ECUADOR: De la noche neoliberal al albor neoliberal, por Atawalla Oviedo Freire

DE LA NOCHE NEOLIBERAL AL ALBOR NEOLIBERAL

por Atawalla Oviedo Freire

“No estamos en una revolución plena que trastoque las estructuras
en la magnitud que quisiéramos.” Ximena Ponce, Alianza País

Rafael Correa llegó al poder con un discurso que criticaba al pasado del Ecuador, especialmente lo que él denominó la “partidocracia” y siguiendo el lema de la “larga y triste noche neoliberal”. Pasado que prometía eliminarlo, inaugurando un nuevo estilo de hacer política y con el compromiso de realizar una “revolución ciudadana”. Los errores del pasado le sirvieron para encumbrarse y le han seguido valiendo para mantenerse en el poder, en medio de la agotada consigna de que no volverá el “viejo país”[1].

Su gobierno no se fundamenta principalmente en los méritos propios sino en los deméritos de los otros, al cual acude reiteradamente con su linchamiento mediático[2] cada vez que tiene que ganar legitimidad y asidero dentro del pueblo. De ahí la tan repetida frase “prohibido olvidar”, que ha calado en cierta parte de la población y que algunos la repiten mecánicamente. A través de la cual, exacerba el miedo en la gente ante el peligro de “volver al pasado”, coreando insistentemente la frase: “el pasado no volverá”[3]. Todo lo cual, se resume últimamente en la frase “la restauración conservadora”, con la que pretende ganar tiempo y espacio para recuperarse, pues buena parte de la población ya no cree en sus “mentiras compulsivas”. Derecha que acecha perversamente con volver y de la cual hay que huir como que fuera el diablo. En otras palabras, los buenos y angelitos son los correistas y los malos y perversos son todos los demás, incluidas el indianismo y la “izquierda radical”[4] “que es el partido más conservador de este país porque se opone a todo”. En definitiva, nadie sirve, el único que “ama a la Patria con infinito amor” y sabe lo que quiere el pueblo, es Rafael Correa y su harén de “mentes lúcidas”.

El correismo en la biopolítica del capitalismo se ha valido del marketing y de la publicidad “burguesas” para intentar controlar y disciplinar a la sociedad y a los individuos, remachando insistentemente una serie de eslóganes que penetran en la conciencia de la gente y que como flashes se encargan de sublimar al redentor que ha venido a salvarles del pasado pecaminoso. De esta manera pretende lograr que los cerebros se autoregulen y se autodisciplinen, para que se convenzan de que la “patria ya es de todos”. La misma que solo es posible en la línea directriz del que sabe cómo “avanzar a la excelencia”, sin que nadie pueda osar en opinar diferente y peor hagan sombra a su poder omnímodo. Por ejemplo, a los tres años del gobierno de Correa su grupo de confianza y de “corazones ardientes” se redujo a unos pocos fieles, los cuales pasan o se reciclan por diferentes instancias de poder, pasando de un lado a otro para aparentar cambios o refrescar las direcciones, pero todos ellos son ciegos obsecuentes en el cumplimiento de lo que ordena la autoridad. Muchos de ellos son jóvenes de alrededor 36[5] años con maestrías en las mejores universidades del capitalismo colonial[6] y que repiten como eco el mismo discurso del jefe mayor, hasta en la forma cómo él habla y que da la dimensión de que no tienen personalidad propia. Siendo esto lo que más le interesa a Correa, de que nadie tenga “agendas propias” pues la única agenda es la del “Presidente”, como le tratan sus discípulos y en un tono de siervos del rey. Todos aquellos que han discrepado, hoy están fuera y en la oposición.
No es su presente ni su ejercicio gubernamental lo que principalmente le avala, pues hoy Correa es consciente de que la población ya no lo valora tanto como al principio de su gestión en que envalentonado se enfrentaba hasta con el FMI y el BM, sino el terrible peligro de que regrese el tenebroso y lúgubre neoliberalismo. Lo que implica para el pueblo elegir, entre el “menos malo conocido que el bueno por conocer”, muy típico en la manera de actuar de la sociedad ecuatoriana que en muchas ocasiones ha elegido el “mal menor”. Por lo que si sigue Rafael Correa en el poder y es reelegido será porque es el mal menor, es decir, será la “mediocridad” y no la “excelencia[7]” de su gobierno lo que le permitirá seguir imponiendo su revolución gatopardista o epidérmica que deja intactas las estructuras, especialmente las económicas. Lo que quiere decir que la “revolución ciudadana” ha sido el acto de institucionalización[8] del capitalismo luego del quiebre provocado por las políticas nocturnas neoliberales. Sin embargo una parte del pueblo ya ha despertado de la noche correista y están claros de que tan solo se ha pasado de la noche neoliberal al albor neoliberal, a pesar del terrorismo comunicacional (nuevo país, patria nueva, revolucionario, socialista) lanzado por esta moderna monocracia o nanocracia.

LA NOCHE NEOLIBERAL Y EL DIA NEOLIBERAL

El neoliberalismo en la época de la “partidocracia” actuó oscurantistamente y ahora en la época de la nanocracia está en su etapa luminosa. Los unos actuaron en la apología de la centralización del mercado y embadurnados en el fanatismo de la derecha salvadora (“gran burguesía”), y el otro se ha dejado ver en toda su magnificencia y meritocracia acumulativa del capital y envuelto dentro de un manto milagroso de izquierda (“mediana y pequeño burguesía”). Esto es, los dos lados de la misma medalla.

Los movimientos sociales e indígenas habían combatido arduamente las políticas neoliberales, las mismas que le permitieron a Rafael Correa tener la puerta abierta para que pueda encumbrarse al poder. La acción estuvo enmarcada en rechazar todas las formas económicas entreguistas del “capitalismo salvaje” al gran capital a través del denominado “libre mercado” y la consecuente desmantelación del Estado. De estas dos situaciones, el correismo ha continuado con su acción en favor de la matriz de acumulación del capital y solo recuperando al Estado con algunas políticas para “salir de la pobreza”. Lo que significa entregar más y mejor mano de obra a los poderes económicos establecidos históricamente, y convertir al Estado en facilitador del mercado mundial a través de construir grandes obras de infraestructura y de medios de comunicación que necesitan el gran capital para expoliar al máximo lo que demanda el consumismo del primer mundo. Ha cambiado el modelo de libre mercado por uno de economía centralizada y planificada para el mercado, es decir, para unos y otros es el mercado lo que les interesa en última instancia. A pesar de que Correa en sus discursos diga que el ser humano está sobre el mercado cuando en la práctica sigue el capital sobre el trabajo, llegándose a los niveles más altos de acumulación como nunca antes se había dado en toda la época republicana del Ecuador.

Esto quiere decir que estamos frente a dos modelos de concentración y acumulación: el uno privatiza la economía y entrega al mercado liberal la distribución del ingreso, que en el caso del trabajador solo le permite reproducir su fuerza de trabajo; y el otro dirige la economía desde el Estado y entrega al mismo mercado liberal la redistribución de la privatización: del trabajo para los empleados y del capital para los patronos. De los dos, el más “eficiente y cálido” es el modelo correista de “capitalismo verde” que ha logrado mayor crecimiento económico y por ende mayor acumulación en ciertas familias, y a las que de boca para afuera crítica a algunas de ellas. De ahí que los empresarios están muy felices con el gobierno de Correa (igual en los demás gobiernos progresistas[9]), aunque un poco molestos con sus formas autoritarias y sus políticas paternalistas, por lo que quieren recuperar el timón del gobierno. Hemos pasado de la dominación del “Estado empresarial” en el neoliberalismo noctámbulo a la dominación del “patrón Estado” en el neoliberalismo luminario, pero ambos al servicio del “gran capital”, directa o indirectamente, esa es la diferencia básica.
Se ha recuperado el Estado y se ha disminuido la pobreza, pero al mismo tiempo las estructuras sociales del capitalismo se han restaurado y el sistema se ha modernizado, lo que implica la vigorización de la dependencia y de la explotación[10]. Dependencia valorizada por Correa en el mismo mandato de Aristóteles, quien decía que era obligatorio de que unos sirvan a otros, o unos debajo de otros, tal como su gobierno excesivamente vertical, jerarquizado y centralizado (monopolismo de Estado). Se ha recuperado el Estado con formas asistencialistas (bono de desarrollo) y con obras benéficas sociales (educación, salud), pero al mismo tiempo se ha acentuado el sistema de represión y de disciplinamiento de aquellos sectores que le llevaron al poder a Rafael Correa, como de toda la sociedad en su conjunto. Lo que implica que el correismo ha sido el proyecto de ordenamiento y de estructuración del capitalismo competitivo.

El gobierno en su afán de protagonismo y de aceptación en el pueblo, resalta sus obras “emblemáticas” (educación y salud, inversión para lograr la esperada soberanía energética en 2016); pero toda obra está en función de las estructuras o se canalizan en el nivel de expresión económica en la que cada sector participa en el juego sistémico. Por ejemplo las “lindas” carreteras, puertos, aeropuertos, vías acuáticas, etc., están hechos o tienen como principal propósito servir al saqueo rápido y eficaz de los recursos naturales (extractivismo), y lo demás es subsidiario o es concomitantemente a lo primero. Es decir, estas obras le son útiles en primer orden al gran capital, especialmente trasnacional que esta ávido de recursos naturales para saciar su voraz apetito consumista y de la que es cómplice el “progresismo” y el derechismo en el poder en toda América Latina[11] a través de los TLCs[12]. Al pueblo, le sirven estas “obras inteligentes” básicamente para ilusionarse con el “bonito país” -cuyos dueños son unas pocas familias-, y para esperanzarse de que sus ingresos aumenten un poco más. Lo cual podría suceder y hasta duplicarse sus ingresos en un 100 %, esto es, que el salario mínimo pase a 680 dólares, lo cual les permitiría reproducir su fuerza laboral de mejor manera pero seguirían “condenados” de por vida y por varias generaciones a seguir siendo la mano de obra para enriquecimiento mayoritario de otros (capital privado-individual o estatal al servicio del poder económico) y no de sí mismos (comunitarismo). Por tanto, si no se cambian las estructuras toda obra irá en beneficio principal del poder económico reinante y un pequeño porcentaje para el trabajador, que ve mejorar sus ingresos pero su dependencia sigue intocable, y mas por el contrario se aumenta con el motivado consumismo publicitario de por medio que termina por convertirlo en autodependiente y autoexplotado[13]. Lo que significa que el correismo se ha dedicado a administrar adecuadamente el capitalismo, fortaleciendo la mano de obra con “mejor salario, educación y salud”, para que trabajen más eficientemente y aumenten la producción nacional, es decir, acrecienten el ingreso económico de los grupos de poder instituidos.

RESISTENCIA AL NEO-NEOLIBERALISMO O POSNEOLIBERALISMO

Todo esto condujo a que los movimientos populares organizados históricamente y que habían combatido a las dictaduras y a todos los gobiernos precedentes, continuaran su resistencia al neoliberalismo en un nuevo nivel o estadio aunque disfrazado de antineoliberal. En esta nueva fase, se pasó de un Estado abierto al neoliberalismo a un neoliberalismo de Estado disciplinario, como en la época más dura del neoliberalismo disciplinario de Margaret Thatcher[14] que trataba a los sindicatos como “el enemigo interior”[15] y les combatía de forma agresiva[16] bajo el argumento de “mafia politizada”. Correa[17] ha retomado eso y argumenta lo mismo que decía la “dama de hierro”, quién también señalaba que los sindicatos estaban en contra del desarrollo de Gran Bretaña[18], y ahora los movimientos populares del Ecuador en contra de la “Patria” de Correa.

Movimientos de resistencia popular que han recibido como contestación la misma respuesta que la diera Tatcher, a través de su criminalización por medio de un Estado que tiene “las manos en la justicia”[19], totalmente autoritario y que impone sus verdades a rajatabla. Los supuestos “terroristas” son doble y hasta triplemente sentenciados: primero, mediante ridiculización pública a través de los medios comunicación[20], luego por el poder judicial que se hace eco de lo que señala el jefe en la sabatina, posteriormente por la sociedad que linchada mediáticamente por el régimen reproduce lo mismo, y finalmente –en algunos casos- hasta por su propia familia y amigos. Cada uno de ellos cumple el deber de sancionarlos ejemplarizadoramente, con el propósito de que otros no se atrevan a seguir los mismos pasos. Tal como lo hacían los primeros conquistadores que les descuartizaban públicamente a los indígenas o les lanzaban perros para que los coman vivos. Los modernos conquistadores los descuartizan judicialmente y les lanzan perros para que muerdan a los manifestantes[21]. Del colonialismo al neocolonialismo.

DE LA DEBACLE CONSERVADORA A LA RESTAURACIÓN CONSERVADORA

En concreto, tanto neoliberales oscuros como neoliberales diurnos han puesto en marcha el mismo sistema con dos modelos diferentes, pero ambos basados en el extractivismo, el productivismo, el economicismo, etc., y que ha significado que el capital esté en su mejor época, como lo reconoce el mismo gobierno a través del Ministro de Producción Richard Espinosa: “Este es el mejor momento de la economía del país”[22]. Es decir, de la economía del 10% de dueños del 90% de la riqueza del país, ese 10 % está más fuerte que nunca. Por ende se han restaurado las estructuras de poder por parte de los “capitalistas sociales” luego de que los “capitalistas salvajes” le pusieran en jaque al capitalismo. En otras palabras, la “restauración conservadora” se ha cumplido a cabalidad por la izquierda luego de la debacle conservadora llevada a cabo por la derecha. Ya está aquí desde hace 8 años, en la que los ricos han ganado como nunca lo habían hecho en toda la historia del país[23]. ¿No es verdad, señor Patricio Rivera, Ministro de Coordinación Económica?, como Ud. bien dice: “Por eso es importante recordar. Quien no conoce la historia está condenado a repetirla”.[24]
Políticas económicas que no tienen mayor diferencia con lo que hacen gobiernos derechistas, Santos[25] en Colombia u Ollanta Humala en Perú[26], quienes también han disminuido la pobreza en esos países, como también han acortado la brecha entre ricos y pobres[27]. Incluso Santos y en su turno el ex presidente peruano Alan García[28] han logrado mayores índices que Correa[29] y sin ningún discurso de izquierda, pues saben que eso no lleva a ningún socialismo sino a pulir el capitalismo. Es más, el mismo FMI[30], el Banco Mundial y las Naciones Unidas[31] han propugnado la necesidad de “disminuir la pobreza”, pues son conscientes de que así se reajusta el sistema y no se crean focos de desestabilización con gente hambrienta. Entonces, la única diferencia entre los derechistas burgueses y los progresistas pequeños burgueses, es que los unos son abiertos y claros, pues los otros engañan con un discurso izquierdista. Discurso publicitario que confunde a una buena parte de la población, incluso a unos pocos intelectuales extranjeros que todavía le aplauden a la “revolución ciudadana”[32].

Lo que vemos, es que en el fondo se progresó el neoliberalismo aunque superficialmente y retóricamente se le maquilló con ciertas obras sociales, pero que en última instancia favorecen al gran capital. Proceso éste al que algunos intelectuales le denominan posneoliberalismo[33] o la profundización del neoliberalismo desde otras formas, desde el Estado centralizado y con un sistema judicial disciplinatorio. La “falta de seguridad jurídica” que reclamaba el capital ahora está bien resguardada y embobinada, con un sistema de justicia también centralizado que se encarga de velar porque el Estado autocrático precautele la marcha rebosante del capitalismo[34]. Se cohíbe taumaturgamente a la derecha, pero principalmente se reprime a la “izquierda infantil” y al indianismo, bajo el argumento de vandalismo y de rebelión contra los “tirapiedras que se oponen siempre a todo” y de que no quieren aprovechar de que “no podemos ser mendigos debajo de un saco de oro”.
En resumen, todas las políticas correistas han estado en función de la matriz de acumulación y concentración del capital (saco de oro). Incluidos los hospitales, escuelas, carreteras, etc. que en última instancia fortifican la mano de obra para que sirvan de mejor manera a la reproducción del capital, por más que se diga en el discurso que en la “revolución ciudadana” está primero el trabajo, lo cual solo convence a un pueblo políticamente analfabeto y a una izquierda gatoparda cómplice de la “restauración conservadora”. Por ejemplo, los nocheros neoliberales introdujeron la tercerización con el propósito de expoliar al máximo a los trabajadores y ampliar exorbitantemente sus ganancias. Cuando simplemente había que hacer lo que han hecho los luceros del neoliberalismo, una serie de políticas integrales para que el capitalismo como tal se ordene y se institucionalice, con ello eliminando la tercerización que desgasta al trabajador por un sistema que con un “salario justo o digno” le convierte en mano de obra ágil y eficiente para la multiplicación del capital. Ésta, la revolución (léase restauración) capitalista del siglo XXI.

EL ALA DERECHA DE LA IZQUIERDA

Según señala el mismo gobierno[35], actualmente (septiembre 2014) circula en la economía nacional 37.000 millones de dólares, lo cual es efectivamente un nivel altísimo en toda la historia del Ecuador, pero lo que no dice es que la mayoría de esos millones de dólares está en manos de unos pocos empresarios. Por ello, solo resalta exageradamente la “disminución de la pobreza”, con lo cual logra manipular la conciencia del pueblo. Siendo comprensible de que se deje influenciar pero que es inconcebible para una izquierda neodesarrollista que sigue creyendo en una revolución cosmética y de la que esperan “profundizar” y “radicalizar” en una segunda etapa. Pero para ello tendrán que desmontar justamente todo lo que ha hecho Correa afinando al sistema capitalista, pues si solo pasan a nacionalizaciones o estatizaciones del gran capital, lo único que lograrán es un capitalismo de Estado, siendo esto lo máximo que ha conseguido esta izquierda en todo el mundo, es decir, más de lo mismo. Eso no aprende ni entiende esta izquierda epidérmica que apoya al correismo, que espera que ahora si se empiece una “revolución de la revolución”, y si no se da, aspiren pescar a rio revuelto esperando que algún día Correa se vaya del poder para luego montarse sobre él. Típico oportunismo de esta izquierda latinoamericana[36] en toda su historia.

Consecuentemente, no hay ninguna revolución estructural sino tan solo intra-sistémica que deja intacta las relaciones sociales, aunque se haya disminuido la brecha entre ricos y pobres. La misma asambleísta de Alianza País, Ximena Ponce, lo reconoce: “No estamos en una revolución plena que trastoque las estructuras en la magnitud que quisiéramos.”[37] Y la pregunta que surge es: por qué no quieren, o quiénes deben querer, o cuando van a querer. ¿No hay esa “revolución plena” por culpa del indianismo y de las otras izquierdas infantiles? Entonces, “progresistas del nuevo socialismo” ¿hasta cuándo van a seguir escabulléndose en el oscuro pasado neoliberal si su claridad neoliberal los delata? ¿En dónde queda su discurso de revolución, socialismo, época de cambio, etc.?

René Ramírez[38], uno de los ideólogos de la revolución ciudadana señaló hace un año que aquel era el momento para empezar la verdadera revolución pero hasta ahora no empieza, ni empezará cuando se han dedicado todo este tiempo a la restauración conservadora del capital[39], o si lo desean, ya es tarde para que ellos la empujen. En definitiva lo que tenemos, parafraseando al filósofo coreano Byung-Chun Han, es que esta izquierda maquilladora ha llevado al capitalismo a su plenitud en el momento en que el socialismo se vende como mercancía. El socialismo como mercancía: esto es el fin de la revolución.

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