Rnv: TERREMOTO ECUADOR: Pérdidas, respuestas y dudas d e una tragedia, por John Cajas Guijarro y Alberto Acosta

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El debate sobre el “ extractivismo” en ti empos de resaca, por Horacio Machado Ará oz

La naturaleza americana y el orden colonial del capital

El debate sobre el “extractivismo”

en tiempos de resaca

Horacio Machado Aráoz

Rebelion. El debate sobre el extractivismo en tiempos de resaca

A la Memoria de Berta Cáceres

“Desde su origen, el capital ha utilizado todos los recursos productivos del globo… tiene necesidad de disponer del mundo entero y de no encontrar límite ninguno en la elección de sus medios de producción”. (Rosa Luxemburgo, 1912).

Hace poco más de un lustro ya, inmersos todavía en el clima refrescante de las expectativas emancipatorias abiertas por el “giro a la izquierda” en América Latina, asistíamos a la irrupción de las discusiones en torno a la matriz socio-productiva y las estrategias económico-políticas seguidas en la región como curso para salir y, eventualmente, superar el trágico estadío del neoliberalismo. Por entonces, los debates sobre el “extractivismo” corrieron como reguero de pólvora en las siempre agitadas tierras ideológico-políticas de la región (Gudynas, 2009; Acosta, 2011; Svampa, 2013; Lander, 2013). Para ser precisos, los revuelos causados por la materia, repercutieron con mayor fuerza en el hemisferio ideológico de actores y referentes (políticos, intelectuales y movimientos) de la izquierda. Pues como bien precisó en su momento Eduardo Gudynas (2009), no estábamos ante una problemática que pueda decirse “nueva”; más bien todo lo contrario. Lo ‘novedoso’ o lo extraño del caso residía en que eran ahora gobiernos y fuerzas políticas auto-identificadas como de izquierda los que asumían la defensa y el impulso de políticas centradas en la profundización de la vieja matriz primario-exportadora, aquella misma con la que nuestras sociedades fueran violentamente incorporadas al mundo del capital y su estructura de división internacional del trabajo. Esa matriz primario-exportadora, que fraguara como indeleble marca colonial de las economías latinoamericanas, y cuyas implicaciones externas (en términos de dependencia y “desarrollo del subdesarrollo”) e internas (configuración de élites oligárquicas autoritarias y rentísticas, estratificación social dualista y altamente desigual, etc.) fueran objeto de crítica y de análisis de lo mejor de la teoría social latinoamericana, era ahora reivindicada como una vía popular-emancipatoria por políticas (dichas) de izquierda. Como ya es harto sabido, las críticas y las resistencias a estas políticas, fueron sistemáticamente rechazadas y reprimidas, generando una escalada de violencia que, en este punto, llegó a equiparar las respuestas que se daban desde “derechas” e “izquierdas” en el poder. El argumento central de la izquierda oficialista era que estas posturas “le hacían el juego a la derecha” (Borón, 2013). Se reivindicaba el uso estatal de la renta extractivista como motor de las políticas de “desarrollo con inclusión social” y se veía en las críticas sólo intentos solapados o abiertos de desestabilización. Lamentablemente, para los gobiernos progresistas de la región –para los intelectuales y fuerzas políticas adherentes- el concepto de “extractivismo” acabó oficialmente devenido en “arma ideológica” del ambientalismo de derecha. El vicepresidente de Bolivia oficializó esta postura, señalando que “detrás del criticismo extractivista de reciente factura contra los gobiernos revolucionarios y progresistas, se halla pues la sombra de la restauración conservadora” (García Linera, 2012: 110). Los presidentes que más públicamente se mostraron en los ámbitos internacionales como “defensores de la Madre Tierra” y/o de los Derechos de la Naturaleza, fueron paradójicamente quienes más lejos llegaron en sus acusaban a los movimientos sociales que se intentaban frenar el “extractivismo”. Tempranamente, Rafael Correa planteó que “no crean a los ambientalistas románticos, pues todo el que se opone al desarrollo del país es un terrorista” (Cit. por Isch, 2014). En el mismo sentido, Evo Morales sentenció que “el ambientalismo es el nuevo colonialismo del siglo XXI” (Cit. por Stefanoni, 2012). El abanico de las descalificaciones iba desde los motes de infantilismo, romanticismo, pachamamismo, hasta las acusaciones de “eco-terroristas” y/o “agentes encubiertos del imperialismo”.
Luego, reunidos en la XII Cumbre del Alba en Guayaquil, los gobiernos progresistas emitían una declaración en la que señalaban: “rechazamos la posición extremista de determinados grupos que, bajo la consigna del anti-extractivismo, se oponen sistemáticamente a la explotación de nuestros recursos naturales, exigiendo que esto se pueda hacer solamente sobre la base del consentimiento previo de las personas y comunidades que vivan cerca de esa fuente de riqueza. En la práctica, esto supondría la imposibilidad de aprovechar esta alternativa y, en última instancia, comprometería los éxitos alcanzados en materia social y económica” (XII Cumbre del ALBA, Declaración de Guayaquil, 30 de julio de 2013).
Así, alegando los intereses de las clases oprimidas y la bandera de la lucha contra el imperialismo, los gobiernos progresistas terminaron justificando la senda del “extractivismo” como una condición necesaria para sostener los empleos, los salarios, las políticas sociales. Lamentablemente, ese razonamiento pasó por alto que sostener el empleo, los salarios, el consumo, etc., es sostener el crecimiento, las inversiones, las tasas de ganancia… En fin, el sistema mismo. El énfasis “anti-neoliberal” llevó a ocluir el fondo del problema. La prioridad de las políticas de “reactivación” condujo a soslayar los desafíos del cambio revolucionario. Como señaló Ruy Mauro Marini para ciclos anteriores, “se confundió crecimiento con transformación estructural” (Marini, 2013). Por desgracia para el curso presente y futuro de los procesos sociopolíticos, los tan ponderados “éxitos alcanzados en materia social y económica” no fueron comprometidos por la eficacia de las resistencias “anti-extractivistas”, sino, elementalmente, por el agotamiento del ciclo de alza de las commodities.
Esto cambia drásticamente las condiciones del diálogo, pero no el fondo de la cuestión. Es que, cuando iniciamos estos debates, vivíamos inmersos aún en un clima signado por la borrachera del crecimiento. La oficialidad del poder hacía gala de mayorías aplastantes forjadas al ritmo de las cotizaciones de petróleos, soja, pasta de celulosa, aceites y proteínas básicas prensadas, hierro, cobre, molibdeno, y por supuesto, oro y plata… Hoy, el escenario ha cambiado rotundamente. Ahora en cambio, el cuerpo social latinoamericano está atravesando el tiempo de la resaca… Como tantas otras veces en la historia económica de la región, el momento cíclico de auge, duró poco; tras el mismo, los efectos y los síntomas de las expropiaciones y devastaciones, afloran a la superficie. El dolor de la expropiación se siente a flor de piel (Machado Aráoz, 2012); los efectos anestésicos del consumismo -del consumo ostentoso de las élites; del consumo imitativo de las clases medias y el consumo compensatorio de las bases de la pirámide (Machado Aráoz, 2013; Scribano y DE Senna, 2014) han perdido eficacia. Son tiempos de aturdimientos y confusiones; también de crisis y levantamientos oblicuos, de efervescencia de la conflictividad social y política; en suma, de agudización y explicitación de las violencias y los violentamientos expropiatorios (Antonelli, 2016). Quizás, lo único promisorio de este sombrío escenario presente, es que, tal vez, estemos ahora, en mejores condiciones para volver a plantear y a re-pensar, precisamente, el fondo de la cuestión.
El extractivismo como geo-metabolismo del capital
El capitalismo vive a expensas de economías coloniales; vive, más exactamente de su ruina. Y si para acumular tiene absoluta necesidad de ellas, es porque éstas le ofrecen la tierra nutritiva a expensas de la cual se cumple la acumulación”. (Rosa Luxemburgo, 1912).
El fondo de la cuestión, a nuestro modo de ver, sobre la problemática del –probablemente mal llamado- fenómeno del “extractivismo” es el de la naturaleza colonial del capitalismo y, más genéricamente, el de los resabios (por cierto contradictoriamente antimaterialistas) antropocéntricos, productivistas y evolucionistas que aún hoy afectan la radicalidad revolucionaria del pensamiento marxista1.
Sobre la primera cuestión fundamental, cabe señalar que la razón progresista ha incurrido (interesadamente o no) en una gravosa omisión teórico-política sobre las raíces, los alcances y las funciones del extractivismo en la ecología-mundo del capital. Pretendiendo limitarlo temporalmente a ciertos períodos y/o restringirlo espacialmente a las geografías donde se localizan las “actividades extractivas”, los voceros de los gobiernos progresistas han procurado desconectar / desconocer los insoslayables vínculos histórica y geográficamente existentes entre extractivismo, colonialismo y capitalismo. Por caso, García Linera ha planteado que el extractivismo es sólo una fase o etapa de los procesos productivos que se halla en cualquier formación social, independientemente de sus características y condiciones histórico-políticas específicas. Para él, “el extractivismo, el no-extractivismo o el industrialismo (…) son sistemas técnicos de procesamiento de la naturaleza mediante el trabajo y pueden estar presentes en sociedades precapitalistas, capitalistas o sociedades comunitaristas. (…) Los críticos del extractivismo confunden sistema técnico con modo de producción y a partir de esa confusión asocian extractivismo con capitalismo, olvidando que existen sociedades no-extractivistas, las industriales ¡plenamente capitalistas!” (García Linera, 2012: 107).
Sin embargo, esto se contradice con (y reniega de) los análisis elementales de Marx sobre los orígenes y la naturaleza del capitalismo. El capitalismo es un modo histórico de producción que, desde sus orígenes, surge y se constituye como tal en cuanto sistema-mundo, no apenas como “economía nacional”. Aún cuando Marx se concentró en el análisis del capitalismo británico, como la expresión más acabada de éste en el siglo XIX, nunca postuló que la economía británica podía ser comprendida en sí misma, al margen de las relaciones coloniales establecidas con el resto del mundo. Y más aún, el apogeo británico del siglo XIX, no es un hecho azaroso, sino el resultado del proceso histórico de despliegue de las relaciones coloniales que Europa protagoniza a partir de fines del siglo XV.
Para una mirada pretendidamente marxista no es posible pasar por alto que en “los albores de la era de la producción capitalista” hallamos como, hechos determinantes, “el descubrimiento de los yacimientos de oro y plata de América, la cruzada de exterminio, esclavización y sepultamiento en las minas de la población aborigen, el comienzo de la conquista y saqueo de las Indias Orientales, la conversión del continente africano en cazadero de esclavos negros…” (Marx, 1976: 638). Además, como han destacado los análisis de Rosa Luxemburgo (1912) y de David Harvey (2004), los hechos desencadenantes de la acumulación originaria no revisten apenas el valor de acontecimientos del pasado que signan los orígenes del capitalismo, sino que se trata de un modus operandi que revela la lógica intrínseca, constitutiva y constituyente del capitalismo. Lejos de ser una etapa en el desarrollo del capitalismo que se restringe a sus orígenes, esas formas de expoliación y de saqueo constituyen un aspecto inherente y continuo del capitalismo a lo largo de sus diversas fases históricas.
El análisis de Rosa Luxemburgo es sumamente esclarecedor de esta desigualdad geográfica permanente en el tiempo, propia del capitalismo como sistema mundial. Para ella, el proceso de producción de plusvalía que acontece en las metrópolis imperiales (“la acumulación como proceso puramente económico”) es inseparablemente subsidiario de “la política colonial” que “se desarrolla en la escena mundial”, donde la acumulación acontece ya, “sin disimulo” por medio de “la violencia, el engaño, la opresión y la rapiña” (Luxemburgo, 1912). En la economía-mundo del capital, las geografías industrializadas están “orgánicamente vinculadas” a las geografías coloniales (donde impera lisa y llanamente la acumulación por despojo); por tanto, “la evolución histórica del capitalismo sólo puede ser comprendida si las estudiamos conjuntamente” (Luxemburgo, 1912).
Así, es preciso descartar de plano una burda falacia argumental sobre el “extractivismo” : no se puede concebir extractivista a la economía brasileña por su alta tasa de exportación de bauxita y no-extractivista a la economía alemana, que es la de mayor índice de consumo de aluminio per cápita tiene a nivel mundial, cuando precisamente, el aluminio que consume la economía alemana está provisto por yacimientos ubicados en territorio brasileño. El “vínculo orgánico” que plantea Rosa entre las economías industrializadas y las zonas coloniales remite directamente al des-en-cubrimiento del extractivismo como dispositivo colonial del geo-metabolismo del capital.
De tal modo, efectivamente, el extractivismo no es un modo de producción, pero tampoco es una fase de los procesos productivos, ni es algo que defina apenas la economía de un país o región donde se realiza la extracción. Ni es un fenómeno reciente, ni es algo atemporal. El extractivismo es un fenómeno estructural, históricamente delimitado a la moderna era del Capital. Emerge como producto histórico geopolítico de la diferenciación y jerarquización originaria entre territorios coloniales y metrópolis imperiales; los unos concebidos como meros espacios de saqueo y expolio para el aprovisionamiento de los otros.
En este sentido, no es posible pasar por alto el fundacional y determinante papel performativo desempeñado por la conquista y colonización de América en el surgimiento, expansión, y consolidación del capitalismo como patrón de poder mundial y modelo civilizatorio hegemónico. El hallazgo de la naturaleza americana se erige así como el pilar fundacional de ese proceso y la condición de posibilidad misma del capitalismo como tal. Desde entonces hasta el presente, ininterrumpidamente, la “riqueza” de la naturaleza americana (y de las zonas coloniales, en general) se constituirá en la materia prima de la acumulación capitalista global; proveerá las bases materiales y simbólicas de la producción capitalista de la naturaleza y de la configuración de la naturaleza como objeto colonial del capital.
Esto es, la cosmovisión propiamente moderno-capitalista de la Naturaleza -basado en una concepción eminentemente antropocéntrica/utilitarista de la misma- y el patrón hegemónico de relacionamiento extractivista resultante, se con-formaron en el específico contexto socio-histórico del “descubrimiento” y la conquista de la naturaleza americana. Así, el modus operandi del conquistador fungió como habitus a partir del cual se construyeron las tecnologías materiales, institucionales y representacionales de apropiación, uso y manipulación de la Naturaleza, a la postre, instituidas como “únicas”, “universales”.
Ese habitus conquistador está en la quintaesencia del sujeto moderno, del prototipo del individuo racional; el que ya encarnado en sus roles de científico, de empresario, y/o de funcionario estatal (intercambiablemente) se arrogó el monopolio del tratamiento y disposición (ya “científica”, ya “eficiente”, ya “legal”) de la Naturaleza. Así, a partir de entonces y hasta la fecha, la Naturaleza-Vida, degradada ya a su condición de mero recurso, va a ser unilinealmente pensada, concebida y tratada como objeto de conquista, de explotación, al servicio de la acumulación.
La idea de colonialidad de la naturaleza remite a este dispositivo epistémico a través del cual el capital trazó una trayectoria de objetualización, cientifización y mercantilización de la Naturaleza, tanto de la naturaleza exterior (=territorios-recursos naturales), como de la naturaleza interior (=cuerpos-fuerza de trabajo). El historiador de la ciencia Peter Bowler destaca cómo la formación del “espíritu científico” moderno y la propia constitución de las ciencias naturales estuvieron motivacionalmente fundadas “no sólo por el deseo de explorar sino también de explotar una proporción siempre mayor de la superficie terrestre… Tal actitud exigía una visión más impersonal de la naturaleza; una imagen de los seres vivos como meros artefactos que estaban ahí para ser explotados” y no es una detalle menor el hecho de que esos descubrimientos fueran protagonizados “por hombres que no eran ilustrados, sino comerciantes que partían en busca de ganancias” (Bowler, 1998: 50-55). De tal modo, desde el siglo XVI en adelante, asistimos al ascenso de una concepción mecanicista de la naturaleza como verdad científica, que coadyuvó a “legitimar la despiadada actitud de una época donde el lucro era lo único que importaba” (Bowler, 1998: 50).
Ahora bien, vale remarcar entonces que ese sistema representacional no se creó en el aire; ni con anterioridad a la organización global de la economía política del saqueo. La colonialidad como la cara oculta de la Modernidad no es concebible al margen y/o independientemente de la dinámica material-energética, socio-geo-metabólica, de imposición de un patrón mundial estructural de explotación de los territorios y los cuerpos así con-vertidos en botines de guerra/objetos de conquista. Como precisa el geógrafo brasileño Carlos Walter Porto Goncalves, “sin el oro y la plata de América, sin la ocupación de sus tierras para las plantaciones de caña de azúcar, de café, de tabaco y de tantas otras especies, sin la explotación del trabajo indígena y esclavo, Europa no sería ni moderna, ni centro del mundo” (Porto Goncalves, 2003: 168).
Esto significa que no hay colonialidad sin colonialismo; y que no hay capitalismo sin extractivismo. El extractivismo, tal como lo hemos definido y caracterizado (Machado Aráoz, 2015), remite al patrón geográfico-colonial de apropiación y disposición de las energías vitales (las primarias energías naturales y las secundarias, socioterritoriales) por parte de una minoría social violenta que ha impuesto la economía de guerra, como cosmovisión y práctica de relacionamiento con el mundo; lo que, a largo plazo, produce condiciones (ecobiopolíticas) de superioridad en unos (pocos) seres humanos y grupos socioculturales, y efectos (ecobiopolíticos) de inferiorización en vastas mayorías de aquellos.
Por otro lado, al ser un sistema autoexpansivo, que toma como finalidad un objeto abstracto (la acumulación de valor) desentendiéndose de la materialidad concreta del mundo de la vida, el capitalismo crea una Naturaleza donde la producción de “riqueza” está dialéctica e inexorablemente ligada a la depredación de las fuentes y medios de vida. La capitalización de la Naturaleza -incluso en las formas del conservacionismo- es la muerte de la Naturaleza.
Ahora bien, esa muerte no se distribuye proporcional y simétricamente; anida de modo diferencial, en las economías coloniales, así marcadas como zonas de sacrificio. La economía imperial del capital, el modo de vida imperial (Brand y Wissen, 2013) de las élites que detentan el control oligopólico de los medios de violencia, sólo se hace “sostenible” a costa de la explotación extractivista de los cuerpos y los territorios; es decir, de la Vida en sus formas históricas elementales. Por eso el capital, es una necro-economía de frontera. “La apropiación de la tierra y el trabajo de frontera ha sido la condición indispensable para las grandes olas de acumulación de capital (…). Las apropiaciones de frontera envían vastas reservas de trabajo, alimento, energía y materias primas a las fauces de la acumulación global de capital” (Moore, 2013), sin las cuales ésta no sería materialmente posible.
¿Crecer para salir del neoliberalismo? Los espejismos del “crecimiento con inclusión social”
El capitalismo de crecimiento ha muerto. El socialismo de crecimiento, que se le parece como un hermano gemelo, nos refleja la imagen deformada de nuestro pasado, no la de nuestro futuro” (André Gorz, “Ecología y Libertad, 1977).
Ver y comprender hasta qué punto el capitalismo no puede funcionar sino a expensas de la explotación extractiva de economías coloniales, podría no ser políticamente tan importante si no fuera que estamos viviendo y hablando de y desde Nuestra América. Entender y sentir hasta qué punto la explotación de la Tierra es, en sí misma, la explotación de los cuerpos, es algo crucial para quienes estamos situados en una perspectiva epistémico-política del Sur (Souza Santos, 2009). Pues precisamente, ello nos hace tomar conciencia de que la “riqueza” que el capital acumula y que (en sus versiones progresistas) promete “redistribuir” es la riqueza del valor abstracto, esa cuya acumulación se amasa a costa de la fagocitosis de los expropiados; de” los condenados de la Tierra” (Fanon, 1961).
Como ya señalamos en otras oportunidades, los extravíos de la razón progresista nacen precisamente de aquella omisión. Al abrazar fervientemente la fe ciega en el progreso (esto es, el credo colonial-capitalista del evolucionismo, el cientificismo y la omnipotencia y la ‘neutralidad’ tecnológica), la razón progresista cree firmemente en el crecimiento infinito como horizonte universal y deseable de la historia y en la redistribución de ese crecimiento como “camino” de la redención social. Ese imaginario colonial ha “atacado” de nuevo los esfuerzos emancipatorios nuestroamericanos recientes. En las encrucijadas del capitalismo/colonialismo senil, los gobiernos progresistas de América Latina, surgidos e impulsados por resistencias populares contra el neoliberalismo, han recaído –una vez más- en la ceguera colonial de las fantasías desarrollistas. Han tentado romper las cadenas de la opresión histórica, profundizando sin embargo, las sendas estructurales que las forjaron. Omitiendo que el problema de fondo era y es el capitalismo/colonialismo, se optó por confrontar con el “neoliberalismo”. Confundiendo “crecimiento” con “revolución social”, apostó al crecimiento –sí, claro, con redistribución del ingreso- como “vía de salida” hacia el “post-neoliberalismo”. Pese a todas las advertencias en contrario, la obsesión por el crecimiento, por la expansión del consumo, el “ascenso de las clases medias” como vía de “superación de la pobreza”, terminó provocando una gravosa amnesia política sobre qué es lo que crece y sobre los efectos eco-biopolíticos de ese crecimiento.
Ineludiblemente, lo que crece con el crecimiento (del PBI, de las inversiones, de los empleos, y aún de los salarios y el consumo popular) es el capitalismo. El crecimiento no nos saca ni nos aleja de éste; sino que nos hunde cada vez más en sus fauces necro-económicas. Nuestro crecimiento, el de nuestras economías latinoamericanas, es el crecimiento específicamente del capitalismo periférico-colonial-dependiente. Por tanto, es la profundización de las condiciones histórico-estructurales de súper-explotación (Marini, 1973); de depredación de la Tierra y de los Cuerpos como materia prima para la realización de la acumulación global. Nuestro crecimiento no nos alejó del capitalismo, sino que fue funcional a su reactivación e intensificación. No sólo en términos macro-geopolíticos, ya que el boom de los commodities alimentó el crecimiento industrial chino, como locomotora del mundo; sino también en términos micro-bio-políticos, pues la expansión del consumo opera como una gran fábrica de producción capitalista de subjetividades, de sensibilidades y sociabilidades hechas cuerpos, donde las formas de percepción de la realidad, los modos de estructuración de las relaciones sociales y hasta los modos de pensar la propia vida, los sueños, los deseos y el sentido de la existencia, están completamente mediados y colonizados por la lógica fetichista de la mercancía.
La expansión de la fiebre consumista, lo sabemos, provoca estragos en las energías revolucionarias. Cuando la forma mercancía se convierte en portadora de la felicidad; cuando el acceso a éstas es tomado como indicador de “bienestar social”; cuando el universo de los ideales políticos, las máximas aspiraciones libertarias, igualitarias y de justicia, se reducen drásticamente a la aspiración minimalista de ‘participar’ en el consumo de mercado, es cuando ya hemos perdido completamente el rumbo y hasta el sentido de la vida.
Nuestras críticas a los gobiernos progresistas en modo alguno buscaron “hacerle el juego a la derecha”; todo lo contrario. Simplemente procuraron remarcar que hablar de “capitalismo salvaje” es una tautología y que predicar el “capitalismo humanizado” es un oxímoron. El capitalismo no admite adjetivaciones; es simplemente eso: un régimen de relaciones sociales que opera la fagocitosis de las energías vitales como medio para la acumulación pretendidamente infinita del valor abstracto. En ese proceso consume la vitalidad de la Tierra y la humanidad de lo humano.
Ahora, que se vienen de nuevo tiempos de “ajuste y recesión” bien vale la pena recordar lo que dijimos en tiempos de auge y expansión: el neoliberalismo no es apenas sinónimo de privatizaciones, ajustes, recortes de salarios y de las políticas sociales. El neoliberalismo es una fase del capital cuya característica central está dada por el predominio de procesos de acumulación por despojo (Harvey, 2004), vale decir, por la intensificación de las dinámicas de mercantilización mediadas por múltiples y crecientes recursos de violencia. El neoliberalismo es, ni más ni menos, que el capitalismo en su fase senil; la era de la acumulación en tiempos de agotamiento del mundo y de crisis terminal de las energías vitales, tanto las primarias (que brotan de la Tierra) como de las sociales (que surgen y se movilizan por el trabajo).
Precisamente porque la economía política de la devastación (Foster, 2007) ha llegado a sus límites, la fase del extractivismo neoliberal implica el inicio de una nueva era: la era de la explotación no convencional. Es que las formas convencionales de la explotación (tanto de la fuerza de trabajo-naturaleza interior, como de la Tierra-naturaleza exterior) han tocado fondo. Es el agotamiento de las formas neotayloristas de disposición de los cuerpos y extracción de las energías sociales; es el agotamiento de las formas convencionales de extracción de energías en sus formas primarias (petróleo, minerales, nutrientes, proteínas). Es, por consiguiente, el inicio de nuevos regímenes de trabajo/tecnologías de extracción de plusvalía y de nuevas tecnologías de extracción y súper-explotación de los “recursos no convencionales”: la era de la del fracking, del shale-oil y el presal; de la minería hidro-química a gran escala; de las mega-plantaciones también químicas y carburíferas; la era de la transgénesis y de la intervención mercantilizadora sobre las estructuras microscópicas de la vida (nanotecnología) así como de las geo-ingenierías y los mercados de carbono, oxígeno, fósforo, nitrógeno, etc. Bajo esta dinámica, el capital avanza creando nuevos regímenes de naturaleza (capital natural) y nuevos regímenes de subjetividad (capital humano), cuyos procesos de (re)producción se hallan cada vez más subsumidos bajo la ley del valor. Ese avance del capital supone una fenomenal fuerza de expropiación/apropiación de las condiciones materiales y simbólicas de la soberanía de los pueblos; de las condiciones de autodeterminación de la propia vida. Y todo ello se realiza a costa de la intensificación exponencial de la violencia como medio de producción clave de la acumulación.
Así, pues, vivimos tiempos de agudización y explicitación de las violencias y los violentamientos expropiatorios. No casualmente, días atrás, el relieve sociopolítico de Nuestra América se ha visto sacudido por el brutal asesinato de Berta Cáceres, acompañado también de agresiones y de intentos de incriminación a Gustavo Castro Soto, otro compañero, aunados en las luchas contra los mega-proyectos hidroélectricos, de minería a gran escala y monoculturas extractivistas varias que implican, en el fondo, los nuevos “enclosures” del Siglo XXI. Incontrastablemente, el motivo de semejante crimen fue que Berta se había tornado en un duro obstáculo para los proyectos del poder. Como lideresa firme y clara, tenía plena conciencia que su vida corría peligro. Ella misma, unos meses antes de su asesinato denunciaba que el terrorismo, la militarización y las persecuciones que estaban viviendo campesinos, pueblos originarios, el pueblo Garífuna en Honduras, eran parte de una estrategia cuyo fin era “decapitar el movimiento social que está resistiendo en los territorios el avance del capitalismo”. En una entrevista de noviembre de 2014, el periodista le pregunta: “Berta, frente a esta ola de asesinatos, ¿temes por tu vida?”; y Berta contesta: “Sí, sí. Bueno, tenemos temor… En Honduras no es fácil; es un país en el que se vive una violencia brutal; son constantes los asesinatos, las amenazas, los atentados a la vida… El encarcelamiento, las órdenes de prisión, bueno, esos son riesgos menores. (…) Lo más peligroso en Honduras, que yo misma lo siento, es el riesgo de perder la vida… (…) Pero sí, tememos por nuestra vida, pero yo también quiero decir categóricamente que no nos van a paralizar por el miedo. Eso sí, que lo sepan ellos. Además, aunque sucediera, yo estoy absolutamente convencida de que el pueblo lenca y la resistencia del pueblo hondureño no va a cesar, al contrario, va a crecer más aún”2.
Forma extrema de los violentamientos, el asesinato de Berta, como el de tantas y tantos otros sujetos/cuerpos-conscientes de su territorialidad en Nuestra América, emerge como inequívoco síntoma de la fase senil, ultra-predatoria en la que ha ingresado el metabolismo necro-económico del Capital, esa ecología-mundo que ha prosperado y ha usurpado el nombre de la humanidad, a costa de la depredación sacrificial de las economías de frontera; de su Tierra y su Trabajo. Berta tenía clara conciencia de que el modo de vida capitalista, colonial, patriarcal contra el que luchaba, precisaba, para progresar, fracturar las conexiones vitales-existenciales entre cuerpos-trabajo y Tierra-territorios de vida. Berta lucha junto a esos cuerpos primitivizados por la violencia modernizadora del capital. Por eso, para la “opinión pública”, en las crónicas periodísticas convencionales, Berta era presentada como “defensora de los Derechos Humanos”. Para quienes la conocimos, para muchas y muchos que hacen parte de esos cuerpos en re(ex)sistencia, Berta es una Defensora de la Madre Tierra. Tenemos la íntima convicción que ella misma prefería esta última presentación; porque su vida es, en sí, una pedagogía política que nos enseña que no hay derechos humanos por afuera ni por encima de la Madre Tierra; que no hay “dignificación del ser humano” ni “lucha contra la explotación de la/os trabajadora/es” que se logre a costa de la explotación y la depredación de la Tierra.
De la cuestión de fondo a lo fundamental. Pensar-nos Tierra como clave para re-orientar nuestras luchas emancipatorias.
La naturaleza es el cuerpo inorgánico del hombre; es decir, la naturaleza en cuanto no es el mismo cuerpo humano. Que el hombre vive de la naturaleza quiere decir que la naturaleza es su cuerpo, con el que debe mantenerse en un proceso constante, para no morir. La afirmación de que la vida física y espiritual del hombre se halla entroncada con la naturaleza no tiene más sentido que el que la naturaleza se halla entroncada consigo misma, y que el hombre es parte de la naturaleza” (Karl Marx, Manuscritos Económicos Filosóficos de 1844).
Salvo notables excepciones, el pensamiento tradicional de izquierda y el marxismo ortodoxo en general ha tendido a priorizar la opresión de clase por sobre la explotación de la Naturaleza, como si fueran dos problemáticas distintas e inconexas. Sin embargo, este tipo de razonamiento está en abierta contradicción con la ontología materialista de Marx, que al pensar los fundamentos de la realidad, en lugar de la conciencia, del Sujeto o del Objeto, parte del cuerpo. En efecto, para Marx, “(L)la primera premisa de toda la historia humana es la existencia de individuos humanos vivos. El primer hecho a constatar es, por tanto, la organización corpórea de esos individuos y la relación por eso existente con el resto de la naturaleza” (Marx y Engels, 1974: 19).Se trata de una premisa fundamental sobre la que se edifica todo el pensamiento filosófico, antropológico y político de Marx.
Pues, en primer lugar, partir de los individuos humanos vivientes, implica, ante todo, negar radicalmente toda separación entre Naturaleza y Sociedad y rechazar todo antropocentrismo. O, si se prefiere, supone partir de la afirmación básica de que el ser humano es naturaleza. La materialidad del cuerpo remite indefectiblemente al enraizamiento histórico-material que lo humano tiene respecto de la Naturaleza en general. Una perspectiva histórico-materialista –como la que propone Marx- nos lleva a reconocer que, históricamente, venimos de la Naturaleza: somos parte del proceso natural de irrupción, despliegue y complejización de la materia en el transcurso geológico de la vida en el planeta. Y que fisiológicamente, dependemos de la Naturaleza: los cuerpos humanos vivientes (naturaleza interior) tienen una relación de dependencia existencial con el conjunto de seres vivos y de factores y condiciones biosféricas de la Tierra (naturaleza exterior). La Tierra -como sistema viviente- nos excede, nos precede y nos contiene absolutamente. Nuestra vida es estructural y funcionalmente dependiente de una sistemática e ininterrumpida vinculación material con el resto de la Naturaleza en general. Por tanto, lo humano no puede ser escindido de la naturaleza; no puede ser pensado o concebido como algo exterior, ajeno o contrapuesto a la naturaleza.
En segundo término, al partir de los cuerpos, Marx coloca la cuestión de la vida -la problemática de los individuos humanos vivientes- en la base de su construcción teórica y en el centro de sus preocupaciones políticas. A diferencia del idealismo, del empirismo naturalista y del materialismo mecanicista (cada uno, en sus diferentes variantes), Marx no concibe el mundo ni como “idea” ni como “cosa”, sino como vida-práctica. En Marx, lo real es lo vivo en cuanto tal: el conjunto de procesos práctico-materiales a través de los cuales acontece la vida en general; y también, en particular, la vida humana, como una expresión histórico-específica de aquella.
Así, la centralidad del cuerpo, en cuanto permite despejar la ficción idealista de todo antropocentrismo, es fundamental para una epistemología política que se piensa en clave de emancipación y realización plena de la Vida. Pues, cuando lo que ocupa el centro de nuestras preocupaciones epistémicas y políticas es la vida plena de los seres humanos vivientes, no hay lugar ahí para sustentar la falacia del antagonismo de “el hombre” vs. “la naturaleza”. Por el contrario, se hace evidente que, en realidad, la contradicción Capital vs. Trabajo, no es anterior ni exterior, a la contradicción Capital vs. Naturaleza-Vida; que no se trata de dos contradicciones (O´Connor, 2001), sino pues solo de una única gran contradicción fundamental, en la que la dinámica necro-económica del capital supone (y requiere) sacrificar la vida (en la radicalidad de sus fuentes y en la diversidad de sus formas y manifestaciones) en el altar del valor abstracto. Se hace, en definitiva, manifiesto que el encarcelamiento de la Tierra –a través de la propiedad- es el primer eslabón de los grilletes que encadenan al Trabajo.
Así, la crucial cuestión de la liberación humana (de las ataduras del capital) requiere hoy, más que nunca, en los umbrales del Siglo XXI, re-pensar la Tierra. Re-pensar la Tierra como cuestión vital-fundamental, es re-pensarla y re-descubrirla como Madre. Y es también re-pensar-nos a los seres humanos, como ontológicamente hijos de la Tierra; seres terrestres, en el sentido existencial de que no sólo vivimos apenas sobre la Tierra y de la Tierra, sino que literalmente somos Tierra. Precisamos, de modo urgente, volver a saber-nos y, sobre todo, sentir-nos Tierra.
Pues, si la (in)civilización del capital ha llegado tan lejos en la devastación y denigración de la Vida, es precisamente porque no sólo ha crecido y se ha mundializado declarándole la guerra la Madre-Tierra, sino porque además, decisivamente, ha sido muy eficaz en la creación de sujetos-individuos que no se conciben como hijos-de-la-Tierra, sino que la sienten y conciben desde la exterioridad, la superioridad y la instrumentalidad. Individuos que creen y que sienten que viven del dinero y no de la Madre-Tierra; que conciben el progreso y el desarrollo de lo humano, en términos de dominio y explotación presuntamente infinita de los “recursos” de la Tierra.
Frente al escenario de barbarie mundializada y diversificada que nos ofrece el siglo XXI, tras más de cinco siglos de “desarrollo capitalista”, necesitamos, de modo urgente, re-pensar la Tierra para re-orientar el horizonte y el sentido de nuestras luchas emancipatorias.
Re-pensar la Tierra como Madre no es romanticismo pachamamista ni oscurantismo anti-científico. Si bien sí es una afirmación efectivamente pre-científica (en el sentido de que se trata de un saber humano cuya articulación como tal antecede históricamente a la propia constitución de la ciencia, como régimen hegemónico de producción de conocimientos), se trata, sin embargo, de una verdad fundamental, no sólo en el más profundo sentido filosófico, sino también en el más riguroso sentido científico. Re-conocerla como tal y adecuar a ella nuestros modos de vida, nuestras instituciones, nuestras subjetividades, es decir, nuestros cuerpos y nuestros sueños, nuestras formas de concebir, percibir, pensar, sentir y vivir nuestro lugar en el mundo, es quizás, el mayor desafío pedagógico-político que afrontamos como especie, en un momento donde el camino de la emancipación se ha tornado, ni más ni menos, que el camino por la sobrevivencia; la sobrevivencia, al menos, de la humanidad de lo humano. Si las fuerzas de izquierda no asumen como propio este desafío, ¿entonces quiénes?

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1 Sobre este punto, remito a lo planteado en nuestro artículo “Marx, (los) marxismo(s) y la ecología. Notas para un alegato ecosocialista”. Revista GEOgraphia, Vol. 17, N° 34. Universidade Federal Fluminense. 2015. Pp. 09-38. http://www.uff.br/geographia/ojs/index.php/geographia/article/view/837
2 Entrevista realizada por Resumen Latinoamericano, Noviembre de 2014. Disponible en: https://www.youtube.com/watch?v=R7vrgwbS074

Rebelion. El debate sobre el extractivismo en tiempos de resacaRebelión es un medio de información alternativa para las noticias que no son consideradas importantes por los medios de comunicación tradicionales.
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¡El Buen Vivir es pa ra todos y todas, o no lo es!, entrevist a a Alberto Acosta

¡El Buen Vivir es para todos y todas, o no lo es!

Entrevista con Alberto Acosta, economista y político ecuatoriano.
Por Felipe Milanez.*
http://entitleblog.org/2016/03/18/el-buen-vivir-es-para-todos-y-todas-o-no-lo-es/

buena-vida-albertoacostaEl economista y político ecuatoriano, Alberto Acosta. Fuente: gredos-tietar.slowfood.es.

Alberto Acosta ha publicado en Brasil este año la traducción del libro “El Buen Vivir“. En esta entrevista, hecho por e-mail, el intelectual ecuatoriano desarrolla una reflexión sobre la actual crisis por la que pasan los gobiernos progresista en América del Sur. La relación entre la bajada de los precios de las materias primas y un nuevo tipo de caudillismo son lo que marca este momento. Mirando al pasado, se habla del legado mas que de sus posibilidades de futuro. El concepto de “buen vivir”, tal como él presenta, es una oportunidad y una posibilidad de una profunda transformación económica, cultural y social. La tarea es urgente.

Felipe Milanez: En el actual momento de crisis de los gobiernos progresistas en América del Sur, con una perspectiva de retroceso, cual son las alternativas posibles de imaginar?

Alberto Acosta: La actual crisis que atraviesa América Latina debe leerse ampliamente. Si bien hoy vivimos una crisis global multifacética, sistémica y con rasgos civilizatorios, sin embargo, la crisis de la región tiene características propias. Además esa crisis golpea, sin discriminar, a países con gobiernos neoliberales y progresistas. El impacto a estos últimos anticipa su fracaso, pues durante la larga bonanza de precios de materias primas “inflados” (al igual que los discursos soberanistas), poco o nada avanzaron los progresismos en transformar las condiciones técnicas de producción y sus relaciones sociales, las cuales siguen atadas a los vaivenes del mercado mundial y a las demandas de acumulación del capital transnacional.

En lo político, los países “progresistas”, con algunos matices, se caracterizan por haber consolidado estructuras gubernamentales caudillistas. No construyeron gobiernos participativos, donde la toma de decisiones emerja desde lo comunitario, impulsando una lógica horizontal de la discusión y el manejo del poder. Nada de eso ha sucedido. En particular Chávez, Evo y Correa devinieron en caudillos del siglo XXI.

chavezcorreamorales0701Los presidentes Hugo Chávez (Venezuela), Rafael Correa (Ecuador) y Evo Morales (Bolivia) en un acto en 2007. Fuente: internationalist.org.

El retorno del Estado, que aparecía como indispensable para superar el neoliberalismo, terminó configurando una lógica estatista a ultranza. Lo que antes se presentaba como una recuperación de lo “público” como resultado de la lucha de los movimientos sociales, ha terminado reeditando el Estado de Bienestar en lo económico (modernizador del capitalismo) mezclado en lo político con tintes autoritarios. El estatismo de corte leninista, vertical y autoritario, a más de tecnocrático en algún sentido, cerró la puerta a la conformación de otro Estado, controlado por la sociedad y desde abajo. En Bolivia y, sobre todo, en Ecuador no se plasmó el Estado plurinacional aprobado en sus respectivas constituciones. Al contrario se han profundizado rasgos del Estado colonial, oligárquico y patriarcal. En medio de esto, la transformación cultural quedó en nada. Tan es así que el consumismo exacerbó el individualismo en contra las lógicas comunitarias, que deben ser la base de las grandes transformaciones. Las propuestas del Buen Vivir (sumak kawsay o suma qamaña o ñande reko) se transformaron en simples instrumentos propagandísticos a favor del poder, con los cuales estos regímenes han tratado, además, de disciplinar a sus sociedades.

Como una “triste paradoja” que jamás tendremos que olvidar, vemos que hoy las prácticas represivas de estos gobiernos progresistas marcan su accionar. Algunos personajes que en su momento incluso lucharon contra dictaduras son hoy quienes desde su boca proclaman discursos “socialistas” y “libertarios”, pero con una mano restringen la libertad de expresión y con la otra reprimen a los movimientos sociales y criminalizan la protesta popular. Al forzar el extractivismo se profundizaron las violencias estructurales tanto sociales como ambientales, con las consiguientes reacciones políticas de pueblos que llegan a sentirse hasta traicionados. Si bien el “progresismo” inicialmente trajo avances sociales, con el paso del tiempo estos se perdieron en los clientelismos y poco a poco en lógicas inclusive privatizadoras, como sucede con la salud en Ecuador.

Al cabo de una década de progresismos (y algo más en algunos países), cuando estos parecen agotarse, sigue pendiente la tarea de una gran transformación democrática y cultural… No hay duda, el progresismo sudamericano, que todavía podrá estar presente por un tiempo en el escenario político, está enfrascado en una discusión sobre sus legados, es decir sobre su pasado. Ya no representa un futuro o alternativa de cambio para el presente, y menos aún una opción de futuro.

Felipe Milanez: Como es posible avanzar una transformación post-extractivista en un escenario donde con los precios mas bajos, el esfuerzo de los gobiernos es exportar todavía mas recursos naturales?

Alberto Acosta: Brasil es un caso tristemente paradigmático en este momento. El país con mayores capacidades para transformar su estructura productiva y sus relaciones sociales -a partir de construir una economía independiente de la acumulación primario exportadora- fracasó en toda la línea. En los años del gobierno del PT, hay un proceso de desindustrialización y reprimarización, tal como en otros países de la región. Esto explica la enorme fragilidad regional frente a los vaivenes de la economía internacional: Brasil, el Brasil de los trabajadores, tenía el potencial para liderar un proceso integrador con profundas bases transformadoras. No lo hizo. Por el contrario reedito viejas prácticas de su tradicional subimperialismo. Así las cosas, los progresismos en Brasil y en los otros países fracasaron. Tal situación sin duda implica un retroceso y una consolidación del subdesarrollo capitalista hoy vigente en nuestra región, más allá de cualquier propaganda gubernamental.

Es innegable que los problemas económicos en la región están vinculados a situaciones internacionales, como la caída de los precios de las materias primas y la misma revalorización del dólar, en un contexto mundial de pugnas geopolíticas inusitadas. Sin embargo, si los países con gobiernos progresistas se hubieran encaminado a un verdadero proceso de liberación de su dependencia externa, si habrían impulsado una integración autonómica real, hoy viviríamos otra situación. Con el extractivismo exacerbado se ahondaron las modalidades de acumulación primario exportadoras y, por ende, las relaciones de sumisión, reeditando lógicas y prácticas del viejo pasado colonial. Y esto resultó aún más grave porque en estos países los problemas económicos ya estaban presentes antes de la caída de los precios de las materias primas. Es decir, la crisis no se explica solo por factores externos, sino también internos: no hubo la transformación productiva y mucho menos se enfrentó la condición capitalista de nuestros países. Podemos pensar que el gran sistema capitalista mundial, al cual hoy somos más dependientes que antes, se encuentra en crisis, pero al mismo tiempo cada capitalismo doméstico ya vivía sus propias complicaciones.
Y bajo el argumento de una respuesta “pragmática” a la crisis, los progresismos están propiciando directa o indirectamente el retorno del neoliberalismo. El Gobierno neoliberal a ultranza de Macri en Argentina no habría sido posible sin los avances neoliberales y extractivistas del Gobierno de los Kirchner. Y ese futuro es el que le espera a toda la región si no hay un cambio urgente de tendencia…

El caso de mi país, Ecuador, es hasta dramático: con una mezcla de tragedia y comedia como diría Marx. No solo que el Gobierno de Correa enfrenta esta crisis introduciendo la clásica receta neoliberal de la flexibilización/precarización laboral, sino que está a punto de suscribir un Tratado de Libre Comercio (TLC) con la UE, es decir está presto a aceptar una suerte de constitución económica neoliberal, que de eso se trata un TLC. Ningún gobierno anterior “progresó” tanto en este sentido.

Correa impulsa la privatización abierta (gasolineras de Petroecuador, p.e.) y encubierta (salud y educación, p.e.), a más de la entrega de campos petroleros maduros a las transnacionales: ¡traición a la Patria!, decía el propio Correa en los años 2005 y 2006, antes de ser presidente; para consolidar este proceso se aprobó una ley de Alianzas público-privadas, eufemismo que encubre las privatizaciones. Pero sin duda el endeudamiento agresivo -sin transparencia- es la opción más socorrida del correísmo para enfrentar la crisis… deuda para pagar deuda, como en la larga noche neoliberal, e incluso la aberración de deuda para sostener la liquidez, pues recordemos que el Ecuador es un país dolarizado que no puede emitir moneda propia. Así, para colocar bonos en el mercado financiero retornó al redil del Fondo Monetario Internacional (FMI) desde 2014.

Casa adentro propicia la descapitalización de la seguridad social y la eliminación de fondos como el de los maestros: solo falta su privatización… El saldo del correismo es un creciente enriquecimiento de las grandes burguesías del país, como la banca, que ha ganado como nunca en la historia, y que hoy hasta está nuevamente autorizada a cobrar por sus servicios: Correa borra con el codo lo que hizo con la mano al inicio de su gestión. Los oligopolios permanecen intocados. En 2006 las 300 empresas más grandes tenían un ingreso equivalente al 45% del PIB, el año pasado, las mismas 300 empresas aumentaron ese porcentaje al 76%… En Ecuador la crisis se la debemos también a Correa: no fue capaz de impulsar una transformación productiva y de sus respectivas relaciones sociales…Y todo este “retorno al Washington Consensus” se hace con la propia intervención del Estado, por eso podemos ya hablar de un “neoliberalismo transgénico”.

Felipe Milanez: Como imaginas el futuro después de estos últimos anos de megaextractivismo, como que puede suceder en Xingu, con la hidroeléctrica de Belo Monte, o Yasuni, en Ecuador?

Alberto Acosta: El extractivismo masivo explica, como ya dijimos, un ahondamiento de las estructuras políticas autoritarias. Y por cierto este extractivismo en creciente expansión, sumado a las lógicas productivistas y consumistas dominantes -propias de la modernización capitalista- provoca un creciente deterioro ambiental, como es el caso de la creciente y descontrolada urbanización, así como la expansión de la frontera minera y petrolera, a la que se suma la bonanza de los monocultivos.

Lo que sucede en Xingú en Brasil acontece en el TIPNIS o en el Yasuní en Ecuador. La lista de atropellos es interminable. Los gobiernos progresistas en general han sido desarrollistas y, por tanto, depredadores de la Naturaleza. El mismo gobierno de Correa en Ecuador, que abrió la puerta a la esperanza con la Iniciativa Yasuní-ITT, para dejar el petróleo en el subsuelo amazónico, transformó la esperanza en un lúgubre futuro al sucumbir a las presiones de los intereses petroleros. Y este Gobierno, del país en donde por primera vez se constitucionalizaron los Derechos de la Naturaleza, se transformó en el mayor extractivista de la historia: amplía la frontera petrolera en el Yasuní y al sur de la Amazonia, abre la puerta a la megaminería, promueve los monocultivos y la producción de los bio o agrocombustibles, al tiempo que amenaza la prohibición constitucional que impide importar semillas transgénicas y, por cierto, cultivos transgénicos.

Felipe Milanez: Cual el papel de las elites locales en el colonialismo interno de los países suramericanos, y esta relación con el sistema capitalista/colonialista global?

Alberto Acosta: A partir de 1492, cuando España invadió Abya Yala (América) con una estrategia de dominación para la explotación, Europa impuso su imaginario para legitimar la superioridad del europeo, el “civilizado”, y la inferioridad del otro, el “primitivo”. En este punto emergieron las colonialidades del poder, del saber y del ser. Dichas colonialidades están vigentes hasta nuestros días. No son un recuerdo del pasado. Explican la actual organización del mundo en su conjunto, en tanto punto fundamental en la agenda de la Modernidad (que, en esencia, es capitalista). Y eso explica porque la conquista y colonización gozan de buena salud en los gobiernos progresistas, dado que esos gobiernos no buscaron superar al capitalismo, sino precisamente modernizarlo.
En nuestros países se mantiene la modalidad de acumulación extractivista de origen colonial, dominante durante toda la época republicana y siempre funcional al sistema-mundo capitalista. En el núcleo básico desarrollista, que persiste aún en el siglo XXI, se consolida la misma matriz de acumulación colonial de hace más de quinientos años. Y así mismo se mantiene inalterada la colonialidad.
Las manifestaciones de esta realidad son múltiples. Una característica de los gobiernos progresistas ha sido su pretendida aproximación a soluciones tecnocráticas, en esencia atadas a las visiones de los Nortes dominantes, sean los Estados Unidos, Europa o ahora China. Tal situación incluso se observa en los intentos -patéticos- de emular procesos desarrollistas propios del capitalismo desarrollado al cual el progresismo intenta alcanzar. Así mismo vivimos el desprecio e inclusive persecución a los pueblos y nacionalidades indígenas, así como a sus culturas.

Felipe Milanez: Que es el “Buen Vivir”?

Alberto Acosta: El Buen Vivir es una oportunidad para imaginar otros mundos.

El extractivismo no es el camino hacia un imposible desarrollo (eso más, un desarrollo eminentemente capitalista), menos aún hacia el Buen Vivir. La construcción del Buen Vivir, que es la meta que debe inspirar el post-extractivismo, hay que asumirla como una alternativa al desarrollo. Es más, el Buen Vivir no solo critica el desarrollo, lo combate, así como combate a la propia lógica del capital. Esto diferencia al Buen Vivir de muchas de las críticas convencionales a las teorías y prácticas del desarrollo –lo hemos visto a lo largo de las últimas décadas– las cuales concluyen regularmente por proponer otros desarrollos, sin cuestionar su esencia (reiteremos, eminentemente capitalistas, caracterizados por sofocar la vida y todo lo que tiene que ver con la vida: el ser humano y la Naturaleza).
En efecto, no se debe criticar al desarrollo sin caer en su repetición, pues de lo contrario hablamos de una crítica vacía. Polemizando con los argumentos y los conceptos propios del desarrollo no se cambiarán los fundamentos que hacen posible su existencia. Es indispensable quitarle al desarrollo las condiciones y las (sin)razones que han facilitado su masiva difusión e (inútil) persecución por parte de casi toda la Humanidad.

A pesar de estos cuestionamientos básicos, el Buen Vivir -quizá mejor deberíamos hablar de buenos convivires- tendrá que ser construido/reconstruido desde la realidad actual del desarrollo, superándolo desde su interior; es decir, saldremos de él arrastrando sus taras, siempre y cuando haya coherencia entre las acciones desplegadas y los objetivos propuestos.

El verdadero aporte del Buen Vivir radica en las posibilidades de diálogo que propone. Nos abre la puerta a un enorme mapa de reflexiones destinadas a subvertir el orden conceptual imperante. Una de sus mayores contribuciones podría estar en la construcción colectiva de puentes entre los conocimientos ancestrales y los modernos; eso sí, sin transformar a los elementos ancestrales en instrumentos del capital. Hay que asumir, en todo instante, que la construcción de conocimiento es fruto de un proceso social. Para lograrlo nada mejor que un debate franco y respetuoso; debate que aún está pendiente. La descolonización, sobre todo cultural, es una de las mayores tareas.

Lo que interesa es superar las distancias entre los diversos mundos existentes en nuestra región. Obvias por lo demás. En una orilla del camino aparece un concepto, en pleno proceso de reconstrucción (y recuperación), que se extrae del saber ancestral, mirando demasiado al pasado. En la otra orilla del (mismo) camino, el mismo concepto, también en reconstrucción e incluso construcción, se lo asume mirando al futuro. Tal vez el diálogo consista en que los del pasado miren algo más al futuro (y al presente) y los del futuro aporten una visión menos beata del pasado.
La tarea no es fácil. Superar las visiones dominantes y construir nuevas opciones de vida tomará tiempo. Habrá que hacerlo construyendo sobre la marcha, reaprendiendo y aprendiendo a aprender simultáneamente. Esto exige una gran dosis de constancia, voluntad y humildad.

El Buen Vivir, en suma, se presenta como una oportunidad para construir colectivamente una nueva forma de vida, que parte por un “epistemicidio” del concepto de desarrollo y de otros conceptos propios de la modernidad capitalista, como plantea Boaventura de Sousa Santos. Esto demanda echar abajo la propia idea de “progreso”. Boaventura nos recuerda en sus trabajos, de forma repetida, “el asesinato” de otros conocimientos despreciados por el conocimiento hegemónico occidental, que hoy cobrarían fuerza con las propuestas del Buen Vivir. Nos toca, entonces, desmontar los conceptos de progreso en su deriva productivista y del desarrollo en tanto dirección única, sobre todo en su visión mecanicista de crecimiento económico, y funcional a la lógicas capitalistas.

Esta superación del concepto dominante de desarrollo, al mismo tiempo que se superan las propias ideas de la Modernidad (capitalista), constituye un paso cualitativo importante. Esta propuesta, siempre que se asuma activamente por la sociedad desde abajo y por la izquierda, en tanto recepta las propuestas de pueblos y nacionalidades, así como de amplios segmentos de la población explotada y marginada. Esta es una lucha presente en diversas regiones del planeta. Es una lucha que puede y debe proyectarse con fuerza en los debates que se desarrollan en el mundo, indispensables para procesar la Gran Transformación.

El Buen Vivir acepta y apoya maneras de vivir distintas, valorando la diversidad cultural, la interculturalidad, la plurinacionalidad y el pluralismo político. Diversidad que no justifica ni tolera la destrucción de la Naturaleza, tampoco la explotación de los seres humanos, ni la existencia de grupos privilegiados a costa del trabajo y sacrificio de otros. En suma, una diversidad que no solo es anti-neoliberal (como intentó ser el progresismo en sus inicios), sino que por sobre todo es anti y post-capitalista.

¡El Buen Vivir es para todos y todas, o no lo es!

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Berta Cáceres: tus s ueños no mueren por la metralla, por Dec io Machado

Berta Cáceres: tus sueños no mueren por la metralla
por Decio Machado
https://www.diagonalperiodico.net/global/29606-tus-suenos-nuestros-suenos-no-mueren-por-la-metralla.html

03/03/16 · 19:12

Imagen de Berta Cáceres en 2015. / Servindi

inforelacionada

Asesinada en Honduras la líder indígena Berta Cáceres

Esta madrugada, Lucas, un gran amigo suyo y mío, forjado como ella en las luchas de los de abajo en Centroamérica, me despertó con la terrible noticia de un asesinato. Aturdido aún por el suceso, no pude por menos que recordar los versos escritos 80 años atrás por otro represaliado del fascismo: “Un manotazo duro, un golpe helado, un hachazo invisible y homicida, un empujón brutal te ha derribado”.
“Estaba dormida… entraron y la mataron a balazos…”, así expresaba Lucas lo sucedido a la 1h horas de la madrugada de este triste 3 de marzo. Mientras escribo estas líneas la información aun es confusa, pero parece ser que dos pistoleros forzaron la puerta de la casa donde Berta Cáceres dormía en la pequeña ciudad de La Esperanza, cabecera del fronterizo departamento de Intibucá en Honduras.
La asesinaron con nocturnidad, premeditación y alevosía, durante el transcurso de la celebración de un foro sobre energías alternativas desde la visión indígena, es decir, la asesinaron mientras participaba junto a otros compañeros y compañeras de la utopía que reivindica la vida ante un mundo insostenible que se cae a pedazos. Estos sicarios al servicio del poder transnacional y del neodesarrollismo en esta sufrida América morena no pueden entender que Berta estaba soñando cuando violentaron su puerta, y que a pesar de que la balearon, sus sueños de esperanza en un mundo mejor no se fueron con ella…

¿Quién era Berta Cáceres?

Berta era hija de una partera y activista social del pueblo lenca que acogió y protegió en el pasado a refugiados de la guerra civil en El Salvador, un conflicto armado que aunque nunca fue declarado de forma oficial se desarrolló entre 1980 y 1992, dejando un saldo estimado de 75.000 muertos y desaparecidos. Recibió de su madre la mejor herencia posible en el actual mundo en el que vivimos, el valor del compromiso militante en la defensa de los derechos humanos y la solidaridad con las personas que sufren, independientemente de su color, sexo, étnia o del país que provengan.
Es así y con esos valores, con los que Berta se convirtió de forma temprana en una destacada activista estudiantil. Pero consciente de sus orígenes, el 27 de marzo de 1993 formó parte del grupo compañeros y compañeras que fundaron el Consejo Cívico de Organizaciones Populares e Indígenas de Honduras (COPINH).
Su trayectoria a partir de entonces será la de líder de la comunidad indígena lenca, un pueblo milenario y campesino del que quedan aún unas 400.000 personas que se divide entre El Salvador y esencialmente Honduras, y que se consideran custodios de la naturaleza, de la tierra y guardianes de los ríos. Según la tradición lenca en los ríos residen los espíritus femeninos y por lo tanto las mujeres desempeñan el rol de ser sus principales guardianas.
El COPINH se convertirá a partir de entonces en una organización indigenista pero pluralista y abierta, solidaria en las luchas nacionales aunque afincada en la zona sur-occidental del país, desarrollando un importe rol como herramienta para la reivindicación y reconocimiento de los derechos políticos, sociales, culturales y económicos del campesinado y de las comunidades indígenas en Honduras.
Madre de cuatro hijos, de los cuales dos de ellos ya tuvieron que abandonar el país debido a las amenazas recibidas sobre sus vidas, su rol como coordinadora del COPINH la llevó a destacarse en la defensa del medio ambiente y de los derechos de los pueblos indígenas hondureños.
En 2006 el COPINH recibiría la visita de diversos miembros de la comunidad de Río Blanco, quienes denunciaron, desconociendo sus objetivos, la presencia y actividad de ingente maquinaria de obra pesada en su territorio. A la cabeza del COPINH, Berta Cáceres lideraría la resistencia frente a la construcción de la represa de Agua Zarca, la cual pretendía ser ejecutada por la mayor empresa hidroeléctrica china, Sinohydro Corporation, lo que supondría grandes desplazamientos de población lenca de sus territorios y con fuerte afectación a las sagradas aguas del río Gualcarque. La mayor transnacional china en construcción de represas tuvo que abandonar la obra en el año 2013, denunciando su contrato con el gobierno hondureño debido a la continua y persistente resistencia comunitaria.
El compromiso de Berta no sólo fue con su pueblo y la defensa de su entorno, también lo fue con la democracia
Pero el compromiso de Berta no sólo fue con su pueblo y la defensa de su entorno, también lo fue con la democracia. Junto a otros compañeras y compañeros, encabezó las movilizaciones de protesta contra el golpe de Estado del 28 de junio del 2009 que derrocó al presidente legítimo de Honduras Manuel Zelaya.
En ese contexto, esta líder indígena denunció también, en diferentes momentos, la presencia militar de EE UU en Honduras, la cual a través de operaciones “cívico-militares” se desplazó a lo largo y ancho del territorio lenca amenazando con instalar nuevas bases militares en el país, buscando profundizar el rol de este territorio como una importante plataforma militar estadounidense que opera como centro de entrenamiento táctico avanzado y tareas militares conjuntas que dependen del Comando Sur.
Desde su cinismo, el Gobierno hondureño en palabras de su coordinador general Ramón Hernández Alcerro repudió hace unas horas el asesinato de la líder indígena, calificándolo de “abominable y deleznable”. Sin embargo, el hecho de gozar de medidas cautelares debido a las múltiples amenazas de muerte sobre su persona, sus hijos y su madre, no impidió que esta madrugada dos pistoleros a sueldo regaran su sangre sobre el territorio por el que entregó su vida. Todo ello en el país más peligroso de América Latina para los defensores de la vida.
Berta, los que te conocimos recordaremos siempre como incluso en los momentos más duros se iluminaba tu sonrisa. Tu sangre es la misma sangre que corrió por las venas de líder indígena Lempira, quien encabezó la lucha de tu pueblo 500 años atrás frente a la conquista española. Fuiste forjada con ese mismo material del que se forjan los sueños, y como todos y todas sabemos, nuestros sueños, tus sueños, no mueren por la metralla.

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RECOMIENDO: Caudillismos y cesarismos en la coyuntura latinoamericana y mexicana

Caudillismos y cesarismos en la coyuntura latinoamericana y mexicana

POS Massimo Modonesi

http://desinformemonos.org.mx/caudillismos-y-cesarismos-en-la-coyuntura-latinoamericana-y-mexicana/

La coyuntura latinoamericana se juega aparentemente alrededor de nombres y apellidos, del destino político y personal de un puñado de individuos: Lula perseguido judicialmente por supuestos sobornos; Dilma amenazada de destitución; Evo no podrá re-elegirse después de tres mandatos presidenciales; Cristina K derrotada desaparece del escenario; Mujica tiene más de 80 años; Maduro no alcanza a ser Chávez, pierde las elecciones parlamentarias y es amenazado de destitución; Correa pierde consensos a diestra y siniestra y parece no poder ni querer re-elegirse; Daniel Ortega, cada día más conservador y despótico, se apresta a buscar la re-elección. El progresismo latinoamericano está ligado al destino de unos hombres y mujeres providenciales en crecientes dificultades o cada día menos consistentes. Al haber abusado del caudillismo como recurso político estratégico, el progresismo tambalea desde la cúspide y no se sostiene desde abajo.
A pesar de partir de principios que sostienen que la emancipación de los trabajadores será obra de ellos mismos, que hay que servir el pueblo o mandar obedeciendo, la historia de la izquierda está repleta de personalismos y de caudillismos, unos más rescatables que otros, que –más allá de la psicología y la ambiciones de los líderes en cuestión- operaron y fungieron como eficaces catalizadores y mitos movilizadores o como instancias de mediación y arbitraje al interior de movimientos de composición social heterogénea y diversidad ideológica. En medio de la exaltación de muchos ismos que acompañaron los nombres y apellidos de dirigentes, ya fueran de lucha y/o de gobierno, las mejores tradiciones del marxismo crítico no dejaron de preocuparse por los límites y los vicios de este formato de la política tan difuso y recurrente, en particular en su versión nacional-popular, pero también socialista-revolucionaria. En efecto, por virtuoso que pretenda ser un liderazgo, le es consustancial una pendiente autoritaria, a la cual corresponde la delegación, que restringe, cuando no obstruye, los canales de participación desde abajo. Esto redunda en una tendencia radicalmente contraria a las finalidades educativas que deberían atravesar todo movimiento social y político de las clases subalternas; finalidades orientadas a la difusión y socialización del conocimiento y la toma de decisiones, del ejercicio de la autonomía y la autodeterminación como prácticas que además de haber demostrado ser eficaces y de permitir acumulación de experiencias, tienen un alcance prefigurativo, al delinear los contornos y las formas de relaciones sociales y políticas igualitarias.
Es lamentable que la disputa en curso a raíz de la crisis de la hegemonía progresista en América Latina se juegue en términos de la suerte que corran los dioses en turno cuando detrás de su investidura estuvieron luchas y movimientos antineoliberales extensos y prolongados, impulsados por aquellas clases subalternas que no sólo hoy, sino desde el inicio de los gobiernos progresistas, aparecen en segundo plano. Como consecuencia, esas clases no muestran ser particularmente reactivas a la hora de defender a los hombres y mujeres que supuestamente encarnan sus intereses ya que pesa una década, o más según los casos, de desmovilización sostenida desde arriba, desde la rectoría del Estado-Gobierno-Presidente, desde una concentración de poder decisional que se mantuvo intacta a pesar de que los movimientos populares de los 90 y principios de los 2000 eran portadores de banderas participativas y de profundas y radicales críticas al liberaldemocratismo de la gobernabilidad, el presidencialismo y la partidocracia.
Aún más lamentable es que la polarización en curso tienda a paralizar el ejercicio de la crítica y la autocrítica, ya sea bajo el formato de la autocensura o bajo la presión del chantaje que sentencia que todos aquellos izquierdistas que no se sumen disciplinadamente a la defensa de los héroes en apuros de las patrias latinoamericanas terminan siendo vendepatrias, cómplices o aliados de la alianza de derechas nacionales e imperiales restauradoras.
Este esquematismo no sólo impide a los propios partidarios del progresismo cualquier margen de maniobra crítico que redundaría en beneficio de su debilitado proyecto, sino que oculta cuestiones de fondo. En efecto, respecto de la cuestión de los caudillismos, al margen de las consideraciones anteriores, queda por explorar a profundidad la hipótesis cesarista, según la cual –desde Marx pasando por Gramsci- liderazgos de esta naturaleza suelen surgir para resolver empates catastróficos, situaciones en donde las clases subalternas se movilizan pero no están en condición de tomar el poder y las clases dominantes se debilitan y no pueden seguir ejerciendo plenamente el dominio. Desde esta perspectiva, las figuras carismáticas encarnarían un punto de equilibrio, más o menos progresivo o regresivo s egún las circunstancias históricas y la correlación de fuerzas, un nuevo equilibrio de clase en el cual se preservaría lo esencial de las relaciones de dominación, incorporando reformas y correctivos en el interés substancial de las clases dominantes pero respondiendo a demandas puntuales de las clases subalternas. Este esquema se realizaría como revolución pasiva, es decir, una ajuste hegemónico basado en la combinación de transformaciones estructurales significativas y de procesos de pasivización, desmovilización o si se quiere, resubalternización de las clases populares.
Al margen de esta lectura específica de la cuestión del caudillismo, el tema de la personalización de los proyectos progresistas y nacional-populares tal y como se presenta en el escenario de época en nuestro sur no puede pasar inobservada en México donde una propuesta similar, aunque actualmente situada en la oposición, está indisolublemente asociada al nombre y la figura de Andrés Manuel López Obrador.

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OTRA HERENCIA DEL KI RCHNERISMO: Las empr esas offshore detrás de YPF-Chevron (o t ambién cómo se quier e impedir que damnif icados de Ecuador co bren a Chevron-Texac o)

Las cuatro empresas offshore detrás de YPF-Chevron

http://www.opsur.org.ar/blog/2016/03/15/las-cuatro-empresas-offshore-detras-de-ypf-chevron/

Uno de los temas centrales de debate en estos días es la transparencia del Estado, en particular sobre si el contrato entre YPF y Chevron debe ser secreto o no. Una atenta lectura a diversa documentación pública[1] permite componer parte de lo que el acuerdo oculta, aportando elementos que refuerzan su pronta publicación. Entre los diversos puntos, encontramos que se creó un complejo entramado de compañías radicadas en paraísos fiscales y que el marco jurídico que se aplica es el del Estado de Nueva York. ¿Las implicancias? Hasta tanto y en cuanto se cumpla con el fallo de la Corte Suprema de Justicia, la publicación íntegra del contrato entre YPF y Chevron, se desconocen a ciencia cierta.

Los hechos: pantallas jurídicas offshore regidas por el Estado de Nueva York

El supuesto acuerdo entre YPF y Chevron fue firmado el 16 de julio de 2013 tras muchos meses de negociación. Pero, al revisar la documentación, lo primero que salta a la vista es que en el contrato de explotación sobre el área Loma Campana, Chevron no figura: la concesión se reparte en partes iguales entre YPF S.A. y la ignota Compañía de Hidrocarburo No Convencional SRL (en adelante CHNC). ¿Qué es CHNC? Un “tercer actor” que, si bien es propiedad de YPF, la empresa no controla. Creada días previos a la firma del contrato, CHNC es el nudo del acuerdo ya que es la pantalla por la cual Chevron operaría.
Para ocultar a la firma norteamericana, se crearon las siguientes estructuras:

  • El 1 de julio de 2013, YPF creó en el Estado de Delaware (EE.UU.), reconocido paraíso fiscal, a las empresas YPF Shale Oil Investment I e YPF Shale Oil Investment II. El agente de registración de dichas estructuras jurídicas offshore fue Corporate Service Company, mismo representante de Chevron en el Estado de Delaware.
  • El 8 julio de 2013, YPF creó CHNC en la Argentina, firma que es controlada por YPF Shale Oil Investment I y II.
  • El 16 de julio de 2013, YPF anuncia públicamente que firmó el supuesto contrato con Chevron.
  • Chevron crea Chevron Overseas Finance I en Islas Bermudas, otro paraíso fiscal.
  • En diciembre, YPF le transfirió el 50% de la concesión de Loma Campana a CHNC fruto de un acuerdo firmado por YPF Shale Oil Investment I y Chevron Overseas Finance I.
  • En marzo de 2014, la provincia del Neuquén convalida el nuevo acuerdo (YPF y CHNC) mediante el decreto 2420/13 (publicado en el Boletín Oficial con un retraso de casi tres meses).

Chevron controla CHNC a través de un préstamo prendario entre Chevron Overseas Finance I y la subsidiaria de YPF en Delaware, las que efectivamente firmaron el acuerdo y que tiene a la misma CHNC como garantía. Entonces, si bien YPF posee indirectamente el 100% de CHNC no posee la potestad sobre su destino, ni percibe ningún beneficio. Así lo define en su último Balance Contable:
“La Sociedad [YPF] mantiene indirectamente el 100% del capital social de CHNC, pero dado que en virtud de los acuerdos contractuales existentes, no ejerce las decisiones financieras y operativas relevantes de CHNC ni financia sus actividades, no se encuentra expuesta a riesgos ni beneficios por su participación en CHNC”[2].
La arquitectura jurídica permite el flujo de capital entre las sociedades, que fue en aumento en los últimos tiempos. Según el Boletín Oficial, el capital social de CHNC se incrementó de los $100.000 iniciales a $6.464,64 millones en octubre de 2014 (U$S1.200 millones a tasa de 2013), misma cifra que Chevron prometió invertir en la primera fase de desarrollo del proyecto Loma Campana. Por otro lado, el Balance Contable de YPF menciona, como si se tratase de una sociedad separada, millonarias transferencias por compras a CHNC: $3.556 millones (2015), $2.311 millones (2014) y $50 millones (2013). Más allá de los números, el destino final de estos montos se desconoce pero se intuye.
Otro de los elementos que emergen es que el marco jurídico aplicable es el del Estado de Nueva York, según el informe remitido por YPF al ex senador nacional Rubén Giustiniani y publicado por la Oficina Anticorrupción. A esto hay que sumar, como ya figuraba en el contrato de agosto de 2013 entre YPF y Neuquén, que el arbitraje internacional se radica en la Cámara de Comercio Internacional, con sede en París. Ambos puntos quitan injerencia a los tribunales argentinos en el mentado proyecto.
Por último, es importante decir que este mapa no es completo. Según la base de datos de subsidiarias en paraísos fiscales OpenCorporate.com, en Bermudas hay otras dos estructuras offshore creadas en noviembre de 2013, llamadas YPF Shale Oil Investment II e YPF Shale Oil Holding. Por las fechas, es probable que estén relacionadas con Chevron, pero no figuran en los documentos consultados.

Más allá de YPF-Chevron en Loma Campana, peligroso modus operandi

La cantidad de subsidiarias que YPF ha creado en paraísos fiscales parecerían hablar de un modus operandi. En abril de 2014, YPF firmó otro contrato con Chevron para la explotación del área Narambuena, también localizada en la provincia del Neuquén. Para ello, creó en febrero de 2014 dos nuevas estructuras offshore en Delaware y, jugando con la creatividad, las nombró YPF Shale Oil Investment III y IV. Paralelamente, en la Argentina, creó en marzo de 2014 la Compañía de Desarrollo No Convencional SRL (CDNC), controlada por las dos estructuras offshore antes mencionadas. Con la misma operatoria, YPF transfirió el 50% del área Narambuena a CDNC mientras aclaró que no ejerce ninguna potestad sobre CDNC ni percibe beneficio alguno, a pesar de ser de su propiedad. Pero, ¿la práctica es algo exclusivo de la relación con Chevron? No. Una operatoria similar se utilizó en 2013 con Dow Chemical para la explotación del área El Orejano (Neuquén) y también se han creado subsidiarias offshore cuando YPF compró los activos de Apache en la Argentina: YSUR Argentina Corporation (Islas Caimán), YPF Europa B.V. (Países Bajos) e YSUR Argentina Investment SARL (Luxemburgo) e YSUR Argentina Holding SARL (Luxemburgo).
En suma, en la información parcial sobre el proyecto Loma Campana aparecen por lo menos 4 subsidiarias offshore directamente vinculadas y otras dos potenciales pero, si lo extendemos a otras subsidiarias derivadas de Vaca Muerta, la lista supera las diez.

Las figuras cambian, el secreto permanece impune

La ingeniería jurídica presentada es no solo poco transparente sino además de responsabilidad difusa. Con arquitecturas montadas en paraísos fiscales, las empresas esquivan necesarios controles fiscales y regulatorios en actividades de interés público, como es el caso de la industria hidrocarburífera. Al mismo tiempo, la utilización masiva de técnicas controversiales y experimentales, como la fractura hidráulica o fracking, hacen perentorio conocer a fondo quiénes son responsables de forma clara y directa. Que, entre las diversas razones mencionadas por Chevron para promover estos esquemas, una sea esquivar potenciales embargos por los afectados de la Amazonía ecuatoriana, agrava aún más el panorama de responsabilidad ambiental.
La férrea defensa del gobierno nacional, anterior y vigente, de negar el contrato por razones comerciales atenta contra el ejercicio efectivo de derechos colectivos y con la administración plena de justicia. Más allá de si pudiera haber alguna razón de índole comercial, lo que se oculta es un entramado empresarial global estructurado a partir de la explotación de hidrocarburos en el norte de la Patagonia argentina. El reciente dictamen de la Oficina Anticorrupción, que tendría que velar por la ética en los actos públicos, muestra un escenario preocupante para el pueblo argentino como también flexible para los intereses concentrados, sean nacionales o extranjeros. Por su parte, YPF S.A., con su mayoría accionaria en manos del Estado argentino, debería publicar integralmente la estructura vigente y, a futuro, prescindir de este tipo de mecanismos.
A 40 años de un nuevo aniversario de la peor dictadura cívico-militar que sufrió nuestro país, con visita de Obama y rumores sobre un Tratado de Libre Comercio mediante, reclamamos una vez más que se dé a conocer el contrato entre YPF y Chevron debido al carácter estratégico para el pueblo argentino. Esperamos que el viernes 18 de marzo de 2016, nueva fecha dictada por la jueza federal María Cristina Carrión de Lorenzo, sea el fin de casi tres años de secreto e impunidad.

14 de marzo de 2016
Rosario, Neuquén y Buenos Aires, Argentina.

Contactos:
Gustavo García / gustavo.d.garcia89@gmail.com / +54 (0341) 156707483
Pablo Bertinat / pablobertinat@gmail.com / +54 (0341) 155429278
Sergio Arelovich / arelovich@yahoo.com.ar / + 54 (0341) 155018232

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ECUADOR. ¿Por quién doblan las campanas? Pablo Ospina Peralt a, marzo de 2016 (IN FORME DE COYUNTURA)

http://www.cepecuador.org/images/PDFs/coyuntura_ecuador_marzo_2016.pdf

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ECUADOR: Gobierno de l #DobleMoral Rafael Correa alienta agro exportaciones y agro negocios contra sobe ranía alimentaria de la Constitución

Entrevista a Stalin Herrera

“La lucha por la tierra no es sólo una lucha por el bienestar campesino, sino que es la lucha por una sociedad democrática y moderna”



Isa Salcedo

La línea de fuego
http://www.rebelion.org/noticia.php?id=207521&titular=%93la-lucha-por-la-tierra-no-es-s%F3lo-una-lucha-por-el-bienestar-campesino-sino-

Durante las tres últimas semanas, el segundo debate del proyecto de Ley de Tierras Rurales y Territorios Ancestrales se ha retomado en varias ocasiones. La próxima fecha será el 7 de enero.

En una entrevista con el Observatorio del Cambio Rural, Stalin Gonzalo Herrera Revelo, Doctorante del Programa de Estudios Latinoamericanos de la UNAM (Universidad Nacional Autónoma de México) y miembro del Grupo de Trabajo sobre Desarrollo Rural de CLACSO, reflexiona sobre el modelo agrario para el campo en un contexto de aprobación de la Ley de Tierras en Ecuador.

¿Cuál es el modelo agrario para el campo que propone el gobierno de la Revolución Ciudadana?

Hay quienes que muestran al campo como un mosaico agrario de pequeños campesinos que decoran las montañas cual parches, o como una disputa entre la especialización productiva de la sierra para la producción de alimentos y la costa como un escenario de producción para la exportación. Lo cierto es que en este momento el modelo de agricultura que prima en el país es un modelo primario agroexportador que está dominado por la agroindustria y el agronegocio.

¿Cuáles han sido los avances en la construcción de un modelo de Soberanía Alimentaria por parte del gobierno actual?

Lejos de los avances constitucionales y de la presión de las organizaciones indígenas y campesinas, el gobierno, teniendo la Constitución como respaldo y una mayoría permanente en la Asamblea Nacional Constitucional, no ha mostrado la voluntad política para avanzar en un modelo de Soberanía Alimentaria. Y esto no es un problema menor para los campesinos y el resto de ecuatorianos.

Comúnmente se observa la hegemonía o presencia agroindustrial y de los agronegocios como una amenaza para la sobrevivencia de los campesinos, el consumo de alimentos como lo conocemos hoy y la reproducción de la naturaleza. El argumento es que el modelo primario agroexportador, como necesita del control de la tierra y el agua, avanza sobre los recursos a costa de la expulsión de los campesinos; y como demanda de enorme cantidad de insumos químicos, genera enormes daños para la naturaleza.

¿Cuáles son los mecanismos del agronegocio y la agroindustria y sus impactos en el campesinado?

En su versión más elaborada, el agronegocio y la agroindustria han desarrollado una serie de mecanismos o estrategias de “incorporación vertical” de la producción campesina que, bajo el eslogan de negocios inclusivos, tienen el mismo efecto sobre los campesinos: éstos pierden su autonomía y control sobre sus recursos productivos y su producción.

Pero el modelo que se construye es aún más complejo. Hoy, la agroindustria (producción “industrial” de alimentos) y el agronegocio (control de toda la cadena de alimentos, es decir, el control de la producción, comercialización y redes de consumo), han dejado el estrecho margen de sus “definiciones” y constituyen un complejo económico y político que se componen de empresas o elites que tienen “intereses” o estructuras de acumulación que rebasan lo estricto de la producción agrícola.

Se trata de estructuras económicas que tienen intereses en las finanzas, en la construcción, importación, exportación; y, sobre todo, tienen capacidad de incidir en la política nacional. Son estructuras complejas con intereses económicos, con representación política a los que no les interesa avanzar hacia un modelo de Soberanía Alimentaria, la proscripción del latifundio o la desprivatización del agua como lo versa la Constitución del 2008.

De esta forma, el modelo no solo amenaza la reproducción de la vida campesina o de las sociedades rurales, sino que amenaza el desarrollo democrático de la sociedad, indispensable para la vida digna de todos nosotros.

¿Cuál es el modelo de una vía campesina en defensa de la soberanía alimentaria para el campo?

Es un modelo muy simple. Nace como una propuesta de los campesinos enfrentados a la expansión del monocultivo, la agroindustria y los agronegocios. Por oposición, se plantea poner al centro de la política pública a los pequeños campesinos, mujeres rurales y comunidades indígenas; avanzar en una reforma agraria y, ahora, también una reforma hídrica. Demanda el control de mercados en manos campesinas y se plantea el uso de tecnologías apropiadas. Como ves, es una propuesta que se opone directamente a la expansión del capitalismo agroindustrial en el campo; critica la complicidad de la política pública o el rol del estado; critica el control de la tierra y el agua; demanda el control de mercados en manos de los agronegocios y empresas. Se plantea el uso de la agroecología como una herramienta tecnológica, no solo para la producción sino para la construcción de autonomía frente al capital.

¿Por qué apostar por la agricultura familiar campesina?

La construcción de una agricultura basada en una economía familiar campesina no es solo una teoría, es una realidad que salta a los ojos. En Ecuador, AVSF (Agronomos y Veterinarios Sin Fronteras) junto al SIPAE (El Sistema de Investigación sobre la Problemática Agraria en el Ecuador) y otras organizaciones, tienen suficiente material para mostrar que la Agricultura Familiar Campesina es un modelo eficiente; no solo en términos económicos sino en términos sociales. Produce más trabajo por unidad de superficie que los modelos agroindustriales existentes, es menos agresiva con el medio ambiente, contienen los valores culturales de alimentación y pueden abastecer mercados locales e internacionales.

De hecho, aunque el gobierno dude de la importancia de la agricultura familiar, los campesinos o la agricultura familiar campesina siguen “inventando” una vía. El Presidente de la República dice que al distribuir la tierra corremos el riesgo de distribuir la pobreza, hacer de los campesinos pequeños productores sujetos ineficientes que multipliquen su pobreza. Éste es un argumento de cómo no se observa la vitalidad y creatividad campesina que, a pesar de la poca disponibilidad de tierra y agua, sin tecnología apropiada y una errática política pública, mantienen un peso importante en la producción de alimentos para el consumo interno.

¿Cuáles son los elementos esenciales en la lucha histórica por la tierra en Ecuador?

Probablemente puedo sonar muy ortodoxo políticamente, porque podría criticarse el argumento diciendo que los campesinos son mucho más que la lucha por la tierra; son la lucha por el mercado, la tecnología y el acceso a otros muchos recursos. La lucha por la tierra no es sólo una lucha por el bienestar campesino, sino que es la lucha histórica por la construcción de una sociedad democrática y moderna y apunta a la ruptura del viejo régimen de hacienda o de plantación que caracteriza a las estructuras oligárquicas del país. Una lucha que se configuró en los años 50 y que no deja de tener validez política; sobre todo porque es una de las razones de la desigualdad en el campo. A lo largo de estas décadas, se ha actualizado en la lucha por el territorio o en la lucha por el agua; y va materializándose en la lucha contra los procesos de valorización de la naturaleza que el capital realiza.

En un contexto de aprobación de Ley de Tierras en Ecuador, ¿cuáles son los principales nudos críticos que destacas?

El debate en torno a la Ley de Tierras – como la Ley de Aguas en su momento –, pone al gobierno y a las organizaciones en una especie de paradoja. A pesar de que hay una enorme demanda de las organizaciones por la redistribución de la tierra, el gobierno el gobierno tiene mayoría en la Asamblea Nacional y opta por no afectar a la gran propiedad y sostener la base de su acumulación (el control de la tierra o la gran propiedad). Así, el gobierno muestra su rostro más conservador. Pero no se detiene, la ley de tierras viene de la mano con las segundas enmiendas constitucionales en las que se propone eliminar las restricciones para el uso de transgénicos, una lucha histórica de los campesinos frente a las pretensiones del neoliberalismo.

Del lado de las organizaciones de “izquierda” en el gobierno, los argumentos para defender al gobierno pueden ser muchos, pero la defensa de la Ley de Tierras las ubica en un lugar lamentable. No solo porque los vuelve cómplices de su verdugo, legitimando una ley que termina por sostener y validar la gran propiedad y sostener la agroindustria y los agronegocios: un modelo que crece a costa de la precarización, marginación y expulsión de los pequeños productores familiares. Aun cuando la lucha por la tierra se ha configurado históricamente como la base del programa campesino, la Ley de Tierras marca nuevamente la distancia del gobierno con sus propias organizaciones campesinas y las subordina a un programa conservador sin horizonte para los campesinos.

Si en los noventa, parte del programa enfatizó la redistribución del agua y de la tierra o en la lucha contra su acaparamiento y privatización, ¿cuál es el programa hacia delante?

¿Cuáles son las principales afectaciones de esta ley de Tierras Rurales y Territorios Ancestrales para la agricultura familiar campesina?

Aunque se trata de un tema que está aún por verse, podríamos decir que la Agricultura Familiar Campesina no gana más de lo que había ganado en la Constitución. Lo que podríamos reconocer en la ley y su debate es que, a diferencia de la Ley de Desarrollo Agropecuario de 1994, hoy se dan causales de expropiación; y en su momento actual o en el futuro, podría crear condiciones para que en unos pocos lugares, donde hay “sed de tierra” y existen organizaciones indígenas campesinas con la fuerza suficiente, se creen algunas disputas. Pero en un gobierno de “revoluciones y socialismos” es una conquista espurrea e ilusoria si consideramos que la misma ley, en el marco del Código Penal Integral, criminaliza la toma de tierras.

A mi parecer, la ley es un retroceso en relación a los avances constitucionales. Por ejemplo, la Constitución proscribe el latifundio; es decir, que el latifundio es un delito, pero la ley no define lo que es latifundio sino que crea un incentivo para que los dueños de tierras improductivas las pongan a producir. La Constitución pone a la Soberanía Alimentaria como proyecto estratégico para el desarrollo rural y la ley coloca a la “productividad” – el sujeto de la Soberanía Alimentaria es la agricultura familiar y el de la productividad los “empresarios” –. Las organizaciones sociales demandan tierra por un problema de justicia y desigualdad social; la ley plantea la redistribución vía mercado.

En un contexto en el cual no hay frontera agrícola donde extenderse o donde el Estado no tiene tierra que repartir, lo que hace el mercado de tierras es desplazar a los campesinos pobres y sin tierra; y promueve un proyecto de recambio productivo muy lucrativo para los terratenientes. El punto es que, si hay terratenientes con tierra “improductiva”, los terratenientes pueden vender al Estado las superficies de su tierra marginal, la de menor calidad o renta.

Isa Salcedo: Investigadora de OCARU (Observatorio del Cambio Rural – ECUADOR)

Fuente: http://lalineadefuego.info/2016/01/05/la-lucha-por-la-tierra-no-es-solo-una-lucha-por-el-bienestar-campesino-sino-que-es-la-lucha-historica-por-la-construccion-de-una-sociedad-democratica-y-moderna-stalin-herrera/

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El destino de los caudillos y los pueblos que lo siguen, por Natalia Sierra

El destino de los caudillos y los pueblos que lo siguen,
por Natalia Sierra
http://atravesdelafisura.blogspot.com/2016/01/eldestino-de-los-caudillos-y-los.html

En una maravillosa obra sobre el poder, titulada “La ruta antigua de los hombres perversos”, René Girard reflexiona sobre el destino de los hombres en los que éste se ha encarnado. Si bien hay mucha distancia histórica y cultural entre el escenario utilizado por el autor para su reflexión y el contexto socio político de América latina y particularmente del Ecuador, es posible pensar el caudillismo latinoamericano desde la ideas del filósofo y específicamente del último caudillo ecuatoriano: Rafael Correa

“No existe ninguna verdadera tragedia cuyo héroe no recorra la famosa “ruta” hasta el espanto final” (René Girard: 1989)

Toda estructura de poder requiere garantizar su permanencia y por lo tanto su reproducción, para lo cual utiliza la figura mítica del chivo expiatorio que en su sacrificio asegura que la estructura de poder se mantendrá intacta.

Sin desconocer la responsabilidad que la persona-caudillo tienen en el mal gobierno que protagonice, pues no puede ser de otra manera si se trata del poder en forma caudillista, es importante entender que la estructura de poder es mucho más y más compleja que la persona que la encarna. Si no es posible esta comprensión, la llamada época pos-progresismo y específicamente pos-correismo no serán nada más que el sacrificio del chivo expiatorio (caudillo en decadencia) y su reemplazo por otro que sostenga la misma estructura de poder.

El ritual del sacrifico del chivo expiatorio que se da en sus momento de decadencia no hace sino confirmar el mito fundante que sostiene al sistema social que busca perpetuarse, y con él se garantiza la reproducción y permanencia de su estructura de poder. En el caso que se analiza, el sacrificio del caudillo, que va a fungir de chivo expiatorio, sea como asesinato físico (como sucedió con García Moreno o Eloy Alfaro) o sea como asesinato simbólico (como sucedió con Velasco Ibarra) lo que hace es confirmar el mito de la sociedad capitalista, así como su estructura de poder.

El mito no es otro que la promesa capitalista ligada al progreso, desarrollo industrial, crecimiento económico y consumo y su estructura de poder es la que vivimos cada cierto tiempo como ejercicio democrático, esto es el proceso electoral en el cual lo único que se elige es el caudillo que va a administrar la sociedad dada, nunca el tipo de sociedad y menos de civilización que se quiere.

El caudillo, sea éste Correa, Evo, Lula, Cristina, Chávez, o cualquier otro, encarnaron de forma total el poder político del capital en la región, lo que en la lógica de la ruta antigua de los hombres perversos supone dos tiempos. Un primer momento de glorificación del héroe o mesías que promete hacer realidad el mito de la modernidad capitalista en la región. Un segundo momento de caída y decadencia previa su sacrificio, en el que el mito se desvanece y el responsable es quien al principio fue su posibilidad.

En esta década y media de progresismos, el subcontinente asistió a la gloria de sus últimos hombre perversos (léase caudillo o chivos expiatorios) en la cual fueron adulados por la cohorte política y económica que aprovecharon de su figura amada por la mayoría de los pueblos de sus países. En los próximos años asistiremos a su momento de decadencia, en el cual, así como los adularon los despreciaran, desprestigiaran y odiaran hasta su espantoso final. Lo probable es que todos estos hombre perversos terminen despreciados y olvidados por sus pueblos, quizá no podrán sobrevivir al desprecio y afrontarán la insoportable muerte simbólica. Es posible que observando su destino ya escrito, en tanto que hombre perverso, Rafael Correa piense en hacer una retirada política muy estratégica cuando dejó, si así lo hace, la contienda electoral del 2017, sin embargo lo seguro es que no escape a su destino.

Al igual como Sóflocles pensó respecto a Edipo, según palabras de Girard: “Jugaba con fuego y los que juegan con fuego se queman. No soy yo quien tenga que salvarlo.” (René Girard: 1989) Se podría decir lo mismo ante el espantoso final del caudillo, sin embargo sin querer que éstos no paguen sus deudas con los pueblos y queden en la impunidad, “…esta indiferencia por la víctima como tal no tiene consecuencias morales. Impide que se deshaga el mito.(René Girard: 1989) De lo que se trata es entender que la estructura de poder de la sociedad capitalista se perpetúa en la medida en que se siga la ruta de los hombres perversos, en otras palabras quedar atrapados en el ciclo de reproducción del poder capitalista: salir de un caudillo para caer en otro, de un salvador en otro, buscando la realización del mito de la modernidad capitalista, cuya realización solo trae más miseria tras ciclos de ilusorio crecimiento económico.

Si no existiese el chivo expiatorio, es decir un héroe-caudillo cuyo destino es devenir en villano y así ser sacrificado para que la lógica capitalista que articula la sociedad moderna se reproduzca de forma infinita, en base a la reproducción del poder político burgués (elecciones periódicas que reafirman el sistema) los pueblos podría ver que el problema fundamental no es el caudillo sino la estructura de poder político y económico que éste encarna. De lo contrario, ante la decadencia anunciada de los caudillos del progresismo latinoamericano, nos enfrentamos a que la elecciones próximas, como ya ocurrió en Argentina, cambie el caudillo para que nada en lo fundamental cambie.

En este sentido, es claro que el caudillo latinoamericano cumple el papel de chivo expiatorio, absolutamente necesario para que la sociedad capitalista, el poder burgués, siga su reproducción como inexorable. Ante este panorama es urgente que no se sacrifique al caudillo, sin con esto querer de ninguna manera decir que no deban rendir cuentas y pagar por su complicidad con el poder real, sino que se debe acabar con ese poder económico y político que busca perpetuare a través del sacrificio de sus instrumentos y de sus rituales ideológicos. El primer paso para resistir al poder real del capital es salir de la ruta de los hombres perversos, renunciar al mito del progreso y a la ritualidad política del mercado electoral.

No tiene sentido que los pueblos se enreden y desgasten en buscar a un nuevo héroe-caudillo (sea una persona, un partido o un movimiento) para las próximas elecciones, lo que urge es abandonar definitivamente el mito que articula el sistema económico capitalista, su estructura de poder burgués y sus sistema electoral, es decir abandonar definitivamente la oferta del progreso moderno asentado en el desarrollo industrial, el crecimiento económico y el consumismo mercantil.

Referencias
Girarad, René, (1989) La ruta antigua de los hombres perversos. Ed. Anagrama. Barcelona

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Max Neef: “La obsesi ón por el crecimient o económico es un di sparate”

Max Neef: “La obsesión por el crecimiento es un disparate”

Entrevista realizada por la Fundación DECIDE a Manfred Max Neef, Economista de la Universidad de Chile, quién elaboró ideas en torno al desarrollo sustentable, la economía ecológica y el desarrollo a escala humana.
15.11.15
Por eldesconcierto.cl@eldesconcierto

Max Neef

Entrevista realizada por la Fundación DECIDE a Manfred Max Neef, Economista de la Universidad de Chile, quién elaboró ideas en torno al desarrollo sustentable, la economía ecológica y el desarrollo a escala humana. En 1983 gana el premio Right Livelihood Award, considerado el premio nobel alternativo de economía, y en 1993 fue candidato a Presidente de la República en Chile. Conversamos con Manfred sobre la coyuntura política actual, los debates sobre crecimiento económico, modelos de desarrollo en Chile y latinoamérica y sus propuestas sobre economía ecológica.

Buen día, Manfred. En el último tiempo hemos observado que la izquierda, o los movimientos sociales a groso modo, fueron más o menos exitosos en instalar ciertas ideas o posiciones a lo largo del siglo XX: los derechos humanos, derechos sociales, algunas reivindicaciones de género. Pero a partir de la caída de la Unión Soviética quedó bastante huérfana de ideas –de la proposición de un modelo- en el plano económico; a diferencia de lo que ocurre entre actores vinculados al mundo ambiental y a propuestas que giran en torno a la sustentabilidad, que logran escapar de los marcos de la modernidad, entendido como economías basadas en costos y beneficios.

-Bueno, parece evidente que la economía convencional y tradicional no ha respondido a lo que debería haber respondido. De que exista una tremenda testarudez de parte de quienes son del mainstream, no quita que sea y siga siendo un fracaso tremendamente peligroso y brutal. Esta economía neoliberal mata más gente que todos los ejércitos del mundo juntos, y no hay ningún acusado, no hay ningún preso, no hay ningún condenado. Todos los horrores que estamos viendo en el mundo, gran parte de ellos, tienen un trasfondo que está anclado a esta visión de tratamiento y práctica económica.La obsesión del crecimiento, para empezar, es un disparate. Porque una elemental ley natural, que todo el mundo conoce, es que todos los sistemas vivos crecen hasta un cierto punto en que dejan de crecer. Tú dejaste de crecer, yo deje de crecer, el árbol grande deja de crecer, pero no deja de desarrollarse. Seguir forzando el crecimiento para consumir más y seguir produciendo una infinita cantidad de cosas innecesarias, generando una de las instituciones más poderosas del mundo como lo es la publicidad, cuya función es una y muy clara: hacerte comprar aquello que no necesitas, con plata que no tienes, para impresionar a quienes no conoces. Eso evidentemente no puede ser sustentable.Ahora, frente a las alternativas, desde luego para mí la más importante, es la visión de la economía ecológica. Porque a diferencia de la economía tradicional, la economía ecológica es una economía que está al servicio de la vida y tiene características fundamentalmente opuesta a la convencional. La economía convencional -que es la hija de la economía neoclásica- desde una visión ontológica, se sustenta en una visión mecánica, newtoniana: el humano, la economía y el mundo son mecánicos. Y en un mundo mecánico tú tienes sistemas que tienen partes. Partes que descompones, analizas y vuelves a armar. Del otro lado, la economía ecológica se sustenta en una visión orgánica. Los sistemas no tienen partes, sino que participantes, los cuales no son separables. Lo cual significa que todo está intrínsecamente unido y relacionado. Esto por lo demás ya es un mensaje que hace más de 90 años nos viene dando la física cuántica, pero ese mensaje ha tardado en llegar a las ciencias sociales. En este sentido, la economía ecológica o cualquier nuevo sistema económico debe en mi opinión, sustentase en cinco postulados fundamentales y un principio valórico irrenunciable. El postulado número uno: la economía está para servir a las personas y no las personas para servir a la economía. Dos: el desarrollo tiene que ver con las personas y la vida, no con objetos. Tres: crecimiento no es lo mismo que desarrollo, y el desarrollo no precisa necesariamente de crecimiento. Cuatro: ninguna economía es posible al margen de los servicios que prestan los ecosistemas. Y cinco: la economía es un subsistema de un sistema mayor y finito que es la biosfera, por lo tanto el crecimiento permanente es imposible. Y el principio valórico irrenunciable que debe sustentar una nueva economía es que ningún interés económico, bajo ninguna circunstancia, puede estar por sobre la reverencia a la vida. Si tú recorres estos puntos vas a ver que lo que hoy tenemos –en la economía neoliberal- es exactamente lo contrario. Hoy en día llegamos al extremo, comienzo del siglo XXI, que hay más esclavos de los que había antes de la prohibición de la esclavitud en el siglo XIX. Esclavos en serio, no en sentido figurado, de los cuales el 60% son niños y las demás, principalmente, mujeres.

Usted mencionaba la idea del crecimiento cero. Pero pareciera ser, cuando se le habla a gobiernos latinoamericanos, incluidos los de izquierda, que el crecimiento cero no es para nosotros: primero debemos crecer y luego podemos hablar de crecimiento cero, ¿está usted de acuerdo?

-Hay crecimientos que son necesarios y justificables, y hay crecimiento que es totalmente innecesario. Y, desde luego, no confundir crecimiento con desarrollo que son dos cosas distintas. Si usted crece para desarrollarse, se puede pensar. Pero si usted crece a raíz de agotar recursos renovables y no renovables, eso es estúpido. Fíjese usted qué es lo que ocurre en la macroeconomía convencional, es tan absurdo que la pérdida de patrimonio se contabiliza como aumento de ingreso. Si yo arraso este bosque, eso me genera crecimiento e ingreso, pero ¿cuál es el resultado? Quedamos pobres. Destruí el suelo, en ese proceso crecí, pero el resultado es que quedé más pobre. Con mis colegas planteábamos lo que se conoce como la hipótesis del umbral, que ya está completamente confirmada, y que ya deja de ser hipótesis. En toda sociedad hay un período en el cual el crecimiento económico conlleva un mejoramiento de la calidad de vida, pero sólo hasta un punto. El punto umbral. Luego del cual si hay más crecimiento empieza a decaer la calidad de vida. Hay distintos componentes de la calidad de vida, pero llegado un determinado crecimiento, la calidad de vida de la ciudad empieza a decaer, ¡pero la ciudad crece! Claro que hay países que necesitan crecer, hay países que están en la extrema pobreza, pero tiene que ser un crecimiento que efectivamente contribuya a la superación de la pobreza. Porque el crecimiento que se sustenta nada más que en el consumismo, no genera desarrollo ni mejora la calidad de vida. Hago una pregunta elemental, ¿tú crees que es necesario que hayan 185 tipos de shampoos? ¿Seríamos inmensamente más pobres si hubieran 50 tipos de shampoos? Entonces, en todo orden de cosas es lo mismo. Tú estás ocupando recursos valiosísimos para producir cosas innecesarias, eso genera crecimiento, pero no desarrollo.

La noción de “bienes comunes”, hemos trabajado en este concepto porque entendemos que viene a liberarnos del eje “bien público – bien privado” que ha perdido progresivamente el sentido que justificó su existencia en el contexto de las luchas del siglo XX.

-Para mí esas son contribuciones lingüísticas que no corresponden a la realidad. Para mí no hay ninguna diferencia entre un bien público y un bien privado: es parte de la naturaleza. Que tenga dueño, que no tenga dueño, o que tenga muchos dueños me da igual. Lo que interesa es la característica de ese bien y cuál es la función de ese bien, no el concepto de propiedad que hay detrás. Y entonces, como ya lo dije antes, se trata de entender que nosotros estamos absolutamente integrados a la naturaleza. De tal manera, que hay que entender que esos bienes son parte integral de un todo. Cualquier acto que nosotros cometamos que tiene que ver con la destrucción de ese bien, es un acto de suicidio colectivo. Tú te estás suicidando y se está suicidando la sociedad en la medida que destruyes los bienes de la naturaleza que no se pueden reponer. Por supuesto si tú cortas un árbol y facilitas que pueda volver a crecer, bueno, no hay problema, eso es lo normal, eso no es depredar. Depredar es ir mucho más allá de lo que realmente se necesita. Y en ese sentido todos los bienes son importantes y puedes decir que todos los bienes son comunes. Lo de público y privado es una cuestión leguleya que sirve para el abuso, como en el caso del agua en Chile, que es grotesco. Te compraste el agua de ese río y el vecino no puede sacar ni un vaso de agua, eso es monstruoso, te fijas. Pero eso es la parte jurídica, la parte que nosotros fabricamos, que no se corresponde a lo que debe ser nuestra relación con todos los bienes que son naturales. Luego puedes agregar la propiedad, pero debes entender que eso es parte de un todo, y si alguien tiene una propiedad, esa persona tiene una responsabilidad muy clara respecto a ese bien.Desde la izquierda, hablando históricamente, se entendió alguna vez que valía la pena reivindicar la propiedad pública en términos de recursos. En el caso de Chile, eso estaba muy claro con la nacionalización del cobre, entendiendo que detrás de eso iba a haber una redistribución, una democratización en la gestión del recurso. Pero ahora –dictadura y Concertación de por medio- vemos que de eso hubo bastante poco. Codelco, por ejemplo, siendo una empresa pública contamina e interviene más que cualquier empresa privada.

Mucha gente se imagina que el socialismo y el capitalismo son absolutamente opuestos. Pero en términos ambientales son idénticos, como también en su relación con la tecnología. La naturaleza está ahí para ser explotada y eso es válido tanto para el socialismo como para el capitalismo. La única diferencia que hay entre los dos es en la distribución de la riqueza. En uno la distribuye el Estado y en el otro, el mercado. Izquierda y derecha a mí no me dice nada. Es una lucha histórica donde esas categorías ya cumplieron su función y ya no sirven. Hoy día yo te pregunto, ¿qué es una persona de izquierda? Hace 40 años se sabía muy bien. Ahora yo te saco 40 personas que se dicen de izquierda y les pido que en una frase digan qué significa ser de izquierda, voy a tener 40 respuestas distintas. Hoy la gente se alinea por otras cuestiones, el ambiente, el cambio climático, esas son otras preocupaciones que no vienen ni con derecha ni con izquierda. No vamos a decir que solo la derecha es culpable del cambio climático: son todos culpables del cambio climático. Entonces, hay que trabajar con nuevas categorías y no quedarse trancado en el siglo XX o, peor aún, en el siglo XIX.
Ahora, ¿cómo cree usted que se tienen que gestionar esos recursos? ¿Qué experiencias se pueden rescatar?

La única manera de hacerlo bien es en la medida de estimular y reforzar con el mayor vigor posible las economías locales, lo pequeño, el municipio, cuando mucho la región. Porque para comenzar, ahí tú tienes identidad, tú eres alguien. Porque, ¿en qué consiste ser chileno? La banderita macanuda, el himno, esa es una lesera. Tu identidad está en la ciudad donde naciste, y particularmente en el barrio donde creciste. Yo soy porteño del cerro Artillería, del paseo 21 de Mayo, ahí está mi identidad, el resto es una abstracción que no tiene más sentido. En ese sentido, las experiencias más exitosas y más interesantes son las que se están haciendo hace tiempo en Escandinavia, particularmente en Suecia. El Natural Step, el paso natural de Suecia, consiste en un gran consenso nacional que ha llevado a una economía responsable, los únicos que no están en crisis en Europa por lo demás. Y como consecuencia de eso, al movimiento de los eco-municipios hoy. Algo que empezó hace 30 años en un municipio muy pequeñito en la región del Ártico sueco, donde dijeron “bueno, nosotros somos tan pobres que no podemos esperar nada de nadie, tenemos que inventar la manera de desarrollarnos”. Y tuvieron un éxito extraordinario, y hoy dos tercios de los municipios son así. Pero finalmente, ¿qué es un ecomunicipio? Es un municipio que tiene autonomía financiera, autonomía energética, autonomía en transporte, en educación, en cultura, autonomía completa. El 100% del impuesto que tú pagas se queda aquí, no se va al centro para que ellos decidan qué hacer con la plata. ¿Qué significa eso?, ¿cuál es el impacto psicológico que produce eso? Que tú estás viendo lo que hacen con tu plata. Si no te gusta lo que están haciendo, sabes a donde ir y a quien decirle. Aquí qué hacen con tu plata, ¿tienes idea? Cero. Aquí en Chile, acá en Valdivia, si tú quieres poner un semáforo te lo tiene que autorizar Santiago. Un chato que está en un escritorio que en su vida ha venido a Valdivia. Bueno, como esas experiencias, hay otras igualmente notables en Inglaterra, los Transition Towns, los pueblos de transición, que incluso tiene sus propios medios de pagos.
¿Cómo es eso?
-Generan sus propios medios de pagos, con su propio dinero, y ese dinero gira localmente. Todos los negocios locales compran y venden con ese dinero. Y ese dinero lo puedes convertir a moneda nacional si te vas a otra parte. Pero lo que significa es que todo lo que tú generas como excedente gira ahí mismo, y estimula ahí mismo la economía. O sea, genera un boom económico. Además no es dinero que puedas acumular con fines especulativos, porque tiene una duración limitada. O sea, es un dinero que tiene que estar activo. Esos son medios de pagos locales.
Para hacer eso, ¿cómo construimos con actores subalternos, actores sociales, alternativas que tengan posibilidades reales de disputar ese poder?
-He llegado a una conclusión hace mucho tiempo: tú no puedes confrontarlos, porque vas a perder el tiempo. Debes empezar a hacer acciones locales tú. Cuando fui candidato a la presidencia me preguntaban lo mismo, y yo decía “mire, imagínese que usted está en un potrero y a 100 metros suyo está un rinoceronte furioso, listo para atacar. Lo más estúpido que usted puede hacer es suponer que también es un rinoceronte y atacarlo, no le deja ni en polvo. Entonces, ¿cómo se puede derrotar a ese rinoceronte? La nube de mosquitos. Una nube de mosquitos puede volver loco al rinoceronte hasta que se cae al precipicio, y no puede matar a ningún mosquito, porque los mosquitos tienen dos atributos que son claves: Uno, que siempre permanecen juntos y, dos, que no hay ningún mosquito jefe, o sea, es una sociedad no descabezable. Entonces tú tienes que joder, joder y joder, ese es el rol de los movimientos sociales. Y mira como están surgiendo en España, los que están surgiendo en Inglaterra. En Inglaterra imagínate, ahora sale un sujeto de izquierda de frentón. En Estados Unidos ahora, el que está detrás de Hillary Clinton, el que está subiendo más, es un socialista químicamente puro de Vermont. Los movimientos sociales en Alemania, los Piratas. Entonces esos son los mosquitos, y esa es la única manera.
Para terminar, ¿qué está leyendo actualmente?
-Actualmente, los filósofos idealistas alemanes del siglo XVIII, especialmente a Schelling, que me ha vuelto a fascinar. Porque todo esto que ya hablamos, lo dijo él hace más de 200 años. Todo esto que es el romanticismo alemán es fascinante. Porque lo fascinante que surge en ese movimiento del este de Alemania, Leipzig, esas zonas maravillosas, es que en ese momento el ser humano descubre la naturaleza. La naturaleza es producto del romanticismo alemán. Fíjate, si tu analizas la pintura, toda la historia de la pintura, hasta ese momento la naturaleza era el telón de fondo de una persona y su retrato. Allí, por primera vez aparece una pintura de la naturaleza. Por Caspar Friedrich en Alemania, que después se extiende al resto de la pintura. En la literatura lo mismo. Más interesante todavía, recuerdo que mi gran amigo, el historiador Rafael Bernal, hizo un estudio a fondo de los cronista de la conquista de América, todos los cronistas de la conquista, siglo XVI. ¿Y sabes qué? Descubrió una cosa impresionante, no hay ningún cronista que describa la naturaleza. Cómo puedes entender tú, que alguien que viene de una zona semidesértica como Castilla o Andalucía, y de repente está frente al monte Chimborazo o al medio de la Amazonía no describa lo que ve. Lo único que describe es la fatiga, el dolor, la lucha, las dificultades, el enemigo, la batalla, pero el paisaje no existe. El paisaje y la naturaleza existen a partir del romanticismo y de la filosofía idealista, especialmente Schelling.

*Tomado de revista En Torno http://revistaentorno.cl/ magazine/12/

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