ECUADOR. ¿Por quién doblan las campanas? Pablo Ospina Peralt a, marzo de 2016 (IN FORME DE COYUNTURA)

http://www.cepecuador.org/images/PDFs/coyuntura_ecuador_marzo_2016.pdf

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ECUADOR: Gobierno de l #DobleMoral Rafael Correa alienta agro exportaciones y agro negocios contra sobe ranía alimentaria de la Constitución

Entrevista a Stalin Herrera

“La lucha por la tierra no es sólo una lucha por el bienestar campesino, sino que es la lucha por una sociedad democrática y moderna”



Isa Salcedo

La línea de fuego
http://www.rebelion.org/noticia.php?id=207521&titular=%93la-lucha-por-la-tierra-no-es-s%F3lo-una-lucha-por-el-bienestar-campesino-sino-

Durante las tres últimas semanas, el segundo debate del proyecto de Ley de Tierras Rurales y Territorios Ancestrales se ha retomado en varias ocasiones. La próxima fecha será el 7 de enero.

En una entrevista con el Observatorio del Cambio Rural, Stalin Gonzalo Herrera Revelo, Doctorante del Programa de Estudios Latinoamericanos de la UNAM (Universidad Nacional Autónoma de México) y miembro del Grupo de Trabajo sobre Desarrollo Rural de CLACSO, reflexiona sobre el modelo agrario para el campo en un contexto de aprobación de la Ley de Tierras en Ecuador.

¿Cuál es el modelo agrario para el campo que propone el gobierno de la Revolución Ciudadana?

Hay quienes que muestran al campo como un mosaico agrario de pequeños campesinos que decoran las montañas cual parches, o como una disputa entre la especialización productiva de la sierra para la producción de alimentos y la costa como un escenario de producción para la exportación. Lo cierto es que en este momento el modelo de agricultura que prima en el país es un modelo primario agroexportador que está dominado por la agroindustria y el agronegocio.

¿Cuáles han sido los avances en la construcción de un modelo de Soberanía Alimentaria por parte del gobierno actual?

Lejos de los avances constitucionales y de la presión de las organizaciones indígenas y campesinas, el gobierno, teniendo la Constitución como respaldo y una mayoría permanente en la Asamblea Nacional Constitucional, no ha mostrado la voluntad política para avanzar en un modelo de Soberanía Alimentaria. Y esto no es un problema menor para los campesinos y el resto de ecuatorianos.

Comúnmente se observa la hegemonía o presencia agroindustrial y de los agronegocios como una amenaza para la sobrevivencia de los campesinos, el consumo de alimentos como lo conocemos hoy y la reproducción de la naturaleza. El argumento es que el modelo primario agroexportador, como necesita del control de la tierra y el agua, avanza sobre los recursos a costa de la expulsión de los campesinos; y como demanda de enorme cantidad de insumos químicos, genera enormes daños para la naturaleza.

¿Cuáles son los mecanismos del agronegocio y la agroindustria y sus impactos en el campesinado?

En su versión más elaborada, el agronegocio y la agroindustria han desarrollado una serie de mecanismos o estrategias de “incorporación vertical” de la producción campesina que, bajo el eslogan de negocios inclusivos, tienen el mismo efecto sobre los campesinos: éstos pierden su autonomía y control sobre sus recursos productivos y su producción.

Pero el modelo que se construye es aún más complejo. Hoy, la agroindustria (producción “industrial” de alimentos) y el agronegocio (control de toda la cadena de alimentos, es decir, el control de la producción, comercialización y redes de consumo), han dejado el estrecho margen de sus “definiciones” y constituyen un complejo económico y político que se componen de empresas o elites que tienen “intereses” o estructuras de acumulación que rebasan lo estricto de la producción agrícola.

Se trata de estructuras económicas que tienen intereses en las finanzas, en la construcción, importación, exportación; y, sobre todo, tienen capacidad de incidir en la política nacional. Son estructuras complejas con intereses económicos, con representación política a los que no les interesa avanzar hacia un modelo de Soberanía Alimentaria, la proscripción del latifundio o la desprivatización del agua como lo versa la Constitución del 2008.

De esta forma, el modelo no solo amenaza la reproducción de la vida campesina o de las sociedades rurales, sino que amenaza el desarrollo democrático de la sociedad, indispensable para la vida digna de todos nosotros.

¿Cuál es el modelo de una vía campesina en defensa de la soberanía alimentaria para el campo?

Es un modelo muy simple. Nace como una propuesta de los campesinos enfrentados a la expansión del monocultivo, la agroindustria y los agronegocios. Por oposición, se plantea poner al centro de la política pública a los pequeños campesinos, mujeres rurales y comunidades indígenas; avanzar en una reforma agraria y, ahora, también una reforma hídrica. Demanda el control de mercados en manos campesinas y se plantea el uso de tecnologías apropiadas. Como ves, es una propuesta que se opone directamente a la expansión del capitalismo agroindustrial en el campo; critica la complicidad de la política pública o el rol del estado; critica el control de la tierra y el agua; demanda el control de mercados en manos de los agronegocios y empresas. Se plantea el uso de la agroecología como una herramienta tecnológica, no solo para la producción sino para la construcción de autonomía frente al capital.

¿Por qué apostar por la agricultura familiar campesina?

La construcción de una agricultura basada en una economía familiar campesina no es solo una teoría, es una realidad que salta a los ojos. En Ecuador, AVSF (Agronomos y Veterinarios Sin Fronteras) junto al SIPAE (El Sistema de Investigación sobre la Problemática Agraria en el Ecuador) y otras organizaciones, tienen suficiente material para mostrar que la Agricultura Familiar Campesina es un modelo eficiente; no solo en términos económicos sino en términos sociales. Produce más trabajo por unidad de superficie que los modelos agroindustriales existentes, es menos agresiva con el medio ambiente, contienen los valores culturales de alimentación y pueden abastecer mercados locales e internacionales.

De hecho, aunque el gobierno dude de la importancia de la agricultura familiar, los campesinos o la agricultura familiar campesina siguen “inventando” una vía. El Presidente de la República dice que al distribuir la tierra corremos el riesgo de distribuir la pobreza, hacer de los campesinos pequeños productores sujetos ineficientes que multipliquen su pobreza. Éste es un argumento de cómo no se observa la vitalidad y creatividad campesina que, a pesar de la poca disponibilidad de tierra y agua, sin tecnología apropiada y una errática política pública, mantienen un peso importante en la producción de alimentos para el consumo interno.

¿Cuáles son los elementos esenciales en la lucha histórica por la tierra en Ecuador?

Probablemente puedo sonar muy ortodoxo políticamente, porque podría criticarse el argumento diciendo que los campesinos son mucho más que la lucha por la tierra; son la lucha por el mercado, la tecnología y el acceso a otros muchos recursos. La lucha por la tierra no es sólo una lucha por el bienestar campesino, sino que es la lucha histórica por la construcción de una sociedad democrática y moderna y apunta a la ruptura del viejo régimen de hacienda o de plantación que caracteriza a las estructuras oligárquicas del país. Una lucha que se configuró en los años 50 y que no deja de tener validez política; sobre todo porque es una de las razones de la desigualdad en el campo. A lo largo de estas décadas, se ha actualizado en la lucha por el territorio o en la lucha por el agua; y va materializándose en la lucha contra los procesos de valorización de la naturaleza que el capital realiza.

En un contexto de aprobación de Ley de Tierras en Ecuador, ¿cuáles son los principales nudos críticos que destacas?

El debate en torno a la Ley de Tierras – como la Ley de Aguas en su momento –, pone al gobierno y a las organizaciones en una especie de paradoja. A pesar de que hay una enorme demanda de las organizaciones por la redistribución de la tierra, el gobierno el gobierno tiene mayoría en la Asamblea Nacional y opta por no afectar a la gran propiedad y sostener la base de su acumulación (el control de la tierra o la gran propiedad). Así, el gobierno muestra su rostro más conservador. Pero no se detiene, la ley de tierras viene de la mano con las segundas enmiendas constitucionales en las que se propone eliminar las restricciones para el uso de transgénicos, una lucha histórica de los campesinos frente a las pretensiones del neoliberalismo.

Del lado de las organizaciones de “izquierda” en el gobierno, los argumentos para defender al gobierno pueden ser muchos, pero la defensa de la Ley de Tierras las ubica en un lugar lamentable. No solo porque los vuelve cómplices de su verdugo, legitimando una ley que termina por sostener y validar la gran propiedad y sostener la agroindustria y los agronegocios: un modelo que crece a costa de la precarización, marginación y expulsión de los pequeños productores familiares. Aun cuando la lucha por la tierra se ha configurado históricamente como la base del programa campesino, la Ley de Tierras marca nuevamente la distancia del gobierno con sus propias organizaciones campesinas y las subordina a un programa conservador sin horizonte para los campesinos.

Si en los noventa, parte del programa enfatizó la redistribución del agua y de la tierra o en la lucha contra su acaparamiento y privatización, ¿cuál es el programa hacia delante?

¿Cuáles son las principales afectaciones de esta ley de Tierras Rurales y Territorios Ancestrales para la agricultura familiar campesina?

Aunque se trata de un tema que está aún por verse, podríamos decir que la Agricultura Familiar Campesina no gana más de lo que había ganado en la Constitución. Lo que podríamos reconocer en la ley y su debate es que, a diferencia de la Ley de Desarrollo Agropecuario de 1994, hoy se dan causales de expropiación; y en su momento actual o en el futuro, podría crear condiciones para que en unos pocos lugares, donde hay “sed de tierra” y existen organizaciones indígenas campesinas con la fuerza suficiente, se creen algunas disputas. Pero en un gobierno de “revoluciones y socialismos” es una conquista espurrea e ilusoria si consideramos que la misma ley, en el marco del Código Penal Integral, criminaliza la toma de tierras.

A mi parecer, la ley es un retroceso en relación a los avances constitucionales. Por ejemplo, la Constitución proscribe el latifundio; es decir, que el latifundio es un delito, pero la ley no define lo que es latifundio sino que crea un incentivo para que los dueños de tierras improductivas las pongan a producir. La Constitución pone a la Soberanía Alimentaria como proyecto estratégico para el desarrollo rural y la ley coloca a la “productividad” – el sujeto de la Soberanía Alimentaria es la agricultura familiar y el de la productividad los “empresarios” –. Las organizaciones sociales demandan tierra por un problema de justicia y desigualdad social; la ley plantea la redistribución vía mercado.

En un contexto en el cual no hay frontera agrícola donde extenderse o donde el Estado no tiene tierra que repartir, lo que hace el mercado de tierras es desplazar a los campesinos pobres y sin tierra; y promueve un proyecto de recambio productivo muy lucrativo para los terratenientes. El punto es que, si hay terratenientes con tierra “improductiva”, los terratenientes pueden vender al Estado las superficies de su tierra marginal, la de menor calidad o renta.

Isa Salcedo: Investigadora de OCARU (Observatorio del Cambio Rural – ECUADOR)

Fuente: http://lalineadefuego.info/2016/01/05/la-lucha-por-la-tierra-no-es-solo-una-lucha-por-el-bienestar-campesino-sino-que-es-la-lucha-historica-por-la-construccion-de-una-sociedad-democratica-y-moderna-stalin-herrera/

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El destino de los caudillos y los pueblos que lo siguen, por Natalia Sierra

El destino de los caudillos y los pueblos que lo siguen,
por Natalia Sierra
http://atravesdelafisura.blogspot.com/2016/01/eldestino-de-los-caudillos-y-los.html

En una maravillosa obra sobre el poder, titulada “La ruta antigua de los hombres perversos”, René Girard reflexiona sobre el destino de los hombres en los que éste se ha encarnado. Si bien hay mucha distancia histórica y cultural entre el escenario utilizado por el autor para su reflexión y el contexto socio político de América latina y particularmente del Ecuador, es posible pensar el caudillismo latinoamericano desde la ideas del filósofo y específicamente del último caudillo ecuatoriano: Rafael Correa

“No existe ninguna verdadera tragedia cuyo héroe no recorra la famosa “ruta” hasta el espanto final” (René Girard: 1989)

Toda estructura de poder requiere garantizar su permanencia y por lo tanto su reproducción, para lo cual utiliza la figura mítica del chivo expiatorio que en su sacrificio asegura que la estructura de poder se mantendrá intacta.

Sin desconocer la responsabilidad que la persona-caudillo tienen en el mal gobierno que protagonice, pues no puede ser de otra manera si se trata del poder en forma caudillista, es importante entender que la estructura de poder es mucho más y más compleja que la persona que la encarna. Si no es posible esta comprensión, la llamada época pos-progresismo y específicamente pos-correismo no serán nada más que el sacrificio del chivo expiatorio (caudillo en decadencia) y su reemplazo por otro que sostenga la misma estructura de poder.

El ritual del sacrifico del chivo expiatorio que se da en sus momento de decadencia no hace sino confirmar el mito fundante que sostiene al sistema social que busca perpetuarse, y con él se garantiza la reproducción y permanencia de su estructura de poder. En el caso que se analiza, el sacrificio del caudillo, que va a fungir de chivo expiatorio, sea como asesinato físico (como sucedió con García Moreno o Eloy Alfaro) o sea como asesinato simbólico (como sucedió con Velasco Ibarra) lo que hace es confirmar el mito de la sociedad capitalista, así como su estructura de poder.

El mito no es otro que la promesa capitalista ligada al progreso, desarrollo industrial, crecimiento económico y consumo y su estructura de poder es la que vivimos cada cierto tiempo como ejercicio democrático, esto es el proceso electoral en el cual lo único que se elige es el caudillo que va a administrar la sociedad dada, nunca el tipo de sociedad y menos de civilización que se quiere.

El caudillo, sea éste Correa, Evo, Lula, Cristina, Chávez, o cualquier otro, encarnaron de forma total el poder político del capital en la región, lo que en la lógica de la ruta antigua de los hombres perversos supone dos tiempos. Un primer momento de glorificación del héroe o mesías que promete hacer realidad el mito de la modernidad capitalista en la región. Un segundo momento de caída y decadencia previa su sacrificio, en el que el mito se desvanece y el responsable es quien al principio fue su posibilidad.

En esta década y media de progresismos, el subcontinente asistió a la gloria de sus últimos hombre perversos (léase caudillo o chivos expiatorios) en la cual fueron adulados por la cohorte política y económica que aprovecharon de su figura amada por la mayoría de los pueblos de sus países. En los próximos años asistiremos a su momento de decadencia, en el cual, así como los adularon los despreciaran, desprestigiaran y odiaran hasta su espantoso final. Lo probable es que todos estos hombre perversos terminen despreciados y olvidados por sus pueblos, quizá no podrán sobrevivir al desprecio y afrontarán la insoportable muerte simbólica. Es posible que observando su destino ya escrito, en tanto que hombre perverso, Rafael Correa piense en hacer una retirada política muy estratégica cuando dejó, si así lo hace, la contienda electoral del 2017, sin embargo lo seguro es que no escape a su destino.

Al igual como Sóflocles pensó respecto a Edipo, según palabras de Girard: “Jugaba con fuego y los que juegan con fuego se queman. No soy yo quien tenga que salvarlo.” (René Girard: 1989) Se podría decir lo mismo ante el espantoso final del caudillo, sin embargo sin querer que éstos no paguen sus deudas con los pueblos y queden en la impunidad, “…esta indiferencia por la víctima como tal no tiene consecuencias morales. Impide que se deshaga el mito.(René Girard: 1989) De lo que se trata es entender que la estructura de poder de la sociedad capitalista se perpetúa en la medida en que se siga la ruta de los hombres perversos, en otras palabras quedar atrapados en el ciclo de reproducción del poder capitalista: salir de un caudillo para caer en otro, de un salvador en otro, buscando la realización del mito de la modernidad capitalista, cuya realización solo trae más miseria tras ciclos de ilusorio crecimiento económico.

Si no existiese el chivo expiatorio, es decir un héroe-caudillo cuyo destino es devenir en villano y así ser sacrificado para que la lógica capitalista que articula la sociedad moderna se reproduzca de forma infinita, en base a la reproducción del poder político burgués (elecciones periódicas que reafirman el sistema) los pueblos podría ver que el problema fundamental no es el caudillo sino la estructura de poder político y económico que éste encarna. De lo contrario, ante la decadencia anunciada de los caudillos del progresismo latinoamericano, nos enfrentamos a que la elecciones próximas, como ya ocurrió en Argentina, cambie el caudillo para que nada en lo fundamental cambie.

En este sentido, es claro que el caudillo latinoamericano cumple el papel de chivo expiatorio, absolutamente necesario para que la sociedad capitalista, el poder burgués, siga su reproducción como inexorable. Ante este panorama es urgente que no se sacrifique al caudillo, sin con esto querer de ninguna manera decir que no deban rendir cuentas y pagar por su complicidad con el poder real, sino que se debe acabar con ese poder económico y político que busca perpetuare a través del sacrificio de sus instrumentos y de sus rituales ideológicos. El primer paso para resistir al poder real del capital es salir de la ruta de los hombres perversos, renunciar al mito del progreso y a la ritualidad política del mercado electoral.

No tiene sentido que los pueblos se enreden y desgasten en buscar a un nuevo héroe-caudillo (sea una persona, un partido o un movimiento) para las próximas elecciones, lo que urge es abandonar definitivamente el mito que articula el sistema económico capitalista, su estructura de poder burgués y sus sistema electoral, es decir abandonar definitivamente la oferta del progreso moderno asentado en el desarrollo industrial, el crecimiento económico y el consumismo mercantil.

Referencias
Girarad, René, (1989) La ruta antigua de los hombres perversos. Ed. Anagrama. Barcelona

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Max Neef: “La obsesi ón por el crecimient o económico es un di sparate”

Max Neef: “La obsesión por el crecimiento es un disparate”

Entrevista realizada por la Fundación DECIDE a Manfred Max Neef, Economista de la Universidad de Chile, quién elaboró ideas en torno al desarrollo sustentable, la economía ecológica y el desarrollo a escala humana.
15.11.15
Por eldesconcierto.cl@eldesconcierto

Max Neef

Entrevista realizada por la Fundación DECIDE a Manfred Max Neef, Economista de la Universidad de Chile, quién elaboró ideas en torno al desarrollo sustentable, la economía ecológica y el desarrollo a escala humana. En 1983 gana el premio Right Livelihood Award, considerado el premio nobel alternativo de economía, y en 1993 fue candidato a Presidente de la República en Chile. Conversamos con Manfred sobre la coyuntura política actual, los debates sobre crecimiento económico, modelos de desarrollo en Chile y latinoamérica y sus propuestas sobre economía ecológica.

Buen día, Manfred. En el último tiempo hemos observado que la izquierda, o los movimientos sociales a groso modo, fueron más o menos exitosos en instalar ciertas ideas o posiciones a lo largo del siglo XX: los derechos humanos, derechos sociales, algunas reivindicaciones de género. Pero a partir de la caída de la Unión Soviética quedó bastante huérfana de ideas –de la proposición de un modelo- en el plano económico; a diferencia de lo que ocurre entre actores vinculados al mundo ambiental y a propuestas que giran en torno a la sustentabilidad, que logran escapar de los marcos de la modernidad, entendido como economías basadas en costos y beneficios.

-Bueno, parece evidente que la economía convencional y tradicional no ha respondido a lo que debería haber respondido. De que exista una tremenda testarudez de parte de quienes son del mainstream, no quita que sea y siga siendo un fracaso tremendamente peligroso y brutal. Esta economía neoliberal mata más gente que todos los ejércitos del mundo juntos, y no hay ningún acusado, no hay ningún preso, no hay ningún condenado. Todos los horrores que estamos viendo en el mundo, gran parte de ellos, tienen un trasfondo que está anclado a esta visión de tratamiento y práctica económica.La obsesión del crecimiento, para empezar, es un disparate. Porque una elemental ley natural, que todo el mundo conoce, es que todos los sistemas vivos crecen hasta un cierto punto en que dejan de crecer. Tú dejaste de crecer, yo deje de crecer, el árbol grande deja de crecer, pero no deja de desarrollarse. Seguir forzando el crecimiento para consumir más y seguir produciendo una infinita cantidad de cosas innecesarias, generando una de las instituciones más poderosas del mundo como lo es la publicidad, cuya función es una y muy clara: hacerte comprar aquello que no necesitas, con plata que no tienes, para impresionar a quienes no conoces. Eso evidentemente no puede ser sustentable.Ahora, frente a las alternativas, desde luego para mí la más importante, es la visión de la economía ecológica. Porque a diferencia de la economía tradicional, la economía ecológica es una economía que está al servicio de la vida y tiene características fundamentalmente opuesta a la convencional. La economía convencional -que es la hija de la economía neoclásica- desde una visión ontológica, se sustenta en una visión mecánica, newtoniana: el humano, la economía y el mundo son mecánicos. Y en un mundo mecánico tú tienes sistemas que tienen partes. Partes que descompones, analizas y vuelves a armar. Del otro lado, la economía ecológica se sustenta en una visión orgánica. Los sistemas no tienen partes, sino que participantes, los cuales no son separables. Lo cual significa que todo está intrínsecamente unido y relacionado. Esto por lo demás ya es un mensaje que hace más de 90 años nos viene dando la física cuántica, pero ese mensaje ha tardado en llegar a las ciencias sociales. En este sentido, la economía ecológica o cualquier nuevo sistema económico debe en mi opinión, sustentase en cinco postulados fundamentales y un principio valórico irrenunciable. El postulado número uno: la economía está para servir a las personas y no las personas para servir a la economía. Dos: el desarrollo tiene que ver con las personas y la vida, no con objetos. Tres: crecimiento no es lo mismo que desarrollo, y el desarrollo no precisa necesariamente de crecimiento. Cuatro: ninguna economía es posible al margen de los servicios que prestan los ecosistemas. Y cinco: la economía es un subsistema de un sistema mayor y finito que es la biosfera, por lo tanto el crecimiento permanente es imposible. Y el principio valórico irrenunciable que debe sustentar una nueva economía es que ningún interés económico, bajo ninguna circunstancia, puede estar por sobre la reverencia a la vida. Si tú recorres estos puntos vas a ver que lo que hoy tenemos –en la economía neoliberal- es exactamente lo contrario. Hoy en día llegamos al extremo, comienzo del siglo XXI, que hay más esclavos de los que había antes de la prohibición de la esclavitud en el siglo XIX. Esclavos en serio, no en sentido figurado, de los cuales el 60% son niños y las demás, principalmente, mujeres.

Usted mencionaba la idea del crecimiento cero. Pero pareciera ser, cuando se le habla a gobiernos latinoamericanos, incluidos los de izquierda, que el crecimiento cero no es para nosotros: primero debemos crecer y luego podemos hablar de crecimiento cero, ¿está usted de acuerdo?

-Hay crecimientos que son necesarios y justificables, y hay crecimiento que es totalmente innecesario. Y, desde luego, no confundir crecimiento con desarrollo que son dos cosas distintas. Si usted crece para desarrollarse, se puede pensar. Pero si usted crece a raíz de agotar recursos renovables y no renovables, eso es estúpido. Fíjese usted qué es lo que ocurre en la macroeconomía convencional, es tan absurdo que la pérdida de patrimonio se contabiliza como aumento de ingreso. Si yo arraso este bosque, eso me genera crecimiento e ingreso, pero ¿cuál es el resultado? Quedamos pobres. Destruí el suelo, en ese proceso crecí, pero el resultado es que quedé más pobre. Con mis colegas planteábamos lo que se conoce como la hipótesis del umbral, que ya está completamente confirmada, y que ya deja de ser hipótesis. En toda sociedad hay un período en el cual el crecimiento económico conlleva un mejoramiento de la calidad de vida, pero sólo hasta un punto. El punto umbral. Luego del cual si hay más crecimiento empieza a decaer la calidad de vida. Hay distintos componentes de la calidad de vida, pero llegado un determinado crecimiento, la calidad de vida de la ciudad empieza a decaer, ¡pero la ciudad crece! Claro que hay países que necesitan crecer, hay países que están en la extrema pobreza, pero tiene que ser un crecimiento que efectivamente contribuya a la superación de la pobreza. Porque el crecimiento que se sustenta nada más que en el consumismo, no genera desarrollo ni mejora la calidad de vida. Hago una pregunta elemental, ¿tú crees que es necesario que hayan 185 tipos de shampoos? ¿Seríamos inmensamente más pobres si hubieran 50 tipos de shampoos? Entonces, en todo orden de cosas es lo mismo. Tú estás ocupando recursos valiosísimos para producir cosas innecesarias, eso genera crecimiento, pero no desarrollo.

La noción de “bienes comunes”, hemos trabajado en este concepto porque entendemos que viene a liberarnos del eje “bien público – bien privado” que ha perdido progresivamente el sentido que justificó su existencia en el contexto de las luchas del siglo XX.

-Para mí esas son contribuciones lingüísticas que no corresponden a la realidad. Para mí no hay ninguna diferencia entre un bien público y un bien privado: es parte de la naturaleza. Que tenga dueño, que no tenga dueño, o que tenga muchos dueños me da igual. Lo que interesa es la característica de ese bien y cuál es la función de ese bien, no el concepto de propiedad que hay detrás. Y entonces, como ya lo dije antes, se trata de entender que nosotros estamos absolutamente integrados a la naturaleza. De tal manera, que hay que entender que esos bienes son parte integral de un todo. Cualquier acto que nosotros cometamos que tiene que ver con la destrucción de ese bien, es un acto de suicidio colectivo. Tú te estás suicidando y se está suicidando la sociedad en la medida que destruyes los bienes de la naturaleza que no se pueden reponer. Por supuesto si tú cortas un árbol y facilitas que pueda volver a crecer, bueno, no hay problema, eso es lo normal, eso no es depredar. Depredar es ir mucho más allá de lo que realmente se necesita. Y en ese sentido todos los bienes son importantes y puedes decir que todos los bienes son comunes. Lo de público y privado es una cuestión leguleya que sirve para el abuso, como en el caso del agua en Chile, que es grotesco. Te compraste el agua de ese río y el vecino no puede sacar ni un vaso de agua, eso es monstruoso, te fijas. Pero eso es la parte jurídica, la parte que nosotros fabricamos, que no se corresponde a lo que debe ser nuestra relación con todos los bienes que son naturales. Luego puedes agregar la propiedad, pero debes entender que eso es parte de un todo, y si alguien tiene una propiedad, esa persona tiene una responsabilidad muy clara respecto a ese bien.Desde la izquierda, hablando históricamente, se entendió alguna vez que valía la pena reivindicar la propiedad pública en términos de recursos. En el caso de Chile, eso estaba muy claro con la nacionalización del cobre, entendiendo que detrás de eso iba a haber una redistribución, una democratización en la gestión del recurso. Pero ahora –dictadura y Concertación de por medio- vemos que de eso hubo bastante poco. Codelco, por ejemplo, siendo una empresa pública contamina e interviene más que cualquier empresa privada.

Mucha gente se imagina que el socialismo y el capitalismo son absolutamente opuestos. Pero en términos ambientales son idénticos, como también en su relación con la tecnología. La naturaleza está ahí para ser explotada y eso es válido tanto para el socialismo como para el capitalismo. La única diferencia que hay entre los dos es en la distribución de la riqueza. En uno la distribuye el Estado y en el otro, el mercado. Izquierda y derecha a mí no me dice nada. Es una lucha histórica donde esas categorías ya cumplieron su función y ya no sirven. Hoy día yo te pregunto, ¿qué es una persona de izquierda? Hace 40 años se sabía muy bien. Ahora yo te saco 40 personas que se dicen de izquierda y les pido que en una frase digan qué significa ser de izquierda, voy a tener 40 respuestas distintas. Hoy la gente se alinea por otras cuestiones, el ambiente, el cambio climático, esas son otras preocupaciones que no vienen ni con derecha ni con izquierda. No vamos a decir que solo la derecha es culpable del cambio climático: son todos culpables del cambio climático. Entonces, hay que trabajar con nuevas categorías y no quedarse trancado en el siglo XX o, peor aún, en el siglo XIX.
Ahora, ¿cómo cree usted que se tienen que gestionar esos recursos? ¿Qué experiencias se pueden rescatar?

La única manera de hacerlo bien es en la medida de estimular y reforzar con el mayor vigor posible las economías locales, lo pequeño, el municipio, cuando mucho la región. Porque para comenzar, ahí tú tienes identidad, tú eres alguien. Porque, ¿en qué consiste ser chileno? La banderita macanuda, el himno, esa es una lesera. Tu identidad está en la ciudad donde naciste, y particularmente en el barrio donde creciste. Yo soy porteño del cerro Artillería, del paseo 21 de Mayo, ahí está mi identidad, el resto es una abstracción que no tiene más sentido. En ese sentido, las experiencias más exitosas y más interesantes son las que se están haciendo hace tiempo en Escandinavia, particularmente en Suecia. El Natural Step, el paso natural de Suecia, consiste en un gran consenso nacional que ha llevado a una economía responsable, los únicos que no están en crisis en Europa por lo demás. Y como consecuencia de eso, al movimiento de los eco-municipios hoy. Algo que empezó hace 30 años en un municipio muy pequeñito en la región del Ártico sueco, donde dijeron “bueno, nosotros somos tan pobres que no podemos esperar nada de nadie, tenemos que inventar la manera de desarrollarnos”. Y tuvieron un éxito extraordinario, y hoy dos tercios de los municipios son así. Pero finalmente, ¿qué es un ecomunicipio? Es un municipio que tiene autonomía financiera, autonomía energética, autonomía en transporte, en educación, en cultura, autonomía completa. El 100% del impuesto que tú pagas se queda aquí, no se va al centro para que ellos decidan qué hacer con la plata. ¿Qué significa eso?, ¿cuál es el impacto psicológico que produce eso? Que tú estás viendo lo que hacen con tu plata. Si no te gusta lo que están haciendo, sabes a donde ir y a quien decirle. Aquí qué hacen con tu plata, ¿tienes idea? Cero. Aquí en Chile, acá en Valdivia, si tú quieres poner un semáforo te lo tiene que autorizar Santiago. Un chato que está en un escritorio que en su vida ha venido a Valdivia. Bueno, como esas experiencias, hay otras igualmente notables en Inglaterra, los Transition Towns, los pueblos de transición, que incluso tiene sus propios medios de pagos.
¿Cómo es eso?
-Generan sus propios medios de pagos, con su propio dinero, y ese dinero gira localmente. Todos los negocios locales compran y venden con ese dinero. Y ese dinero lo puedes convertir a moneda nacional si te vas a otra parte. Pero lo que significa es que todo lo que tú generas como excedente gira ahí mismo, y estimula ahí mismo la economía. O sea, genera un boom económico. Además no es dinero que puedas acumular con fines especulativos, porque tiene una duración limitada. O sea, es un dinero que tiene que estar activo. Esos son medios de pagos locales.
Para hacer eso, ¿cómo construimos con actores subalternos, actores sociales, alternativas que tengan posibilidades reales de disputar ese poder?
-He llegado a una conclusión hace mucho tiempo: tú no puedes confrontarlos, porque vas a perder el tiempo. Debes empezar a hacer acciones locales tú. Cuando fui candidato a la presidencia me preguntaban lo mismo, y yo decía “mire, imagínese que usted está en un potrero y a 100 metros suyo está un rinoceronte furioso, listo para atacar. Lo más estúpido que usted puede hacer es suponer que también es un rinoceronte y atacarlo, no le deja ni en polvo. Entonces, ¿cómo se puede derrotar a ese rinoceronte? La nube de mosquitos. Una nube de mosquitos puede volver loco al rinoceronte hasta que se cae al precipicio, y no puede matar a ningún mosquito, porque los mosquitos tienen dos atributos que son claves: Uno, que siempre permanecen juntos y, dos, que no hay ningún mosquito jefe, o sea, es una sociedad no descabezable. Entonces tú tienes que joder, joder y joder, ese es el rol de los movimientos sociales. Y mira como están surgiendo en España, los que están surgiendo en Inglaterra. En Inglaterra imagínate, ahora sale un sujeto de izquierda de frentón. En Estados Unidos ahora, el que está detrás de Hillary Clinton, el que está subiendo más, es un socialista químicamente puro de Vermont. Los movimientos sociales en Alemania, los Piratas. Entonces esos son los mosquitos, y esa es la única manera.
Para terminar, ¿qué está leyendo actualmente?
-Actualmente, los filósofos idealistas alemanes del siglo XVIII, especialmente a Schelling, que me ha vuelto a fascinar. Porque todo esto que ya hablamos, lo dijo él hace más de 200 años. Todo esto que es el romanticismo alemán es fascinante. Porque lo fascinante que surge en ese movimiento del este de Alemania, Leipzig, esas zonas maravillosas, es que en ese momento el ser humano descubre la naturaleza. La naturaleza es producto del romanticismo alemán. Fíjate, si tu analizas la pintura, toda la historia de la pintura, hasta ese momento la naturaleza era el telón de fondo de una persona y su retrato. Allí, por primera vez aparece una pintura de la naturaleza. Por Caspar Friedrich en Alemania, que después se extiende al resto de la pintura. En la literatura lo mismo. Más interesante todavía, recuerdo que mi gran amigo, el historiador Rafael Bernal, hizo un estudio a fondo de los cronista de la conquista de América, todos los cronistas de la conquista, siglo XVI. ¿Y sabes qué? Descubrió una cosa impresionante, no hay ningún cronista que describa la naturaleza. Cómo puedes entender tú, que alguien que viene de una zona semidesértica como Castilla o Andalucía, y de repente está frente al monte Chimborazo o al medio de la Amazonía no describa lo que ve. Lo único que describe es la fatiga, el dolor, la lucha, las dificultades, el enemigo, la batalla, pero el paisaje no existe. El paisaje y la naturaleza existen a partir del romanticismo y de la filosofía idealista, especialmente Schelling.

*Tomado de revista En Torno http://revistaentorno.cl/ magazine/12/

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#DobleMoral Correa afirmaba (2006) que entregar los campos maduros al capital extranjero es traici ón a la patria, él l o hace ahora

#DobleMoral

Rafael Correa afirmaba (2006) que entregar los campos maduros al capital extranjero es traición a la patria.

Correa (2015) concluye la entrega de los campos maduros, ahora AUCA a la empresa francesa Schlumberger.

Invito a oir el audio de Correa en el 2006:

https://www.youtube.com/watch?v=Gn3TmHMZVIk&feature=youtu.be&a …

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Buen Vivir, Degrowth and Ecological Swaraj: Alternatives to sustainable development and the Green Economy Ashish Kothari, Federico Demaria and Alberto Acosta

Buen Vivir, Degrowth and Ecological Swaraj:

Alternatives to sustainable development and the Green Economy

Ashish Kothari, Federico Demaria and Alberto Acosta

The attached article on radical alternatives to ‘green economy’ and
‘sustainable development’ may be of interest.

Link to article:
http://www.palgrave-journals.com/development/journal/v57/n3-4/full/dev201524a.html

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Ecuador: la construc ción de un nuevo mod elo de dominación, p or Raúl Zibechi

Ecuador: la construcción de un nuevo modelo de dominación

Raúl Zibechi

Viento Sur
7-7-2011

La política ecuatoriana muestra claros signos de esquizofrenia. El gobierno emplea un lenguaje revolucionario, en todos los discursos apela a la “Revolución Ciudadana”, pero los hacedores de ese proceso, los que con sus luchas desde el levantamiento del Inti Raymi de 1990 deslegitimaron el neoliberalismo e hicieron caer tres presidentes, son acusados de “infantiles” y de “terroristas”.
Los mismos dirigentes indígenas y sindicales que lucharon para que Rafael Correa llegara a la presidencia, sufren prisión y están sometidos a juicios. Más de 180 dirigentes indígenas han sido acusados de “terrorismo y sabotaje”, entre ellos el presidente de la CONAIE, Marlon Santi, y el de Ecuarunari, Delfín Tenesaca, quienes dirigen las dos más importantes organizaciones sociales del país.
Personalidades como Alberto Acosta, ex presidente de la Asamblea Constituyente y ex amigo personal de Correa, quien trabajó para incluir los conceptos de Buen Vivir (Sumak Kawsay) y los “derechos de la naturaleza” en la Constitución, son acusados de “traidores” por el presidente. Entrevistado por Ignacio Ramonet, Correa nunca se refirió como terroristas a los policías que, según su opinión, pretendían dar un “golpe de Estado” y atentar contra su vida. Aliado con empresarios tradicionales de la derecha, Correa reserva sus dardos más envenenados contra la izquierda, algo que no puede sonar a nuevo para quien conozca la historia del movimiento obrero y socialista.
En los últimos meses un repugnante olor a maccartismo, a estalinismo, ha comenzado a percibirse en algunos procesos de cambio. Alvaro García Linera, vicepresidente de Bolivia, dijo que el trotskismo “no es ultraizquierda sino es la ultraderecha camuflada. Peligroso. Algunos de esos dirigentes dirigen sindicatos, hablan de un discurso revolucionario para que regresen los de antes, los que agarrarán la wiphala, la quemarán y la pisarán, porque así ha sido la derecha”[1]. Al celebrar los 40 años de la Confederación Sindical de Comunidades Interculturales de Bolivia, exhortó a los dirigentes a desenmascarar a los traidores en los sindicatos y buscar la unidad en torno al liderazgo del presidente Evo Morales, en contra del trotskismo que “es la avanzada política de la extrema derecha” que en el pasado acabó con gobiernos populares como el de Juan José Torres y Hernán Siles Zuazo, para dar paso a Hugo Banzer y Víctor Paz Estenssoro[2].
En Ecuador el presidente Correa está convencido que la mayor amenaza para el “Socialismo del siglo XXI” viene de lo que denomina como la izquierda “infantil” y grupos ambientalistas e indígenas que, dice, rechazan la modernidad. Por eso critica al que dice “no al petróleo, a las minas, a no utilizar nuestros recursos no renovables. Eso es como un mendigo sentado en un saco de oro”[3]. Cuando la población amazónica de Dayuma realizó un paro y corte de carretera en noviembre de 2007, decretó el estado de emergencia, militarizó la región, sus habitantes fueron maltratados y varias decenas torturados. Correa habló en cadena nacional: “Tolerancia cero a todo el que quiera hacer paros y generar caos, anarquistas que están acostumbrados con los otros gobiernos a paralizar el desarrollo del país cuando les da la gana, los castigaremos con todo el rigor de la ley”. Se dirigió a las comunidades afectadas por la minería que se movilizan contra la entrega de sus territorios: “Las comunidades no son las que protestan sino un grupo de terroristas”[4].
Estos discursos encendidos contra los movimientos y las izquierdas escalan cuando se producen movilizaciones populares, como sucedió durante el reciente “gasolinazo” en Bolivia y cada vez que los indígenas deciden “levantamientos” en defensa de sus territorios, contra la minería y las petroleras. Atribuir la represión y el contenido ideológico de los discursos a características personales -suele decirse que Correa es apasionado y se “va de boca”- tiene escasa consistencia. La apuesta es indagar algunas características del régimen de la Revolución Ciudadana que permitan encontrar las razones de estas políticas de criminalización de los movimientos y alianza simultánea con las corporaciones multinacionales. A modo de hipótesis –porque la realidad nos impone cautela por su cercanía temporal– pero intentando ir más allá de la coyuntura, pretendo abordar tres aspectos centrales: la relación entre la hegemonía del capital financiero-extractivista y la imposición de un “estado de emergencia económico”, siguiendo el análisis que hace la economista brasileña Leda Paulani para su país; la hegemonía política de un sector que, llegado al gobierno, hace lo contrario de la misión que le fue encargada, para lo que utilizo el concepto de “hegemonía al revés” de Chico de Oliveira; y, por último, indagar acerca de la instalación de un nuevo modelo político, de la mano del economista ecuatoriano Pablo Dávalos.
Capital financiero y neo-extractivismo
El neoliberalismo aterrizó en nuestro continente latinoamericano aplicando una suerte de “estado de emergencia económico”, que con los gobiernos progresistas se ha convertido en permanente[5]. Leda Paulani se inspira en el conocido trabajo de Giorgio Agamben (Estado de excepción) y en particular en el momento en que Roosvelt, en 1933, exige un poder ilimitado ante las dificultades que generaba la crisis, haciendo un paralelismo entre la emergencia militar y la emergencia económica. En opinión de la economista, plenamente compartible, la restauración democrática en la década de 1980 fue posible bajo las premisas de la instalación de un estado de emergencia económico permanente, “haciendo de la excepción el paradigma de gobierno”[6].
Esa excepcionalidad permitió al gobierno de Fernando Henrique Cardoso hacer pasar el proceso de privatizaciones, algunas de ellas escandalosas, con la justificación de que la grave situación económica así lo imponía. Si no se privatiza –decía el discurso neoliberal– el país marchará a la catástrofe. La desregulación era una medida imprescindible si se pretendía “salvar” la economía, el mismo argumento que se utiliza cuando se pretende “salvar la nación” a punto de ser destruida por un enemigo exterior. Ya bajo el gobierno Lula se aplicaron las mismas lógicas para imponer un superávit primario superior al que exigía el FMI, el aumento de las tasas de intereses que perjudican al país y la reforma regresiva de las jubilaciones, entre las más destacadas. Concluye que “el gobierno Lula hizo de la creación voluntaria de ese estado de emergencia permanente la práctica esencial de su gobierno”[7]. Un ejemplo: cuando el presidente del Banco Central, Henrique Meirelles, fue acusado de corrupción, Lula hizo aprobar una Medida Provisoria, en agosto de 2004, para darle estatus de ministro y salvarlo así de cualquier imputación jurídica.
Finalmente, sostiene que la hegemonía del régimen de acumulación financiera, acumulación por desposesión en los términos de David Harvey, impone un estado de emergencia económica permanente porque con su cortoplacismo y su avidez de ganancias genera inestabilidad permamente. En ese sentido, la reforma previsional de Lula, que fracturó al PT con la salida entre otros de la senadora Heloisa Helena y la creación del PSOL, “abrió inmediatamente a la acumulación privada todo el inmenso territorio de la previsión social”, ofreciéndole a la especulación los altos salarios del sector público[8]. Hoy los fondos de pensiones son la principal herramienta que tiene el gobierno para influir en la economía, al punto que controlan una porción decisiva de las grandes empresas privadas y, por supuesto, las estatales.
En Ecuador, el “estado de emergencia económica” fue la gran excusa para imponer la dolarización, en enero de 2000, en medio de la mayor crisis económica y política que conociera el país, que se saldó con la caída del presidente Jamil Mahuad, la creación de parlamentos populares en las provincias y la “toma del poder” durante unas horas por una alianza de indígenas y militares. De ese modo el país perdió su soberanía monetaria. El dólar como nueva moneda nacional provocó un fuerte aumento de los precios, no logró detener el alza del costo de vida, generó dificultades para la inversión y sólo puede sostenerse por las remesas de los emigrantes y por alto precio del petróleo. Sin embargo, “la dolarización se convirtió en el debate prohibido durante el período de Alanza País”, según Pablo Dávalos[9]. Bajo el gobierno de Correa el tema no se discute, aunque se emiten discursos que hablan de “soberanía” y “revolución”. Los argumentos para no revertir la dolarización aseguran que generaría graves tensiones económicas y sociales, ya que las clases medias se han beneficiado multiplicando su capacidad de consumo.
La segunda cuestión se relaciona con la hegemonía del sector financiero-extractivo. El país sigue dependiendo de las exportaciones de petróleo, que representan el 60% del total y cerca de la mitad de los recursos fiscales. La contracara es que el desempleo y el subempleo alcanzan al 60% de la población económicamente activa. En 2008 el sector bancario y financiero tuvo las mayores ganancias de su historia, en medio de una fuerte concentración del sector, al punto que un solo grupo controlaba el 40% de los activos del país. En los cuatro años de Correa (2007-2010) “los procesos de concentración y centralización de capital de los grupos económicos jamás tuvieron contratiempos”, mientras los nueve mayores conglomerados empresariales representan el 15% del producto interno bruto[10].
Pero se han creado nuevos grupos como consecuencia de la gestión económica de Alianza País. Entre los diez grupos más importantes figura el del hermano de Rafael Correa, con activos de 300 millones de dólares, que ha sido defendido por el presidente aunque realizó de forma ilegal contratos con el Estado por 80 millones de dólares[11]. En vez de explicar en qué consistieron esos contratos ilegales, que Correa asegura mandó suspender, el presidente atacó al partido de izquierda Movimiento Popular Democrático que hizo la denuncia por ser “el mejor aliado de la derecha”. El sector financiero es intocable porque tiene capacidad de desestabilizar el país, algo que la Revolución Ciudadana quiere evitar. Ante esos límites el mejor camino está siendo la alianza con ese mismo capital.
La tercera cuestión en la que aparece el estado de emergencia económico como constricción, son las concesiones mineras que deben hacerse por “imperiosa necesidad” e imponiendo la militarización de aquellos territorios y comunidades que se resisten. Por eso el régimen ha encauzado como terroristas a casi 200 dirigentes sociales. Alberto Acosta lo dijo de forma transparente en un artículo en el que analiza la detención de varios dirigentes shuar. “El uso de la justicia como mecanismo de terror”, es el resultado de no haber legislado para adecuar el cuerpo legal a la nueva Constitución:
Los derechos establecidos en dicha Constitución no han sido transformados aún en herramientas legales que erradiquen todas aquellas prácticas represivas con las que se chantajea y siembra el terror en las comunidades, en este caso en las comunidades shuar. Tenemos un código penal en donde se configura el delito de terrorismo de manera tan general, que no se compadece con los verdaderos delitos de terrorismo. Así el artículo 160,1 del código penal se considera como terroristas a quienes ‘individualmente o formando asociaciones, (…) armados o no, pretextando fines patrióticos, sociales, económicos, políticos, religiosos, revolucionarios, reivindicatorios proselitistas, raciales, localistas, regionales, etc., cometieren delitos contra la seguridad común de las personas o de grupos humanos de cualquiera clase o de sus bienes:….y a quienes construyeran barricadas, parapetos, trincheras, obstáculos, etc., con el propósito de hacer frente a la fuerza pública en respaldo de sus intenciones, planes, tesis o proclamas’. [12]
El razonamiento parece claro. Quien se opone al desarrollo, personificado en este caso en las concesiones mineras, está atentando contra el Estado, la estabilidad y el futuro del país, por lo que merece ser considerado “terrorista”. Lo que se omite en este discurso son las razones por lass cuales las concesiones mineras son tan importantes para la estabilidad: la acumulación por desposesión, pese a lo desastrosa que pueda ser para los pueblos, asegura una mínima estabilidad fiscal a un Estado que depende de las exportaciones de petróleo y las concesiones mineras para recaudar. Porque el gobierno de la Revolución Ciudadana no ha promovido una reforma fiscal que obligue al sector financiero, por ejemplo, a tributar en forma responsable, mientras la dolarización arrasó con la escasa industria nacional.
Despolitizar y cooptar
Cuando el sociólogo brasileño Francisco de Oliveira –fundador del PT y luego del PSOL– acuñó el concepto de “hegemonía al revés”, hace ya cuatro años, estaba buscando respuestas para una realidad que lo desconcertaba porque encontraba pocas referencias en otras experiencias como las que encabezó la socialdemocracia en Europa. Dos años después, en un nuevo artículo titulado “El revés del revés”[13], confesó que había querido hacer una provocación a partir de conceptos de Gramsci para intentar comprender regímenes políticos como el Brasil de Lula y la Sudáfrica del Congreso Nacional Africano, que al llegar al poder practican políticas que son el revés del mandato de clase recibido en las urnas.
En “hegemonía al revés” constata que “cuando las clases dominadas toman la ‘dirección moral’ de la sociedad, la dominación burguesa se hace más descarada”[14]. Para explicar esa paradoja pone el foco en tres aspectos. El primero es la dilución del conflicto (desparecen los enemigos de clase, dice) como parte de un proceso que convierte la política partidaria en algo irrelevante en el capitalismo actual. En segundo lugar, las políticas sociales juegan un papel central en la cooptación y neutralización de los movimientos, ya que se despolitiza la cuestión de la pobreza y la desigualdad y se la convierte en un problema administrativo y técnico. La síntesis es que se puede reducir la pobreza sin tocar la desigualdad ni la brutal concentración de la riqueza que registra América Latina, si se adoptan los instrumentos adecuados para ello como el plan Bolsa Familia[15].
Esta doble combinación de políticas sociales y reducción del conflicto social, lubrican la profundización de la acumulación por desposesión, de modo que aquellos que interfieran en ese proceso, ya sean los que protestan contra la represa de Belo Monte en Brasil, contra la explotación de la Amazonia en Perú y Ecuador, son apartados a un lado como obstáculos al progreso. “Todo el que se opone al desarrollo del país es un terrorista”, dijo Correa en la cadena nacional del 1 de diciembre de 2007. Y aquí viene el tercer aspecto, corolario de los anteriores, que abre las puertas a una nueva comprensión de nuestras realidades:
En los términos de Marx y Engels, de la ecuación “fuerza+consentimiento” que conforma la hegemonía, desaparece el elemento “fuerza”. Y el consentimiento se transforma en su contrario: no son más los dominados los que consienten su propia explotación. Son los dominantes –los capitalistas y el capital- quienes consienten en ser políticamente conducidos por los dominados, a condición de que la “dirección moral” no cuestione la forma de explotación capitalista. Es una revolución epistemológica para la cual aún no tenemos la herramienta teórica adecuada. Nuestra herencia marxista gramsciana puede ser el punto de partida, pero ya no es el punto de llegada. [16]
Sabemos que en este punto las políticas sociales juegan un papel doble: al aliviar la pobreza muestran a los de abajo que el gobierno está realmente preocupado por su situación y facilitan el consenso social para profundizar la acumulación financiera. De algún modo los gobiernos progresistas, y en particular el de Correa, siguen adelante con las políticas diseñadas en los 90 por el Banco Mundial, aunque las han expandido y ahora las utilizan para crear una base social propia, pero desmovilizada y de carácter clientelar[17]. En Brasil, la nueva arquitectura reposaba en efecto en políticas como Bolsa Familia y, esto es lo novedoso, en el ascenso de un nuevo actor social que son los dirigentes sindicales (en particular del sector bancario) devenidos en administradores de los fondos de pensiones que son el locus de la más consistente acumulación de capital en Brasil al manejar alrededor del 16% del PIB de Brasil.
Un ejemplo para que no quede como algo abstracto. Previ es el fondo de pensiones del Banco do Brasil, que ocupa el lugar 25 en el ranking de fondos del mundo. Durante el gobierno Lula Pervi fue presidida por Sergio Rosa, ex dirigente bancario y del PT. Previ controla 78 empresas brasileñas, entre ellas Vale do Rio Doce, la segunda minera del mundo, la mayor empresa privada de Brasil (privatizada por Fernando Enrique Cardoso en 1997) y la mayor productora de mineral de hierro del planeta. Tiene 115 mil empleados, su valor de mercado es de 170 mil millones de dólares y en 2009 tuvo ganancias de 20 mil millones de dólares[18]. Los “sindicalistas” que dirigen Previ controlan el Consejo de Administración de Vale, donde personas como Sergio Rosa deciden quién lo integra así como las inversiones que les conviene realizar.
En Ecuador es diferente. La nueva elite dirigente, todo proceso la necesita, no proviene de los cuadros de algunos sindicatos como en Brasil sino de un conjunto de profesionales incrustados en el aparato estatal. Apenas llegado al gobierno, Correa procedió a una “descorporativización” del Estado[19]. Se procedió a un masivo desalojo de sectores empresariales que tenían un fuerte control del aparato estatal. Pero las cosas no quedaron ahí. Uno de los principales blancos de la cruzada anti-corporativa de Correa fueron los sindicatos de trabajadores del sector público, buscando impedir la agremiación de ese sector y permitiendo contratos colectivos sólo por empresa. El conflicto más fuerte fue con los docentes, que para el gobierno son “mafias que mantienen secuestrada la educación y protegen la mediocridad”, al punto que se culpa a los sindicatos docentes de la mala calidad de la enseñanza[20].
El otro gran conflicto es con los indígenas. En febrero de 2009 el gobierno suprimió la autonomía de la Dirección Nacional de Educación Bilingüe y centralizó los nombramientos y decisiones en el ministerio de educación, desplazando el papel que venían jugando las organizaciones indígenas. Lo mismo hizo en todas las instituciones donde la CONAIE y otras organizaciones tenían alguna presencia. La idea que guía este accionar es que “los grupos regulados por el Estado no deben participar directamente ni en el diseño ni en la aplicación de la regulación”[21]. Más aún: en marzo de 2008 modificó el reglamento que regula las organizaciones sociales, destacando que serán causales de disolución “incumplir o desviar los fines para los cuales fue constituida la organización” y “comprometer la seguridad o los intereses del Estado, tal como contravenir reiteradamente las disposiciones emanadas de los ministerios u organismos de control y regulación”.
En suma, control de las organizaciones sociales y expulsión del aparato estatal. Pero la Revolución Ciudadana fija un nuevo mecanismo de participación, ya no anclado en los movimientos que eligen a sus representantes para participar en determinadas instituciones, sin en base a la selección de ciudadanos por concurso de méritos. Como el discusro oficial dice que el Estado es de todos, se apela al ciudadano individual no organizado para ocupar esos espacios. El Estado se cierra a los sectores organizados (porque son portadores de corporativismo y por lo tanto de ineficiencia y corrupción) y en su lugar elige, o coopta, a personas por goteo sin que tengan la menor representatividad social y política. Quienes los eligen conforman la alianza de funcionarios y tecnócratas que sustenta la Revolución CIudadana. El investigador Pablo Ospina concluye: “El gobierno ciudadano parece querer sustentarse en el puñado de intelectuales que forman su núcleo dirigente. Un núcleo cada vez más dependiente del liderazgo, la autoridad y el apoyo electoral de la intelectual y académica figura del Presidente de la República”[22].
Un nuevo modelo de dominación
El retorno del Estado, la nueva centralidad del Estado, depurado ahora de movimientos sociales, deja paso a una gubernamentalidad centrada en la figura del presidente/caudillo, dueño del poder y del saber, que cataloga como ”enemigo público” a todo aquel que se le enfrente o disienta. ¿Qué lleva a estos nuevos regímenes, que Dávalos designa como “posneoliberales”[23], a colocar en lugar destacado de su agenda la construcción de un Estado fuerte? “Asegurar la seguridad jurídica y la convergencia normativa”[24]. Disentir, cuestionar, provoca inseguridad jurídica, lo que perjudica la inversión extranjera y el empleo, y lleva al país a un nuevo “estado de emergencia económica”.
Es el estado el que concesiona territorios para la minería o las obras de la infraestructura para la integración sudamericana, por lo tanto la resistencia no se enfrenta con las multinacionales sino directamente con el aparato estatal. Aparece también una trampa legal. La Constitución puede hablar del Buen Vivir y de los “derechos de la naturaleza”, pero eso nunca se hace ley, ni código, en tanto se aprueban leyes que entregan el agua o los territorios a la especulación multinacional. La más avanzada Constitución del mundo queda diluida porque sus declaraciones no se convierten en resoluciones ni, remotamente, en acciones públicas.
Un Estado fuerte para garantizar la seguridad jurídica de las inversiones, básicamente mineras. David Harvey nos explica en qué consiste la acumulación por desposesión[25]. Pero no explica qué tipo de Estado es necesario en países del Sur donde los movimientos han crecido hasta convertirse en amenaza para la acumulación. Lo vamos descubriendo sobre la marcha. Y lo primero que descubrimos es que mientras en la primera fase del neoliberalismo era el mercado el que orientaba la acumulación por desposesión, ahora esa tarea le incumbe al Estado, sea conservador, progresistas o partidario del “Socialismo del siglo XXI”.
Si la financierización del sistema puso fin al Estado benefactor, en el Sur la acumulación por desposesión frena y revierte el proceso de desarrollo por sustitución de importaciones. Más allá del color político de quienes administran el aparato estatal, son los megaemprendimientos mineros, los monocultivos y la explotación de los hidrocarburos lo que devuelve centralidad Estado. Pero no cualquier Estado, ni cualquier centralidad, sino aquella capaz de convertir a los movimientos en terroristas. O, en el menos agraviante de los casos (Lula, Mujica, Kirchner…), en obstáculos al progreso. En cualquier caso, enemigos a derrotar.
No solo. También un Estado capaz de controlar e integrar, de infiltrar la sociedad y sus organizaciones autónomas, un “Estado capilar” complemento del “Estado fuerte”. El gobierno ecuatoriano creó el Registro Único de Organizaciones de la Sociedad Civil (RUOSC), vinculado al registro impositivo. El registro obliga a todas las organizaciones a inscribirse de modo que el régimen tiene ahora información detallada y ha sido capaz de advertir a dirigentes campesinos e indígenas por no haber pagado los impuestos de sus organizaciones[26].
El registro está bajo la Secretaría de Pueblos, Movimientos Sociales y Participación Ciudadana, un ministerio que nunca pidieron los movimientos y que se vuelve contra ellos, que según la directora del Registro le permite “saber dónde está la organización, a qué se dedica, para que participe en los programas y proyectos que le ofrece el RUOSC”[27]. A nivel local, el objetivo de la Secretaría es utilizar el registro para que “los gobiernos descentralizados puedan dirigir su accionar a las diferentes organizaciones en el ámbito social, económico, productivo”, lo que pasa por ir parroquia por parroquia, barrio por barrio para “ayudar” a las organizaciones de base[28].
La última frase de De Oliveira en “El revés del revés”, destila todo el pesimismo y la rabia contenida por alguien toda su vida apostó por la izquierda: “Lula es una regresión política”[29]. No es fácil estar de acuerdo con su diagnóstico. Desde el punto de vista de las relaciones interestatales, el gobierno Lula ha sido un paso hacia el multilateralismo al impulsar a Brasil como potencia global y regional. Sin embargo, desde el punto de vista de los movimientos sociales y la lucha por la emancipación, nadie puede decir que haya habido avances. Por el contrario, los movimientos se han debilitado en todos los países que cuentan con gobiernos progresistas y de izquierda, con la excepción de Bolivia. Más aún: a la luz del debate que está promoviendo la revuelta árabe en América Latina, la sentencia de De Oliveira debe ser tenida en cuenta con el mayor rigor.

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Venezuela Comentarios al balance electoral de un funcionario que culpa al pueblo “desagradecido” por la derrota

Comentarios al balance electoral de un funcionario que culpa al pueblo “desagradecido” por la derrota

Gonzalo Gomez Freire (fundador de aporrea y dirigente de Marea Socialista)

http://www.aporrea.org/ideologia/a218577.html

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LÍMITES Y CRISIS DEL CORREÍSMO EN ECUADO R Entrevista a Albe rto Acosta por Massi mo Modonesi

¿FIN DE CICLO DE LOS GOBIERNOS PROGRESISTA EN AMÉRICA LATINA?

LÍMITES Y CRISIS DEL CORREÍSMO EN ECUADOR

Entrevista a Alberto Acosta por Massimo Modonesi

¿FIN DE CICLO DE LOS GOBIERNOS PROGRESISTA EN AMÉRICA LATINA? | Revista Memoria

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¿FIN DE CICLO DE LOS GOBIERNOS PROGRESISTA E…LÍMITES Y CRISIS DEL CORREÍSMO EN ECUADOR Por Massimo Modonesi
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LECTURA RECOMENDADA: Colonialismo “simpá tico” y las contradi cciones de nuestros progresismos, por Ed uardo GudynaS

Debates en torno al extractivismo
Colonialismo “simpático” y las contradicciones de nuestros progresismos

Eduardo Gudynas
Rebelión
http://www.rebelion.org/noticia.php?id=205790

Semanas atrás compartí unas reflexiones sobre cómo hay gobiernos e intelectuales progresistas que toman algunas ideas propias de la izquierda global, y aprovechan sus limitaciones o las deforman. Sería un “colonialismo simpático” porque les permite mantener una retórica de izquierda mientras dejan en segundo plano sus contradicciones (1).

Se presentó como ejemplo los usos de ciertos conceptos del geógrafo británico David Harvey, muy promovidos en Ecuador, Bolivia y otros países sudamericanos. Mi preocupación no estaba centrada en la persona, sino en cómo utilizan sus ideas los progresismos sudamericanos. Es un autor muy conocido por sus críticas al capitalismo, pero los progresismos aprovechan algunas limitaciones en sus conceptos para legitimarse.

Se destacaron cuatro problemas destacados. El primero es el alto nivel de abstracción, enfocado criticar al capitalismo globalizado, lo que permite esquivar las contradicciones locales bajo nuestros gobiernos. El segundo es una minimización de la dimensión ecológica local, que es aprovechada para cuestionar al capitalismo pero tolerando la destrucción de la propia Naturaleza. La tercera es la limitada atención a las ideas indígenas, lo que permite decirse anticapitalista mientras se alejan de esas cosmovisiones y hostigan a sus organizaciones. Finalmente, las alternativas al capitalismo son acotadas al enfocarse en el valor de uso sobre valores de cambio, lo que no tiene nada de malo pero es insuficiente, ya que nos deja sin mucho lugar para los derechos de la Naturaleza.

Mi nota despertó unas cuantas respuestas. Agradezco esos aportes al ser muy útiles para mejorar mis argumentos (2). De todos modos creo necesarias algunas precisiones.

En primer lugar, me cuestionaron que señalara que el concepto de Harvey de “acumulación por desposesión” en “sus ideas básicas no es una novedad”. Esto es bastante sorpresivo y pido al lector un poco de paciencia con los detalles. Es que el propio Harvey reconoce que está basado en la idea de Marx de la acumulación primitiva u originaria, y propuso un nuevo término no tanto por diferencias sustanciales sino porque no es ni “primitiva”, ni “originaria”, sino que está actualmente en marcha (3). Harvey dice que se deben “sustituir” aquellos términos de Marx por el vocablo desposesión.

Hay unos cuantos autores que plantean posiciones similares a las de mi artículo. Por ejemplo, Giovanni Arrighi (junto a N. Aschoff y B. Scully), al abordar la situación en Africa del Sur, señalaron que la “acumulación por desposesión” de Harvey es en buena medida un “sinónimo” con el concepto de Marx, y agregan que los procesos a los que se refieren los dos conceptos son los mismos (4). Entonces mis dichos no son muy originales y no deberían llamar a sorpresa.

También entiendo que todos aceptamos que hay una larga lista de autores y militantes latinoamericanos que han denunciado las prácticas predatorias de apropiación de los recursos naturales de América Latina, de la usurpación de sus tierras y sus vidas, y de imponerles condiciones de opresión. Esas son las problemática a las que alude la “acumulación por desposesión”, y no tiene nada de malo reivindicar y privilegiar esos aportes desde nuestro sur (5).

En segundo lugar, el problema del “colonialismo simpático” no es un ataque a Harvey, ni tampoco implica un rechazo a todos los autores del norte, una negación del marxismo o cosas por el estilo. En cambio, mi interés era señalar los usos deformados de ideas del norte académico cuando son aprovechadas por los progresismos del sur para legitimarse. Mi artículo original dice: “No estamos frente a un problema con Harvey, sino ante una limitación en nosotros mismos, latinoamericanos.”

A pesar de todas esas advertencias pasó lo que tenía que pasar: recibí críticas donde insisten en que el foco estaba en cuestionar a Harvey. Y con ello queda por detrás, otra vez, el desempeño de los progresismos. Nuevamente estamos frente a un clásico problema de “comprensión lectora”, donde uno dice “A”, pero recibe críticas como si hubiera dicho “Z”. Señalo esta dinámica porque es muy propia de posturas dogmáticas, y es usada tanto desde tiendas neoliberales como desde el progresismo fanático. Entonces regreso a los dichos de mi artículo: “insisto en que muchas de sus tesis (de Harvey) son compartibles al ofrecer un valioso instrumental para entender el capitalismo global”. Si queda alguna duda, ahora agrego que no tengo ningún interés en un enfrentamiento personalizado.

En tercer lugar, ahora sí podemos abordar mi preocupación: el aprovecharse de las insuficiencias o limitaciones de las ideas de Harvey, como las de otros autores (por ejemplo Toni Negri), para entender la actual América Latina. En esto, el cuestionamiento más duro vino desde un centro de investigación sobre temas de territorio (CENEDET), dentro del Instituto de Altos Estudios Nacionales (IAEN), en Quito (6).

Ellos entienden que mi nota fue una crítica a Harvey, pero una buena parte de su reacción no se enfoca en el problema central de mi artículo, o sea, en cómo los progresismos usan algunas ideas para construir discursos anticapitalistas sin asumir las propias contradicciones ni intentar cambiarlas. Apuntan, en cambio, en defender a Harvey. Aunque tienen esa intensión, su argumento principal no descansa tanto en las cualidades de las ideas de Harvey, sino en denunciar que las posiciones sobre los extractivismos están equivocadas en general (y asumo que sobre todo mis aportes en particular), y que incluso son parte de una mirada burguesa. Sorpresivamente se mezcla en el debate el papel de los “extractivismos”, tales como la explotación minera, petrolera o agrícola, en grandes volúmenes que serán exportados.
Les propongo analizar la cuestión con calma y en dos pasos. El primero es asumir, por un minuto, que los cuestionamientos desde el CENEDET-IAEN acertaron y que todo lo dicho sobre los extractivismos, por ejemplo las alertas ante la megaminería o la explotación petrolera en la Amazonia, son una enorme equivocación o fruto del pensamiento burgués. Si ese fuese el caso, ¿esto convierte al uso que hace ese grupo de las ideas de Harvey en una verdad? ¿Eso convierte a la megaminería en una estrategia anticapitalista? Ciertamente que no. Estamos hablando de cuestiones muy distintas, la acumulación por desposesión y los extractivismos. Son muy diferentes en sus contenidos, propósitos, alcances y marcos conceptuales.

Claramente estamos frente a un error metodológico que se ha vuelto muy común, donde se intenta anular una perspectiva, sin analizarla en sí misma, sino que se critican cuestiones colaterales. Es el mismo error que ocurre cuando las advertencias y alertas sobre los extractivismos no son sopesadas en sí mismas, sino que son tildadas de ser expresiones conservadoras, burguesas o infantiles.

El segundo paso consiste en examinar la validez o rigurosidad de los cuestionamientos de CENEDET-IAEN. Apelaré a un par de ejemplos. Comencemos por el primero. CENEDET-IAEN afirma muy enfáticamente que en mi artículo original digo que el “concepto de valor de uso no tiene aplicación en América Latina”. En ningún lugar de mi artículo se dice eso. Otra vez aparece ese problema de la comprensión lectora.

Lo que en realidad dice mi texto es que las alternativas que desandan la primacía del valor de cambio (como ocurre con la economía financiarizada), hacia los valores de uso, tienen limitaciones. Una vez más aclaro: no es que eso esté mal, y por cierto son aportes muy importantes y necesarios, pero son insuficientes. Eso se debe a que en América Latina hay reflexiones y prácticas ciudadanas que van más allá del valor de uso y de cambio, y entre ellas se destaca al reconocimiento de los derechos de la Naturaleza en Ecuador. Si no se reconocen esas otras pluralidades de valoración, notables avances como los derechos de la Naturaleza incluidos en la Constitución de Ecuador, quedan relegados.

Entiendo que la formulación del asunto sobre los valores, tal como lo hace el CENEDET-IAEN, mostraría que no logran ver o jerarquizar la importancia de valores que no son antropocéntricos, como los derechos de la Naturaleza. Y eso puede ser entendible; no todo el mundo está obligado a aceptar los derechos de la Naturaleza. Pero la cuestión sobre la que llamaba la atención es que poder saltearse esos derechos es algo muy apetecible para los progresismos que quieran, por ejemplo promover la megaminería o la explotación petrolera en zonas de alta biodiversidad. Esa es una de las razones por las cuales los progresismos aprovechan esa limitación o debilidad en ese tipo de perspectivas. Y ese era justamente el punto central de mi artículo.

El segundo asunto son los cuestionamientos contra las alertas sobre los extractivismos. Precisemos que un análisis de los extractivismos es esencialmente una crítica a las raíces de modos de desarrollo incompatibles con la justicia social, ambiental y ecológica. En esas advertencias participan muchos académicos y militantes sobre todo sudamericanos. Se abordan muchas dimensiones, de donde sostener que no se atienden las dinámicas globales o el papel del capital tan sólo revela que no se ha leído, o si se leyó fue de manera muy superficial (7). Como ese no ese no el asunto central, basta con indicar que, al menos en mi caso, esas cuestiones ocupan al menos tres capítulos en mi reciente libro “Extractivismos” (8).

En cambio, el equipo del CENEDET-IAEN afirma que un abordaje basado en Harvey es superior al vincular lo local con lo global. Ofrecen como ejemplo el despojo violento de indígenas amazónicos debido a la sobreacumulación de capital en China. Eso está muy bien, puede ser muy útil. Pero es insuficiente, y eso era parte del problema central abordado en mi nota.

La insuficiencia se debe a que entre la Amazonia y Pekín existe un amplio abanico de actores y acciones intermedias. En el despojo también actúan, por ejemplo, nuestros Estados, los gobiernos centrales y municipales, grupos empresariales nacionales, académicos criollos, y muchos más. Hay veces en que los gobiernos progresistas se convierten en uno de los principales factores de la desposesión (siguiendo la terminología de Harvey). Y esa problemática se minimiza bajo la perspectiva que preconiza CENEDET-IAEN.

Me pregunto si, por ejemplo, ¿los cambios normativos para abrir las áreas protegidas a las petroleras o la criminalización de la resistencia indígena, se deben a las necesidades de acumulación de capital de China o Estados Unidos, o no responden también a dinámicas dentro del propio país? Cuestiones recientes, como la clausura de una ONG para que no interfiera con concesiones petroleras en un país, o el megaplan de apoyo financiero de más de 3 500 millones de dólares que otro país otorgará a la exploración de hidrocarburos, ¿fueron decididas en Pekín?

Claro que es importante analizar el papel de Pekín o de Wall Street, pero no alcanza. Y ese era el punto de mi artículo. Esas cuestiones locales y nacionales quedan relegadas bajo el tipo de perspectiva propuesta por el CENEDET-IAEN. Precisamente por esos motivos ese tipo de miradas son alentadas por los progresismos, ya que así esquivan la urticaria de sus propias contradicciones. Paradojalmente la crítica desde el equipo de CENEDET-IAEN deja toda esa limitación en cristalina evidencia.

A mi modo de ver, revelar y discutir esas contradicciones son hoy la cuestión más urgente. Por todas estas razones insisto en que es necesario romper ese tipo de colonialidades y construir una mirada crítica latinoamericana bajo una izquierda independiente, la que siempre debe atender las reales situaciones nacionales y locales (crítica enraizada), considerar las implicancias para nuestras Naturalezas (crítica ecológica), que dialogue y aprenda de los pueblos originarios (critica intercultural), para desde allí promover vías de salida a las variedades de desarrollo (crítica a la Modernidad).

Notas
(1) La necesidad de romper con un “colonialismo simpático”, por Eduardo Gudynas. Rebelión 30 setiembre 2015. El texto se basa a su vez en artículos publicados en Animal Político, La Razón (Bolivia) y Plan V (Ecuador).
(2) Como ejemplo, estoy agradecido a Tania Herrera, coincido con muchos de sus puntos, mientras que otros sirvieron para pulir mis posicions. Espíritu crítico universal y alternativas locales: sobre la polémica Gudynas – Harvey. La Mula (Perú), 19 octubre.
(3) “El “nuevo” imperialismo: acumulación por desposesión”, por D. Harvey, Socialist Register, 2004.
(4) “Accumulation by Dispossession and Its Limits: The Southern Africa Paradigm Revisited”, por G. Arrighi, N. Aschoff y B. Scully. St Comp Int Dev 45: 410-438, 2010.
(5) Malfred Gerig está muy en desacuerdo con mi señalamiento de la directa analogía entre la acumulación original de Marx y la desposesiva de Harvey, pero como se explicó arriba esa “sustitución” de palabras es reconocida por el propio Harvey. En cuanto a su otra crítica, la de una “decolonialidad naif”, me parece que es abrumadora la evidencia de las trabas, barreras y segregaciones que se hace en el mundo académico sobre los saberes del sur. Y no deja de ser llamativo que se me acuse de “ingenuidad” sobre la colonialidad del saber apelando justamente a un término derivado del francés. Cf. “La disputa por los conceptos adecuados: ¿Colonialismo simpático o decolonialidad naif?”, Rebelión, 20 octubre 2015.
(6) “Ni colonialistas, ni simpáticos: una respuesta a Eduardo Gudynas”, por E. Martínez, V. Morales, C. Simbaña, J. Wilson, N. Fernández, T. Purcell y J. Rayner, Rebelión, 16 octubre 2015.
(7) Aprovecho para comentar otro cuestionamiento, en este caso de L. Gallardo, una estudiante en la Universidad de Barcelona. Ella señala lo que serían ausencias en mi abordaje y brinda una lista de reclamos. Sin embargo, casi todos sus puntos en realidad han sido tratados en los estudios sobre extractivismos. Por ejemplo, reclama entender la función social de la renta, discernir el papel de la derecha y del empresariado (nacional y transnacional), o la configuración y organización (del agro dice ella, pero yo agregaría a otros sectores). Como todo eso ha sido considerado en los estudios sobre extractivismos, su crítica mostraría que no está al tanto de los debates aquí en el sur. Pero además, muchas de las evaluaciones que ella presenta, son muy cercanas, y en algunos casos casi iguales, a las conclusiones de la literatura extractivista. O sea que se cae en la paradoja de criticar una aproximación que en varios casos hace apreciaciones similares. Hay, de todos modos, una diferencia básica explícita: Gallardo afirma que pensar desde la economía es el “único lugar para la viabilidad de cualquier proyecto político”, una idea común entre unos cuantos progresistas. Esta es una afirmación que estimo difícil de sostener (¿el único? ¿la viabilidad política es sólo económica?, etc.).Cf. “¿Puede Gudynas salvarse del colonialismo simpático?”, La Línea de Fuego (Ecuador), 5 noviembre 2015.
(8) “Extractivismos. Ecología, economía y política de un modo de entender el desarrollo y la Naturaleza”, por E. Gudynas. 1a edición CEDIB y CLAES (Bolivia), 2a edición RedGE, CooperAcción y PDTG (Perú). 2015.
Distintas versiones de estas ideas se adelantaron en artículos en Animal Político de La Razón (Bolivia) y en Plan V (Ecuador), está versión fue redactada en exclusiva para Rebelión. El autor es investigador en el Centro Latino Americano de Ecología Social (CLAES); twitter: @EGudynas

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