ECUADOR: Manifestaciones de protesta superaron a las fuerzas del gobierno

Jornada de protesta 17S
Manifestaciones de protesta superaron a las fuerzas del gobierno
Por Guido Proaño A. | EcuadorLibreRed
¿Cuánta gente se movilizó el 17S en todo el país para rechazar la política antidemocrática y antipopular del Gobierno? No es fácil precisarlo, algunos calculan 80 mil y otros dicen hasta 100 mil personas; lo que sí es posible señalar con toda certeza es que estuvo mucho más gente que en los festivales convocados por el régimen.
En Quito, donde el gobierno se propuso medir fuerzas, los participantes en la jornada convocada por el FUT, Frente Popular y Conaie fueron más numerosos que los asistentes a la Plaza Grande, en donde el presidente Rafael Correa combinó discursos y canciones con amenazas y ofrecimientos.
Uno de los aspectos que más debe preocupar al Gobierno al balancear esta jornada es, justamente, lo sucedido en la capital de la república. Aquí el gobierno concentró fuerzas, trajo gente desde varias provincias y obligó a los empleados públicos asistir al festival. Días antes, Correa dijo que si los manifestantes eran 3000, el gobierno pondría 30 mil y no se equivocó en la segunda cifra… solo que los 30 mil gritaban en contra del gobierno.
No solo le superaron en número, también lo hicieron en la convicción de los participantes. Estuvieron por voluntad, por decisión propia y no a cambio de refrigerios o por miedo a sanciones. La “sal quiteña” graficó muy bien las motivaciones de los presentes en la Plaza de la Independencia, por las redes sociales se dijo que el correísmo había cambiado su grito de guerra, y que se gritaba “Alerta, alerta, alerta que camina la bandeja de sánduches detrás de la tarima”.
El problema para el gobierno está extendido en todo el país, las movilizaciones en su contra se realizaron en todas las provincias –excepto dos o tres-, evidenciando que el descontento es generalizado y que el discurso del miedo y chantaje en esta ocasión no dio resultados. Este último aspecto tiene connotaciones que van más allá de lo ocurrido el 17S, el hecho es que esta jornada bien puede marcar un antes y un después en el comportamiento del movimiento sindical y popular organizado en general, y un antes y un después en la capacidad de maniobra política y de control social del gobierno. Roto el dique que contenía el descontento popular es previsible lo que puede ocurrir con la protesta social. Por eso sostenemos que el 17S Correa y su gobierno sufrieron una nueva derrota política, y lo grave para ellos es que ocurrió con el pueblo en las calles y con el movimiento sindical como protagonista principal.
Actor principal, pero no único. Las calles fueron tomadas –a más de los trabajadores- por jóvenes, por estudiantes secundarios y universitarios, por maestros, por empleados públicos que –al igual que todos- desafiaron a sus jefes, por comerciantes de las calles, por indígenas, por artistas, en fin… por hombres y mujeres de los sectores populares vinculados a las más diversas actividades productivas, académicas o, simplemente, afectados por el subempleo y desempleo. ¿Qué les convocó? El descontento con un gobierno que profundiza una gestión que afecta las condiciones de vida de los más pobres y de sectores medios; les convoca el hambre, la falta de empleo; les cita la imposibilidad de seguir sus estudios universitarios; les llama la falta de democracia y la existencia de un régimen autoritario que intenta mantenerse en el poder violando la Constitución vigente.
Destaca en los preparativos de la jornada de protesta, y en el desarrollo de la misma, la unidad de acción entre distintas organizaciones sociales y populares del país, particularmente las más importantes por su radio de acción e influencia política en el país, como son el FUT, el Frente Popular y la Conaie. Diga lo que diga el gobierno, muestre lo que muestre, en la oposición se encuentran las principales –e históricas- organizaciones del movimiento popular ecuatoriano.
La jornada de protesta deja un saldo de cerca de un centenar de personas detenidas y varias heridas; la mayoría de ellas estudiantes secundarios entre los que se encuentran varios menores de edad. El Ministro del Interior, José Serrano, ha puesto énfasis en “denunciar” que una docena de policías resultaron heridos, pero no explica por qué se ordenó reprimir con violencia a los estudiantes y a quienes llegaron hasta la Plaza de San Francisco en Quito.
Esta jornada deja también otro tipo saldo: un pueblo que se alza, que lucha por sus derechos y que pierde el miedo. Después del 17S inicia una nueva historia.

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