CIRCULA LIBRO: La Na turaleza entre la cu ltura, la biología y el derecho, por Esp eranza Martínez

La Naturaleza
entre la cultura,
la biología y el derecho

Esperanza Martínez Yánez

INSTITUTO DE ESTUDIOS ECOLOGISTAS
DEL TERCER MUNDO
info@estudiosecologistas.org
http://www.estudiosecologistas.org

EDITORIAL ABYA-YALA
http://www.abyayala.org editorial@abyayala.org

A MODO DE PRÓLOGO:

LOS DERECHOS DE LA NATURALEZA O EL
REENCANTAMIENTO DEL MUNDO

Alberto Acosta(1)
21 de febrero del 2014

“Cualquier cosa que sea contraria a la Naturaleza lo es también a la razón,
y cualquier cosa que sea contraria a la razón es absurda”.

Baruch de Spinoza (1632-1677)

“Las esperanzas tienen ese destino que cumplir, nacen unas detrás de otras.”

José Saramago (1922-2010)

Una compleja relación con la Naturaleza

La Naturaleza, más aún en la civilización capitalista, sigue siendo asumida
como un elemento a ser domado, explotado y por cierto mercantilizado. Los
llamados recursos naturales, renovables y no renovables, son vistos como
los pilares para construir el bienestar. Los países enriquecidos se aseguran el
suministro de dichos recursos, conscientes que su explotación les garantiza
elevados niveles de consumo. Los países emprobrecidos tratan de acelerar el
salto hacia la ansiada modernidad forzando el extractivismo, con una suerte
de modernización pasadista, que hermana a los gobiernos progresistas con los
gobiernos neoliberales.

Frente a esta añeja visión de dominación y explotación, sostenida especialmente
en el divorcio profundo de la economía y la Naturaleza, causante de crecientes
problemas globales sociales y ambientales, han surgido varias voces de alerta
y propuestas que avizoran cambios civilizatorios. En esa dirección apuntan los
Derechos de la Naturaleza. Y de eso se trata este texto de Esperanza Martínez,
que abre la puerta a un rico debate de los Derechos de la Naturaleza desde
la cultura, la biología, el derecho, la antropología, la política. El encuentro de
estas disciplinas, de acuerdo a la autora, quien las analiza en el tiempo, nos
plantea derechos interdisciplinarios e interculturales. Y sobre todo nos propone
reflexiones para reencantar el mundo, no sólo para recuperar lo humano, sino
también el sentido de la vida misma.

Los límites de la Naturaleza, aceleradamente desbordados por los estilos de
vida antropocéntricos, particularmente exacerbados por las demandas de
acumulación del capital, son cada vez más notables e insostenibles. Frente a eso
no se trata solamente de repensar la sustentabilidad en función de la capacidad
de carga y resiliencia de la Naturaleza. No es suficiente el conocimiento de las
verdaderas dimensiones de la sustentabilidad y en asumir la capacidad de la
Naturaleza para soportar cada vez más perturbaciones derivadas de demandas
antropocéntricas. Los Derechos de la Naturaleza demandan una nueva ética
para organizar la vida de los seres humanos en función de la vida de todos los
seres que habitan el planeta y el mismo Universo.

La tarea parece simple, pero es en extremo compleja. En lugar de mantener el
divorcio entre la Naturaleza y el ser humano, hay que propiciar su reencuentro.
Algo así como intentar atar el nudo gordiano roto por la fuerza de concepciones
de vida depredadoras y por cierto intolerables; sobre todo por el capitalismo,
la civilización actual, que “vive de sofocar a la vida y al mundo de la vida”, para
ponerlo en palabras del filósofo ecuatoriano Bolívar Echeverría .

Para lograr esta transformación, sin duda alguna civilizatoria, una de las tareas
iniciales radica en la desmercantilización de la Naturaleza como parte de un
reencuentro consciente con ella. Más que eso aún, los objetivos de un proceso
de transición deben estar subordinados a las leyes de funcionamiento de
los sistemas naturales, sin perder de vista el respeto a la dignidad humana
y procurando asegurar calidad en la vida de las personas. Esto nos conmina
a evitar las acciones que eliminen la diversidad, reemplazándola por la
uniformidad que provoca la megaminería o los monocultivos, por ejemplo,
pues estas actividades rompen los equilibrios, produciéndose trastornos cada
vez mayores.

Escribir ese cambio histórico, es decir el paso de una concepción antropocéntrica
a una (socio) biocéntrica, es el mayor reto de la humanidad si es que no se
quiere poner en riesgo la existencia misma del ser humano sobre la tierra. Y
de todo eso habla Esperanza en este nuevo libro de la serie: La Naturaleza con
Derechos, editado por el Instituto de Estudios Ecologistas del Tercer Mundo.

Pasos vanguardistas en esa dirección se dieron en Ecuador, en la Asamblea
Constituyente de Montecristi, cuando se aceptó a la Naturaleza como sujeto
de derechos. Derechos que ubican con claridad por dónde debería marchar la
construcción de una nueva forma de organización de la sociedad, si realmente
ésta pretende ser una opción de vida, en tanto respeta y convive dentro de
la Naturaleza. Y en este empeño, en los debates de Montecristi, en tanto
asesora de la Presidencia de dicha Asamblea, Esperanza Martínez, autora de
este libro, jugó un papel decisivo. Esto no sorprende. Su aporte en las luchas
por defender la Naturaleza ha sido y es múltiple. Basta con traer a cuenta su
decidido y permanente accionar para cristalizar la Iniciativa Yasuní-ITT, desde
mucho tiempo antes de que se inicie el actual gobierno ecuatoriano. Por lo
tanto, quien escribe este libro es alguien que conoce a profundidad de qué se
trata y cuáles son los vastos alcances de los Derechos de la Naturaleza.
Esta definición pionera a nivel mundial, nos conmina a diferenciar
cuidadosamente lo que son Derechos de la Naturaleza de lo que son los
derechos a un ambiente sano, que forman parte de los Derechos Humanos.

La finalidad de esta distinción es indicar que las formulaciones clásicas de los
Derechos Humanos, es decir de los derechos a un ambiente sano, que tienen
que ver con la calidad de vida, en esencia son antropocéntricas, y que deben
entenderse separadamente de los Derechos de la Naturaleza.

En los Derechos Humanos el centro está puesto en la persona. Con estos
derechos, en sus diversas aproximaciones desde los derechos políticos a los
difusos, se procura, en última instancia, evitar la pobreza y el deterioro ambiental
que impacta negativamente en la vida de las personas, asegurando, por cierto,
la libertad de las personas. En estos casos, cuando hay daños ambientales, los
seres humanos pueden ser indemnizados, reparados y/o compensados.
En los Derechos de la Naturaleza el centro está puesto en la Naturaleza,
que incluye por cierto al ser humano. La Naturaleza vale por sí misma,
independientemente de la utilidad o de los usos que le dé el ser humano. Esto
es lo que representa una visión biocéntrica – centrada en la vida. Estos derechos
no defienden una Naturaleza intocada. Eso sí defienden el mantenimiento
de los sistemas de vida, los conjuntos de vida. Su atención se fija en los
ecosistemas, en las colectividades, no en los individuos. La alimentación
de los seres humanos, por ejemplo debe darse garantizando que queden
ecosistemas funcionando con sus especies nativas como base de la diversidad
que es indispensable para el sostenimiento de la vida.

En este campo, la justicia ecológica, que surge de los Derechos de la
Naturaleza, pretende asegurar la persistencia y sobrevivencia de las especies
y sus ecosistemas, como conjuntos, como redes de vida. Esta justicia es
independiente de la justicia ambiental (aunque en última instancia toda
afectación ambiental afecta también al ser humano). No es de incumbencia de
la justicia ecológica la indemnización a los humanos por el daño ambiental. La
justicia ecológica se expresa en la restauración de los ecosistemas afectados
y sobre todo en la protección de esos sistemas. En realidad se deben aplicar
simultáneamente las dos justicias: la ambiental para las personas, y la ecológica
para la Naturaleza.

Este paso constitucional dado en Ecuador resultó ser de trascendencia
planetaria. Este esfuerzo -en el que estuvo en primera línea Esperanza Martínezes
ya un hito histórico. En muchas partes del mundo se debate sobre el tema.
Aunque habría que reconocer que esta declaración constitucional revitalizó
una discusión existente en diversos lugares del planeta.

Por cierto que en este punto habría que relievar todos los aportes y las luchas
desde el mundo indígena, en donde la Pacha Mama es parte consustancial de
sus vidas. Pero igualmente, y esto también es importante, hay otras razones
científicas que consideran a la Tierra como un organismo con vida. Esperanza
Martínez reconoce esta realidad cuando dice que “estos derechos no provienen
de una matriz exclusivamente indígena”. En este sentido todo este esfuerzo
por plasmar los Derechos de la Naturaleza se inscriben en “una reiteración
del mestizaje”, en tanto plantea una recuperación de elementos propios de
todas aquellas culturas occidentales y por cierto de las culturas indígenas
emparentadas por la vida. Y que encuentran en la Pachamama el ámbito de
interpretación de la Naturaleza, un espacio territorial, cultural y espiritual.

Esperanza, luego de presentar las fuentes constitutivas de los Derechos
de la Naturaleza y de adentrarse en sus antecedentes nos conduce por el
sendero de la complejidad de los sistemas naturales y el comportamiento de
las sociedades animales. Los escenarios en disputa son también objeto de
reflexión, a partir de ejemplos concretos en los cuales ella camina por territorios
en donde la explotación de la Naturaleza va de la mano de la resistencia social,
y en territorios en donde todavía los seres humanos conviven en comunidad
con la Naturaleza. Y este empeño, digno de ser leído con detenimiento y con
mucho cariño, teniendo en cuenta de que se trata de la vida de nuestra Madre
Tierra, se cierra con la discusión de una serie de herramientas para aplicar los
Derechos de la Naturaleza.

A estos derechos, como con ilusión y mucha fuerza plantea Esperanza, hay
que entenderlos como “una reacción al choque de visiones, ya no de fractura,
sino de costura de estéticas, de emociones, de deseos, conocimientos y saberes”.
Requerimos un mundo encantado alrededor de la vida, abriendo caminos
de diálogo y de reencuentro entre los seres humanos, en tanto individuos y
comunidades, y de todos con la Naturaleza, entendiendo que todos los seres
humanos formamos parte de la misma.

De la lectura del libro se desprende que la aceptación y vigencia de los Derechos
de la Naturaleza es compleja. Hay que vencer resistencias conservadoras y
posiciones prepotentes que esconden una serie de privilegios. Hay que dejar
atrás posiciones sectarias y dogmáticas. Hay que superar visiones tradicionales
que consideran como sujetos de derechos sólo a los seres que gozan de capacidad de reconocer qué es un derecho (desconociendo que hay incluso seres humanos incapacitados por diversas razones de asumir directamente esos derechos, pero que no están desprovistos de ellos). Para avanzar en este campo hay que dar paso a diversas y plurales propuestas estratégicas de acción para traducir el régimen constitucional en leyes, normas, indicadores y políticas en lo que tiene relación a la biodiversidad, al patrimonio natural, a los ecosistemas, tanto como a los aspectos conceptuales sobre responsabilidad jurídica ambiental y ecológica, sea desde perspectivas individuales como colectivas; pero siempre entendiendo al individuo como parte de una comunidad natural.

Entonces, los Derechos Humanos y los Derechos de la Naturaleza, que articulan una “igualdad biocéntrica”, siendo analíticamente diferenciables, se complementan y transforman en una suerte de derechos de la vida y derechos a la vida. En el ámbito internacional la tarea no es menos compleja. La estricta vigencia de los Derechos de la Naturaleza exige la existencia de marcos jurídicos e instancias internacionales adecuadas. Los problemas ecológicos son temas que atañen a la Humanidad en su conjunto.

Con este aporte de Esperanza podemos seguir en la tarea de construir la Declaración Universal de los Derechos de la Naturaleza y la de establecer un tribunal para enjuiciar todos los delitos que se comentan a la Madre Tierra. La acción es tanto local como internacional. Y es por eso que los Derechos de la Naturaleza, imbricados cada vez más con los Derechos Humanos, nos conminan a ser parte de una gran minga global que permita impulsar el reencantamiento del mundo (2).-

1 Economista ecuatoriano. Profesor e investigador de la FLACSO-Ecuador. Ministro de Energía y Minas,
enero-junio 2007. Presidente de la Asamblea Constituyente y asambleísta octubre 2007-julio 2008.

2 Tal como lo plantea en su libro Morris Berman, cuyo aporte sirve para rectificar la epistemología dominante y también para construir un nuevo paradigma que entienda en la práctica que los seres humanos formamos parte integral de la vida de la Madre Tierra y del Universo.

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