(Ecuador) Reelección presidencial: miedo en las filas correí stas

Reelección presidencial: miedo en las filas correístas

Por Guido Proaño A. | EcuadorLibreRed

“De acuerdo a la Constitución, sí (ésta será la última reelección). Y así no lo dijera la Constitución, yo igual después de cuatro años me voy a mi casa” declaró el presidente Rafael Correa a la Agencia Francesa de Prensa (AFP) en febrero de 2013. En similares términos se ha pronunciado en varias ocasiones; la última, pocos días antes de las elecciones del 23 de febrero, en una radio de Guayaquil ratificaba que éste será su último período presidencial y que aspiraba trabajar en algún organismo internacional.

Pero aparentemente cambió de opinión. Ahora cree que es su “deber revisar la decisión de no lanzarse a la reelección porque (tiene) la responsabilidad de garantizar que este proceso sea irreversible”. ¡Es él y nadie más!

Para quienes mantienen un seguimiento del acontecer político del país este anuncio no llama la atención, era obvio que tarde o temprano se lo haría público, pero la derrota gubernamental del 23-F lo precipitó. La iniciativa no viene de la cabeza del asambleísta Fabián Solano, ni del ingenio de la presidenta de la Asamblea, Gabriela Rivadeneira; la decisión ya fue cocinada antes en la cúpula de Alianza País (AP) y esperaban el momento oportuno de ejecutarla.

Remendar la Constitución para que calce a la figura del actual presidente de la República es una medida que pone al descubierto, al menos, dos elementos: la inexistencia en AP de cuadros políticos en capacidad de tomar el relevo de Correa y garantizar un triunfo electoral; y, que la reciente derrota electoral ha provocado tal psicosis en las filas de AP que les ha llevado a sentirse al filo del abismo.

Rafael Correa no solamente es la persona que podría asegurar un nuevo triunfo electoral presidencial, sino que constituye la única que garantiza la cohesión de la filas correístas y el establecimiento de posibles acuerdos con otras fuerzas políticas, a las que ahora reconocen como parte de la tendencia. Y decimos “podría” porque, en política, en tres años pueden acontecer muchas cosas que, inclusive, al mismo Rafael Correa le lleven a desistir de una participación electoral.

Así, la intención de establecer la reelección indefinida no solo evidencia prepotencia sino, en este caso, es una demostración de debilidad política. Rafael Correa no solo es la principal fortaleza del correísmo, también puede convertirse en el principal punto débil cuando éste no está.

Quienes en las filas del gobierno creían que la continuidad de su proyecto se daría sin la presencia de Rafael Correa como candidato en las elecciones de 2017 necesitaron del remezón electoral para constatar una realidad: AP sin Correa no asegura nada.

El Presidente no solamente dijo estar en contra de una nueva reelección, hace pocos días dijo que ese tipo ratificaciones en el ejercicio del poder político no permite la alternabilidad democrática. Ahora piensa todo lo contrario.

Ese cambio de opiniones, que se presenta con frecuencia respecto de varios temas, hace pensar que la mentira y la hipocresía se encuentran en el ADN de la cúpula del correísmo.

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