ECUADOR – Alberto Ac osta: “El gobierno e stá sintiendo el des gaste político”

“El gobierno está sintiendo el desgaste político”

POR FRANKLIN FALCONÍ

La combinación efectiva para el desate de una crisis económica de magnitudes en el Ecuadores una sostenida caída del precio del petróleo y una apreciación del dólar, así como un proceso de devaluación de las monedas de los países vecinos. Sin embargo, esta crisis en ciernes no haría de por sí que el proyecto de la revolución ciudadana fracase, sino el hecho de que la “restauración conservadora”, sentada en Carondelet,traicionó hace años los principios con los que llegó al poder en el 2007. De este modo reflexiona Alberto Acosta en un diálogo con OPCIÓN.

La caída de los precios del petróleo en el mercado internacional traerá como consecuencia la reducción de la inversión pública, según lo ha anunciado el Presidente de la República, ¿qué produciría esta medidaen el movimiento de la economía del país?

Una reducción del precio del petróleo, bajo el nivel establecido en el Presupuesto, disminuirá los ingresos fiscales. Su impacto dependerá de la duración y por cierto de la profundidad de dicha baja. Este es un tema de mucho cuidado si se considera que la inversión pública, financiada en gran medida con los ingresos petroleros, es el motor de la política económica del correísmo. Para enfrentar una baja sostenida el gobierno tendrá que reducir la inversión pública y esto, en consecuencia, provocará una menor disponibilidad de circulante en la economía, con el consiguiente decrecimiento de la producción.

¿Está realmente preparado el Ecuador para enfrentar una tendencia sostenida de caída del precio del crudo? El ministro de Economía, Patricio Rivera, ha dicho que el petróleo representa “un poquito” más del 10% del Presupuesto, y que por tanto no es un problema serio…

Todo dependerá de la magnitud y la duración de la caída. Una reducción del precio del crudo que tenga una duración de varios meses o años no resistiría la economía ecuatoriana. Recordemos lo que pasó cuando se debilitó el precio del crudo desde inicios de los años ochenta. En esa época, la caída de la cotización del petróleo abrió la puerta a una larga y compleja crisis. No hace mucho, cuando empezó la crisis financiera internacional en el año 2008, el Ecuador se sostuvo porque contaba con una importante reserva monetaria internacional de libre disponibilidad y, sobre todo, porque el impacto de la crisis fue de corta duración.

¿Habría como recurrir al endeudamiento externo?

La posibilidad de más endeudamiento externo también podría ayudar a paliar los efectos recesivos de esta situación, pero no es una medida que pueda sostenerse en el tiempo. Menos aún si no se quiere caer en las redes del mercado financiero transnacional. Como lo hemos visto este año, el gobierno de Correa, al que se le secaron las fuentes de financiamiento chino, para conseguir recursos externos tuvo que retornar al redil del FMI y del Banco Mundial, inclusive de prestamistas de muy mala reputación como Goldman Sachs.

¿Bajar el cálculo del barril de petróleo en el Presupuesto del 2015 resolvería el problema de un crecimiento del déficit fiscal? ¿Cuál es el real problema fiscal?

Eso lo único que hace es poner las cifras en un contexto real. Puede hacer disminuir el déficit, pero de todas maneras habría un impacto negativo en la economía. Un parón de las inversiones públicas se sentirá en toda la economía.

Una de las posibles soluciones que plantean algunos analistas es que se intensifique la explotación de las reservas, como por ejemplo del ITT, y los campos Pungarayacu, además de que si se producen problemas fiscales simplemente se suban los impuestos… ¿son soluciones efectivas y positivas para los ecuatorianos?

Eso es una torpeza. Eso podría provocar un incremento de las tasas de extracción de crudo y un aumento del volumen exportable, pero, como es probable que los otros países exportadores de crudo actúen de igual forma, es decir de manera torpe, el saldo sería un incremento de la oferta. Y esto, como es fácil comprender, provocaría una mayor caída de los precios del crudo. Eso se conoce en economía, desde hace décadas, como un “crecimiento empobrecedor”: a la postre podríamos vender más crudo pero incluso recibir menos ingresos, al tiempo que perdemos valiosas reservas del hidrocarburo.

Se habla también de una baja en las tasas de interés de los Estados Unidos para el próximo año. ¿Cómo podría incidir eso en la economía nacional?

Habrá que ver si se consolida esa tendencia. Sobre todo hay que estar atentos a ver si una reducción de las tasas de interés en los EEUU permite una recuperación de su economía. Menores tasas de interés en dólares podrían alentar un mayor endeudamiento externo. Para completar esta reflexión hay que anotar que en Europa se presentan nuevas señales recesivas, que en China y la Indiasus economías han perdido parte de su vigor.
En suma, nosotros tenemos que poner mucha atención teniendo la economía dolarizada, lo que constituye una trampa muy peligrosa.

El Presidente ha dicho que lo que más le preocupa es la apreciación del dólar, ¿usted cree que eso es realmente más grave que lo del precio del petróleo?

La devaluación de los vecinos y la pérdida de valor del euro, es decir la apreciación del dólar, afectan la competitividad de nuestras exportaciones. Este es uno de los graves lastres que arrastramos con la dolarización. Si a esto sumamos la caída del precio del petróleo, podemos decir que la mesa para una nueva crisis, incluso política, está servida: recordemos que el consumo ha sido uno de los factores que explica la estabilidad política del gobierno de Correa.

Con un dólar más caro se abaratan las importaciones y se encarecen nuestras exportaciones. Tengamos presente que la dolarización se ha sostenido no por su fortaleza intrínseca, como equivocadamente se afirma, sino, especialmente, gracias a los elevados ingresos petroleros y a la depreciación del mismo dólar. La caída del precio del petróleo y la recuperación del dólar sería la receta para una catástrofe anunciada, sobre todo si esta combinación se mantiene por algún tiempo.

¿Considera que si hoy el gobierno está debilitado políticamente por las acciones de protesta de los sectores populares, un eventual escenario económico adverso podría profundizar ese proceso? ¿Mira usted, como consecuencias de una eventual crisis económica, posibles retrocesos en el gobierno en sus políticas, como fue el caso de las utilidades de los trabajadores de las telefónicas o el tema del Código del Trabajo?

Es evidente que el gobierno está sintiendo el desgaste político. Su traición a los principios revolucionarios de hace siete años y a la misma Constitución de Montecristi le comienzan a pasar factura en el sector popular. Su propuesta de modernización del capitalismo, cada vez más apoyada por los grandes grupos económicos, que ven con entusiasmo el TLC con la Unión Europea, encuentra una creciente resistencia en los movimientos sociales. El golpe electoral del 23-F es inocultable. La decidida acción de los Yasunidos, que tuvo que ser frenada con un burdo fraude del CNE, también debilitó las bases del gobierno. En esta línea de reflexión hay que incluir el miedo del correísmo a que el pueblo, a través de una consulta popular, decida sobre la reelección indefinida y otros cambios constitucionales que afectarían duramente importantes derechos fundamentales. Y, por cierto, la movilización del 17-S hizo lo suyo en este proceso de debilitamiento del correísmo.

¿Es usted de los que, según el Presidente de la República, se alegran de que venga una crisis solo por la obsesión de que fracase el gobierno?

El gobierno no fracasa por una crisis económica en ciernes. Los problemas económicos solo agudizan las contradicciones de un manejo gubernamental que demuestra que la restauración conservadora ya está sentada en Carondelet, y que la lidera, desde hace algunos años ya, el propio presidente Correa.

Finalmente: ¿cómo mira al movimiento social ecuatoriano?, ¿cree usted que hay un proceso de recuperación serio?

La respuesta popular del 17-S permite augurar una recuperación del protagonismo político de los movimientos sociales. El hecho de que el gobierno haya tenido que recular en su pretensión de imponer un código laboral antiobrero, como resultado de las marchas obreras-indígenas del 17-S, demuestra que las movilizaciones son el camino para frenar la restauración capitalista que impulsa Correa.

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