porcentaje al 76%… En Ecuador la crisis se la debemos también a Correa: no fue capaz de impulsar una transformación productiva y de sus respectivas relaciones sociales…Y todo este “retorno al Washington Consensus” se hace con la propia intervención del Estado, por eso podemos ya hablar de un “neoliberalismo transgénico”.

Felipe Milanez: Como imaginas el futuro después de estos últimos anos de megaextractivismo, como que puede suceder en Xingu, con la hidroeléctrica de Belo Monte, o Yasuni, en Ecuador?

Alberto Acosta: El extractivismo masivo explica, como ya dijimos, un ahondamiento de las estructuras políticas autoritarias. Y por cierto este extractivismo en creciente expansión, sumado a las lógicas productivistas y consumistas dominantes -propias de la modernización capitalista- provoca un creciente deterioro ambiental, como es el caso de la creciente y descontrolada urbanización, así como la expansión de la frontera minera y petrolera, a la que se suma la bonanza de los monocultivos.

Lo que sucede en Xingú en Brasil acontece en el TIPNIS o en el Yasuní en Ecuador. La lista de atropellos es interminable. Los gobiernos progresistas en general han sido desarrollistas y, por tanto, depredadores de la Naturaleza. El mismo gobierno de Correa en Ecuador, que abrió la puerta a la esperanza con la Iniciativa Yasuní-ITT, para dejar el petróleo en el subsuelo amazónico, transformó la esperanza en un lúgubre futuro al sucumbir a las presiones de los intereses petroleros. Y este Gobierno, del país en donde por primera vez se constitucionalizaron los Derechos de la Naturaleza, se transformó en el mayor extractivista de la historia: amplía la frontera petrolera en el Yasuní y al sur de la Amazonia, abre la puerta a la megaminería, promueve los monocultivos y la producción de los bio o agrocombustibles, al tiempo que amenaza la prohibición constitucional que impide importar semillas transgénicas y, por cierto, cultivos transgénicos.

Felipe Milanez: Cual el papel de las elites locales en el colonialismo interno de los países suramericanos, y esta relación con el sistema capitalista/colonialista global?

Alberto Acosta: A partir de 1492, cuando España invadió Abya Yala (América) con una estrategia de dominación para la explotación, Europa impuso su imaginario para legitimar la superioridad del europeo, el “civilizado”, y la inferioridad del otro, el “primitivo”. En este punto emergieron las colonialidades del poder, del saber y del ser. Dichas colonialidades están vigentes hasta nuestros días. No son un recuerdo del pasado. Explican la actual organización del mundo en su conjunto, en tanto punto fundamental en la agenda de la Modernidad (que, en esencia, es capitalista). Y eso explica porque la conquista y colonización gozan de buena salud en los gobiernos progresistas, dado que esos gobiernos no buscaron superar al capitalismo, sino precisamente modernizarlo.
En nuestros países se mantiene la modalidad de acumulación extractivista de origen colonial, dominante durante toda la época republicana y siempre funcional al sistema-mundo capitalista. En el núcleo básico desarrollista, que persiste aún en el siglo XXI, se consolida la misma matriz de acumulación colonial de hace más de quinientos años. Y así mismo se mantiene inalterada la colonialidad.
Las manifestaciones de esta realidad son múltiples. Una característica de los gobiernos progresistas ha sido su pretendida aproximación a soluciones tecnocráticas, en esencia atadas a las visiones de los Nortes dominantes, sean los Estados Unidos, Europa o ahora China. Tal situación incluso se observa en los intentos -patéticos- de emular procesos desarrollistas propios del capitalismo desarrollado al cual el progresismo intenta alcanzar. Así mismo vivimos el desprecio e inclusive persecución a los pueblos y nacionalidades indígenas, así como a sus culturas.

Felipe Milanez: Que es el “Buen Vivir”?

Alberto Acosta: El Buen Vivir es una oportunidad para imaginar otros mundos.

El extractivismo no es el camino hacia un imposible desarrollo (eso más, un desarrollo eminentemente capitalista), menos aún hacia el Buen Vivir. La construcción del Buen Vivir, que es la meta que debe inspirar el post-extractivismo, hay que asumirla como una alternativa al desarrollo. Es más, el Buen Vivir no solo critica el desarrollo, lo combate, así como combate a la propia lógica del capital. Esto diferencia al Buen Vivir de muchas de las críticas convencionales a las teorías y prácticas del desarrollo –lo hemos visto a lo largo de las últimas décadas– las cuales concluyen regularmente por proponer otros desarrollos, sin cuestionar su esencia (reiteremos, eminentemente capitalistas, caracterizados por sofocar la vida y todo lo que tiene que ver con la vida: el ser humano y la Naturaleza).
En efecto, no se debe criticar al desarrollo sin caer en su repetición, pues de lo contrario hablamos de una crítica vacía. Polemizando con los argumentos y los conceptos propios del desarrollo no se cambiarán los fundamentos que hacen posible su existencia. Es indispensable quitarle al desarrollo las condiciones y las (sin)razones que han facilitado su masiva difusión e (inútil) persecución por parte de casi toda la Humanidad.

A pesar de estos cuestionamientos básicos, el Buen Vivir -quizá mejor deberíamos hablar de buenos convivires- tendrá que ser construido/reconstruido desde la realidad actual del desarrollo, superándolo desde su interior; es decir, saldremos de él arrastrando sus taras, siempre y cuando haya coherencia entre las acciones desplegadas y los objetivos propuestos.

El verdadero aporte del Buen Vivir radica en las posibilidades de diálogo que propone. Nos abre la puerta a un enorme mapa de reflexiones destinadas a subvertir el orden conceptual imperante. Una de sus mayores contribuciones podría estar en la construcción colectiva de puentes entre los conocimientos ancestrales y los modernos; eso sí, sin transformar a los elementos ancestrales en instrumentos del capital. Hay que asumir, en todo instante, que la construcción de conocimiento es fruto de un proceso social. Para lograrlo nada mejor que un debate franco y respetuoso; debate que aún está pendiente. La descolonización, sobre todo cultural, es una de las mayores tareas.

Lo que interesa es superar las distancias entre los diversos mundos existentes en nuestra región. Obvias por lo demás. En una orilla del camino aparece un concepto, en pleno proceso de reconstrucción (y recuperación), que se extrae del saber ancestral, mirando demasiado al pasado. En la otra orilla del (mismo) camino, el mismo concepto, también en reconstrucción e incluso construcción, se lo asume mirando al futuro. Tal vez el diálogo consista en que los del pasado miren algo más al futuro (y al presente) y los del futuro aporten una visión menos beata del pasado.
La tarea no es fácil. Superar las visiones dominantes y construir nuevas opciones de vida tomará tiempo. Habrá que hacerlo construyendo sobre la marcha, reaprendiendo y aprendiendo a aprender simultáneamente. Esto exige una gran dosis de constancia, voluntad y humildad.

El Buen Vivir, en suma, se presenta como una oportunidad para construir colectivamente una nueva forma de vida, que parte por un “epistemicidio” del concepto de desarrollo y de otros conceptos propios de la modernidad capitalista, como plantea Boaventura de Sousa Santos. Esto demanda echar abajo la propia idea de “progreso”. Boaventura nos recuerda en sus trabajos, de forma repetida, “el asesinato” de otros conocimientos despreciados por el conocimiento hegemónico occidental, que hoy cobrarían fuerza con las propuestas del Buen Vivir. Nos toca, entonces, desmontar los conceptos de progreso en su deriva productivista y del desarrollo en tanto dirección única, sobre todo en su visión mecanicista de crecimiento económico, y funcional a la lógicas capitalistas.

Esta superación del concepto dominante de desarrollo, al mismo tiempo que se superan las propias ideas de la Modernidad (capitalista), constituye un paso cualitativo importante. Esta propuesta, siempre que se asuma activamente por la sociedad desde abajo y por la izquierda, en tanto recepta las propuestas de pueblos y nacionalidades, así como de amplios segmentos de la población explotada y marginada. Esta es una lucha presente en diversas regiones del planeta. Es una lucha que puede y debe proyectarse con fuerza en los debates que se desarrollan en el mundo, indispensables para procesar la Gran Transformación.

El Buen Vivir acepta y apoya maneras de vivir distintas, valorando la diversidad cultural, la interculturalidad, la plurinacionalidad y el pluralismo político. Diversidad que no justifica ni tolera la destrucción de la Naturaleza, tampoco la explotación de los seres humanos, ni la existencia de grupos privilegiados a costa del trabajo y sacrificio de otros. En suma, una diversidad que no solo es anti-neoliberal (como intentó ser el progresismo en sus inicios), sino que por sobre todo es anti y post-capitalista.

¡El Buen Vivir es para todos y todas, o no lo es!

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Berta Cáceres: tus s ueños no mueren por la metralla, por Dec io Machado

Berta Cáceres: tus sueños no mueren por la metralla
por Decio Machado
https://www.diagonalperiodico.net/global/29606-tus-suenos-nuestros-suenos-no-mueren-por-la-metralla.html

03/03/16 · 19:12

Imagen de Berta Cáceres en 2015. / Servindi

inforelacionada

Asesinada en Honduras la líder indígena Berta Cáceres

Esta madrugada, Lucas, un gran amigo suyo y mío, forjado como ella en las luchas de los de abajo en Centroamérica, me despertó con la terrible noticia de un asesinato. Aturdido aún por el suceso, no pude por menos que recordar los versos escritos 80 años atrás por otro represaliado del fascismo: “Un manotazo duro, un golpe helado, un hachazo invisible y homicida, un empujón brutal te ha derribado”.
“Estaba dormida… entraron y la mataron a balazos…”, así expresaba Lucas lo sucedido a la 1h horas de la madrugada de este triste 3 de marzo. Mientras escribo estas líneas la información aun es confusa, pero parece ser que dos pistoleros forzaron la puerta de la casa donde Berta Cáceres dormía en la pequeña ciudad de La Esperanza, cabecera del fronterizo departamento de Intibucá en Honduras.
La asesinaron con nocturnidad, premeditación y alevosía, durante el transcurso de la celebración de un foro sobre energías alternativas desde la visión indígena, es decir, la asesinaron mientras participaba junto a otros compañeros y compañeras de la utopía que reivindica la vida ante un mundo insostenible que se cae a pedazos. Estos sicarios al servicio del poder transnacional y del neodesarrollismo en esta sufrida América morena no pueden entender que Berta estaba soñando cuando violentaron su puerta, y que a pesar de que la balearon, sus sueños de esperanza en un mundo mejor no se fueron con ella…

¿Quién era Berta Cáceres?

Berta era hija de una partera y activista social del pueblo lenca que acogió y protegió en el pasado a refugiados de la guerra civil en El Salvador, un conflicto armado que aunque nunca fue declarado de forma oficial se desarrolló entre 1980 y 1992, dejando un saldo estimado de 75.000 muertos y desaparecidos. Recibió de su madre la mejor herencia posible en el actual mundo en el que vivimos, el valor del compromiso militante en la defensa de los derechos humanos y la solidaridad con las personas que sufren, independientemente de su color, sexo, étnia o del país que provengan.
Es así y con esos valores, con los que Berta se convirtió de forma temprana en una destacada activista estudiantil. Pero consciente de sus orígenes, el 27 de marzo de 1993 formó parte del grupo compañeros y compañeras que fundaron el Consejo Cívico de Organizaciones Populares e Indígenas de Honduras (COPINH).
Su trayectoria a partir de entonces será la de líder de la comunidad indígena lenca, un pueblo milenario y campesino del que quedan aún unas 400.000 personas que se divide entre El Salvador y esencialmente Honduras, y que se consideran custodios de la naturaleza, de la tierra y guardianes de los ríos. Según la tradición lenca en los ríos residen los espíritus femeninos y por lo tanto las mujeres desempeñan el rol de ser sus principales guardianas.
El COPINH se convertirá a partir de entonces en una organización indigenista pero pluralista y abierta, solidaria en las luchas nacionales aunque afincada en la zona sur-occidental del país, desarrollando un importe rol como herramienta para la reivindicación y reconocimiento de los derechos políticos, sociales, culturales y económicos del campesinado y de las comunidades indígenas en Honduras.
Madre de cuatro hijos, de los cuales dos de ellos ya tuvieron que abandonar el país debido a las amenazas recibidas sobre sus vidas, su rol como coordinadora del COPINH la llevó a destacarse en la defensa del medio ambiente y de los derechos de los pueblos indígenas hondureños.
En 2006 el COPINH recibiría la visita de diversos miembros de la comunidad de Río Blanco, quienes denunciaron, desconociendo sus objetivos, la presencia y actividad de ingente maquinaria de obra pesada en su territorio. A la cabeza del COPINH, Berta Cáceres lideraría la resistencia frente a la construcción de la represa de Agua Zarca, la cual pretendía ser ejecutada por la mayor empresa hidroeléctrica china, Sinohydro Corporation, lo que supondría grandes desplazamientos de población lenca de sus territorios y con fuerte afectación a las sagradas aguas del río Gualcarque. La mayor transnacional china en construcción de represas tuvo que abandonar la obra en el año 2013, denunciando su contrato con el gobierno hondureño debido a la continua y persistente resistencia comunitaria.
El compromiso de Berta no sólo fue con su pueblo y la defensa de su entorno, también lo fue con la democracia
Pero el compromiso de Berta no sólo fue con su pueblo y la defensa de su entorno, también lo fue con la democracia. Junto a otros compañeras y compañeros, encabezó las movilizaciones de protesta contra el golpe de Estado del 28 de junio del 2009 que derrocó al presidente legítimo de Honduras Manuel Zelaya.
En ese contexto, esta líder indígena denunció también, en diferentes momentos, la presencia militar de EE UU en Honduras, la cual a través de operaciones “cívico-militares” se desplazó a lo largo y ancho del territorio lenca amenazando con instalar nuevas bases militares en el país, buscando profundizar el rol de este territorio como una importante plataforma militar estadounidense que opera como centro de entrenamiento táctico avanzado y tareas militares conjuntas que dependen del Comando Sur.
Desde su cinismo, el Gobierno hondureño en palabras de su coordinador general Ramón Hernández Alcerro repudió hace unas horas el asesinato de la líder indígena, calificándolo de “abominable y deleznable”. Sin embargo, el hecho de gozar de medidas cautelares debido a las múltiples amenazas de muerte sobre su persona, sus hijos y su madre, no impidió que esta madrugada dos pistoleros a sueldo regaran su sangre sobre el territorio por el que entregó su vida. Todo ello en el país más peligroso de América Latina para los defensores de la vida.
Berta, los que te conocimos recordaremos siempre como incluso en los momentos más duros se iluminaba tu sonrisa. Tu sangre es la misma sangre que corrió por las venas de líder indígena Lempira, quien encabezó la lucha de tu pueblo 500 años atrás frente a la conquista española. Fuiste forjada con ese mismo material del que se forjan los sueños, y como todos y todas sabemos, nuestros sueños, tus sueños, no mueren por la metralla.

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RECOMIENDO: Caudillismos y cesarismos en la coyuntura latinoamericana y mexicana

Caudillismos y cesarismos en la coyuntura latinoamericana y mexicana

POS Massimo Modonesi

http://desinformemonos.org.mx/caudillismos-y-cesarismos-en-la-coyuntura-latinoamericana-y-mexicana/

La coyuntura latinoamericana se juega aparentemente alrededor de nombres y apellidos, del destino político y personal de un puñado de individuos: Lula perseguido judicialmente por supuestos sobornos; Dilma amenazada de destitución; Evo no podrá re-elegirse después de tres mandatos presidenciales; Cristina K derrotada desaparece del escenario; Mujica tiene más de 80 años; Maduro no alcanza a ser Chávez, pierde las elecciones parlamentarias y es amenazado de destitución; Correa pierde consensos a diestra y siniestra y parece no poder ni querer re-elegirse; Daniel Ortega, cada día más conservador y despótico, se apresta a buscar la re-elección. El progresismo latinoamericano está ligado al destino de unos hombres y mujeres providenciales en crecientes dificultades o cada día menos consistentes. Al haber abusado del caudillismo como recurso político estratégico, el progresismo tambalea desde la cúspide y no se sostiene desde abajo.
A pesar de partir de principios que sostienen que la emancipación de los trabajadores será obra de ellos mismos, que hay que servir el pueblo o mandar obedeciendo, la historia de la izquierda está repleta de personalismos y de caudillismos, unos más rescatables que otros, que –más allá de la psicología y la ambiciones de los líderes en cuestión- operaron y fungieron como eficaces catalizadores y mitos movilizadores o como instancias de mediación y arbitraje al interior de movimientos de composición social heterogénea y diversidad ideológica. En medio de la exaltación de muchos ismos que acompañaron los nombres y apellidos de dirigentes, ya fueran de lucha y/o de gobierno, las mejores tradiciones del marxismo crítico no dejaron de preocuparse por los límites y los vicios de este formato de la política tan difuso y recurrente, en particular en su versión nacional-popular, pero también socialista-revolucionaria. En efecto, por virtuoso que pretenda ser un liderazgo, le es consustancial una pendiente autoritaria, a la cual corresponde la delegación, que restringe, cuando no obstruye, los canales de participación desde abajo. Esto redunda en una tendencia radicalmente contraria a las finalidades educativas que deberían atravesar todo movimiento social y político de las clases subalternas; finalidades orientadas a la difusión y socialización del conocimiento y la toma de decisiones, del ejercicio de la autonomía y la autodeterminación como prácticas que además de haber demostrado ser eficaces y de permitir acumulación de experiencias, tienen un alcance prefigurativo, al delinear los contornos y las formas de relaciones sociales y políticas igualitarias.
Es lamentable que la disputa en curso a raíz de la crisis de la hegemonía progresista en América Latina se juegue en términos de la suerte que corran los dioses en turno cuando detrás de su investidura estuvieron luchas y movimientos antineoliberales extensos y prolongados, impulsados por aquellas clases subalternas que no sólo hoy, sino desde el inicio de los gobiernos progresistas, aparecen en segundo plano. Como consecuencia, esas clases no muestran ser particularmente reactivas a la hora de defender a los hombres y mujeres que supuestamente encarnan sus intereses ya que pesa una década, o más según los casos, de desmovilización sostenida desde arriba, desde la rectoría del Estado-Gobierno-Presidente, desde una concentración de poder decisional que se mantuvo intacta a pesar de que los movimientos populares de los 90 y principios de los 2000 eran portadores de banderas participativas y de profundas y radicales críticas al liberaldemocratismo de la gobernabilidad, el presidencialismo y la partidocracia.
Aún más lamentable es que la polarización en curso tienda a paralizar el ejercicio de la crítica y la autocrítica, ya sea bajo el formato de la autocensura o bajo la presión del chantaje que sentencia que todos aquellos izquierdistas que no se sumen disciplinadamente a la defensa de los héroes en apuros de las patrias latinoamericanas terminan siendo vendepatrias, cómplices o aliados de la alianza de derechas nacionales e imperiales restauradoras.
Este esquematismo no sólo impide a los propios partidarios del progresismo cualquier margen de maniobra crítico que redundaría en beneficio de su debilitado proyecto, sino que oculta cuestiones de fondo. En efecto, respecto de la cuestión de los caudillismos, al margen de las consideraciones anteriores, queda por explorar a profundidad la hipótesis cesarista, según la cual –desde Marx pasando por Gramsci- liderazgos de esta naturaleza suelen surgir para resolver empates catastróficos, situaciones en donde las clases subalternas se movilizan pero no están en condición de tomar el poder y las clases dominantes se debilitan y no pueden seguir ejerciendo plenamente el dominio. Desde esta perspectiva, las figuras carismáticas encarnarían un punto de equilibrio, más o menos progresivo o regresivo s egún las circunstancias históricas y la correlación de fuerzas, un nuevo equilibrio de clase en el cual se preservaría lo esencial de las relaciones de dominación, incorporando reformas y correctivos en el interés substancial de las clases dominantes pero respondiendo a demandas puntuales de las clases subalternas. Este esquema se realizaría como revolución pasiva, es decir, una ajuste hegemónico basado en la combinación de transformaciones estructurales significativas y de procesos de pasivización, desmovilización o si se quiere, resubalternización de las clases populares.
Al margen de esta lectura específica de la cuestión del caudillismo, el tema de la personalización de los proyectos progresistas y nacional-populares tal y como se presenta en el escenario de época en nuestro sur no puede pasar inobservada en México donde una propuesta similar, aunque actualmente situada en la oposición, está indisolublemente asociada al nombre y la figura de Andrés Manuel López Obrador.

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OTRA HERENCIA DEL KI RCHNERISMO: Las empr esas offshore detrás de YPF-Chevron (o t ambién cómo se quier e impedir que damnif icados de Ecuador co bren a Chevron-Texac o)

Las cuatro empresas offshore detrás de YPF-Chevron

http://www.opsur.org.ar/blog/2016/03/15/las-cuatro-empresas-offshore-detras-de-ypf-chevron/

Uno de los temas centrales de debate en estos días es la transparencia del Estado, en particular sobre si el contrato entre YPF y Chevron debe ser secreto o no. Una atenta lectura a diversa documentación pública[1] permite componer parte de lo que el acuerdo oculta, aportando elementos que refuerzan su pronta publicación. Entre los diversos puntos, encontramos que se creó un complejo entramado de compañías radicadas en paraísos fiscales y que el marco jurídico que se aplica es el del Estado de Nueva York. ¿Las implicancias? Hasta tanto y en cuanto se cumpla con el fallo de la Corte Suprema de Justicia, la publicación íntegra del contrato entre YPF y Chevron, se desconocen a ciencia cierta.

Los hechos: pantallas jurídicas offshore regidas por el Estado de Nueva York

El supuesto acuerdo entre YPF y Chevron fue firmado el 16 de julio de 2013 tras muchos meses de negociación. Pero, al revisar la documentación, lo primero que salta a la vista es que en el contrato de explotación sobre el área Loma Campana, Chevron no figura: la concesión se reparte en partes iguales entre YPF S.A. y la ignota Compañía de Hidrocarburo No Convencional SRL (en adelante CHNC). ¿Qué es CHNC? Un “tercer actor” que, si bien es propiedad de YPF, la empresa no controla. Creada días previos a la firma del contrato, CHNC es el nudo del acuerdo ya que es la pantalla por la cual Chevron operaría.
Para ocultar a la firma norteamericana, se crearon las siguientes estructuras:

  • El 1 de julio de 2013, YPF creó en el Estado de Delaware (EE.UU.), reconocido paraíso fiscal, a las empresas YPF Shale Oil Investment I e YPF Shale Oil Investment II. El agente de registración de dichas estructuras jurídicas offshore fue Corporate Service Company, mismo representante de Chevron en el Estado de Delaware.
  • El 8 julio de 2013, YPF creó CHNC en la Argentina, firma que es controlada por YPF Shale Oil Investment I y II.
  • El 16 de julio de 2013, YPF anuncia públicamente que firmó el supuesto contrato con Chevron.
  • Chevron crea Chevron Overseas Finance I en Islas Bermudas, otro paraíso fiscal.
  • En diciembre, YPF le transfirió el 50% de la concesión de Loma Campana a CHNC fruto de un acuerdo firmado por YPF Shale Oil Investment I y Chevron Overseas Finance I.
  • En marzo de 2014, la provincia del Neuquén convalida el nuevo acuerdo (YPF y CHNC) mediante el decreto 2420/13 (publicado en el Boletín Oficial con un retraso de casi tres meses).

Chevron controla CHNC a través de un préstamo prendario entre Chevron Overseas Finance I y la subsidiaria de YPF en Delaware, las que efectivamente firmaron el acuerdo y que tiene a la misma CHNC como garantía. Entonces, si bien YPF posee indirectamente el 100% de CHNC no posee la potestad sobre su destino, ni percibe ningún beneficio. Así lo define en su último Balance Contable:
“La Sociedad [YPF] mantiene indirectamente el 100% del capital social de CHNC, pero dado que en virtud de los acuerdos contractuales existentes, no ejerce las decisiones financieras y operativas relevantes de CHNC ni financia sus actividades, no se encuentra expuesta a riesgos ni beneficios por su participación en CHNC”[2].
La arquitectura jurídica permite el flujo de capital entre las sociedades, que fue en aumento en los últimos tiempos. Según el Boletín Oficial, el capital social de CHNC se incrementó de los $100.000 iniciales a $6.464,64 millones en octubre de 2014 (U$S1.200 millones a tasa de 2013), misma cifra que Chevron prometió invertir en la primera fase de desarrollo del proyecto Loma Campana. Por otro lado, el Balance Contable de YPF menciona, como si se tratase de una sociedad separada, millonarias transferencias por compras a CHNC: $3.556 millones (2015), $2.311 millones (2014) y $50 millones (2013). Más allá de los números, el destino final de estos montos se desconoce pero se intuye.
Otro de los elementos que emergen es que el marco jurídico aplicable es el del Estado de Nueva York, según el informe remitido por YPF al ex senador nacional Rubén Giustiniani y publicado por la Oficina Anticorrupción. A esto hay que sumar, como ya figuraba en el contrato de agosto de 2013 entre YPF y Neuquén, que el arbitraje internacional se radica en la Cámara de Comercio Internacional, con sede en París. Ambos puntos quitan injerencia a los tribunales argentinos en el mentado proyecto.
Por último, es importante decir que este mapa no es completo. Según la base de datos de subsidiarias en paraísos fiscales OpenCorporate.com, en Bermudas hay otras dos estructuras offshore creadas en noviembre de 2013, llamadas YPF Shale Oil Investment II e YPF Shale Oil Holding. Por las fechas, es probable que estén relacionadas con Chevron, pero no figuran en los documentos consultados.

Más allá de YPF-Chevron en Loma Campana, peligroso modus operandi

La cantidad de subsidiarias que YPF ha creado en paraísos fiscales parecerían hablar de un modus operandi. En abril de 2014, YPF firmó otro contrato con Chevron para la explotación del área Narambuena, también localizada en la provincia del Neuquén. Para ello, creó en febrero de 2014 dos nuevas estructuras offshore en Delaware y, jugando con la creatividad, las nombró YPF Shale Oil Investment III y IV. Paralelamente, en la Argentina, creó en marzo de 2014 la Compañía de Desarrollo No Convencional SRL (CDNC), controlada por las dos estructuras offshore antes mencionadas. Con la misma operatoria, YPF transfirió el 50% del área Narambuena a CDNC mientras aclaró que no ejerce ninguna potestad sobre CDNC ni percibe beneficio alguno, a pesar de ser de su propiedad. Pero, ¿la práctica es algo exclusivo de la relación con Chevron? No. Una operatoria similar se utilizó en 2013 con Dow Chemical para la explotación del área El Orejano (Neuquén) y también se han creado subsidiarias offshore cuando YPF compró los activos de Apache en la Argentina: YSUR Argentina Corporation (Islas Caimán), YPF Europa B.V. (Países Bajos) e YSUR Argentina Investment SARL (Luxemburgo) e YSUR Argentina Holding SARL (Luxemburgo).
En suma, en la información parcial sobre el proyecto Loma Campana aparecen por lo menos 4 subsidiarias offshore directamente vinculadas y otras dos potenciales pero, si lo extendemos a otras subsidiarias derivadas de Vaca Muerta, la lista supera las diez.

Las figuras cambian, el secreto permanece impune

La ingeniería jurídica presentada es no solo poco transparente sino además de responsabilidad difusa. Con arquitecturas montadas en paraísos fiscales, las empresas esquivan necesarios controles fiscales y regulatorios en actividades de interés público, como es el caso de la industria hidrocarburífera. Al mismo tiempo, la utilización masiva de técnicas controversiales y experimentales, como la fractura hidráulica o fracking, hacen perentorio conocer a fondo quiénes son responsables de forma clara y directa. Que, entre las diversas razones mencionadas por Chevron para promover estos esquemas, una sea esquivar potenciales embargos por los afectados de la Amazonía ecuatoriana, agrava aún más el panorama de responsabilidad ambiental.
La férrea defensa del gobierno nacional, anterior y vigente, de negar el contrato por razones comerciales atenta contra el ejercicio efectivo de derechos colectivos y con la administración plena de justicia. Más allá de si pudiera haber alguna razón de índole comercial, lo que se oculta es un entramado empresarial global estructurado a partir de la explotación de hidrocarburos en el norte de la Patagonia argentina. El reciente dictamen de la Oficina Anticorrupción, que tendría que velar por la ética en los actos públicos, muestra un escenario preocupante para el pueblo argentino como también flexible para los intereses concentrados, sean nacionales o extranjeros. Por su parte, YPF S.A., con su mayoría accionaria en manos del Estado argentino, debería publicar integralmente la estructura vigente y, a futuro, prescindir de este tipo de mecanismos.
A 40 años de un nuevo aniversario de la peor dictadura cívico-militar que sufrió nuestro país, con visita de Obama y rumores sobre un Tratado de Libre Comercio mediante, reclamamos una vez más que se dé a conocer el contrato entre YPF y Chevron debido al carácter estratégico para el pueblo argentino. Esperamos que el viernes 18 de marzo de 2016, nueva fecha dictada por la jueza federal María Cristina Carrión de Lorenzo, sea el fin de casi tres años de secreto e impunidad.

14 de marzo de 2016
Rosario, Neuquén y Buenos Aires, Argentina.

Contactos:
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